De la alegría a la preocupación. El anuncio del alejamiento de la gerenciadora como soporte económico de Guaraní enciende una luz de alerta inevitable que, a su vez, se transforma en una bomba de tiempo para los integrantes de un plantel con muchas figuras pero que aún no pudo ganar.
Sin duda, el portazo adelantado de Roberto Enriquez abre un panorama gris para el futuro, ya que los logros deportivos de los últimos tiempos fueron alcanzados dentro de la cancha pero abrazados a la seguridad o el respaldo económico que encabezó el empresario de la construcción.
Su discurso de retirada por “cuestiones personales” es entendible, pero genera cierta impotencia en los seguidores de La Franja, que se habían ilusionado con proyectos serios de crecimiento deportivo e institucional pronunciados en la presentación del nuevo plantel.
La rebelión del público franjeado manifestada de inmediato ante la idea de trasladar el estadio fuera de Villa Sarita caló hondo en el “supuesto plan de progreso” y llevó a Enríquez a un límite inesperado y quizá inoportuno.
El próximo sábado Guaraní recibirá a Boca Unidos en Villa Sarita y allí se verá el verdadero sentimiento del hincha, que lejos de entender los momentos personales lanzará su veredicto emocional, agradeciendo lo hecho hasta el momento o repudiando lo que muchos consideran una “salida fácil” ante la resistencia de los socios frente a la idea de mudarse para crecer.
Si bien Enríquez aclaró que los fondos están garantizados hasta fin de año, los cimientos económicos de la Franja se llenarán de grietas y será clave la gestión de la comisión directiva del club -hoy encabezada por Juan Nazer- elaborando un plan de emergencia y mediando para que esta situación crítica no llegue al ánimo del plantel, lo que sería muy peligroso más allá de que en este torneo no haya descensos.
La pregunta es simple: ¿puede un club como Guaraní sostenerse sin el respaldo de una gerenciadora? Quizá sí, pero hay más dudas que certezas.
Se aproximan tres meses de turbulencia, a fin de año se cierra el grifo y los dirigentes franjeados necesitan conquistar a un nuevo padrino, privado o del Estado, alguien que ayude a mantener lo que se logró deportivamente en los últimos años.
Si los resultados acompañan en la cancha, todo será más fácil. Pero si las victorias no llegan, la presión puede jugar en contra del equipo y de la institución.
Fuente: Primera Edición.




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