Brown mostró signos de recuperación de lo que fue su trayecto en la fase de grupos. Ayer el mediocampo manejó los hilos del juego desde el pitazo inicial con Esteban Cabrera, Javier Runque y Oscar Ramírez como estandartes.
Precisamente fue Cabrera quien filtró el esférico para la aparición solitaria de Martín Pérez, aunque el delantero desperdició al disparar sobre la humanidad del arquero. Fue la primera de riesgo a los 13’.
En la vereda de enfrente, la escuadra de Santo Pipó apostó a la pelota parada. Marcelo López fue el encargado de darle rienda suelta a los centros, todos peligrosos. También se destacó la labor de Facundo Cabrera y el siempre vigente Richard Núñez, aunque no con el peso suficiente para desnivelar la balanza.
Pisando los 16’ llegó la apertura del marcador. Runque peinó un centro y fue Juan Pablo Rodríguez el que apareció por el segundo palo, convirtiendo de cabeza y a placer.
El efecto del mazazo recién pudo desvanecerse a los 9’ del complemento con la expulsión de Juan Carlos Balanda (doble amarilla). Recién en ese momento Sporting se animó a inyectar ambición a sus aspiraciones.
Así llegó la más clara a los 25’; desde el sector derecho se gestaron dos paredes a un toque y un pase quirúrgico dejó solo a Núñez, que la ‘pinchó’ ante la salida de Molina; para lamento de la visita la pelota se estrelló en el travesaño en una caída eterna.
El bache se hizo presente nuevamente con la roja de Germán Alegre. Diez contra diez fue la fórmula para sentenciar cualquier tipo de juego placentero a los ojos. El roce y la fricción ganaron terreno en los minutos finales.
La revancha se jugará el próximo fin de semana en Santo Pipó. Por ahora es Brown el que abrochó medio pasaje a semis.
Fuente: El Territorio.





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