El paso de Crucero del Norte por la B Nacional

El paso de Crucero del Norte por la B Nacional

Postal repetida. Julio Koropeski recibió un sinfín de abrazos. Crucero será el equipo más joven en jugar en Primera (Foto: Sixto Fariña)

Con el de San Francisco, Crucero del Norte llegará a los 100 partidos en la B Nacional. Fueron 99 obstáculos que el Colectivero debió sortear, no sin tropiezos, para llegar al ansiado ascenso a Primera División.

El 13 de agosto de 2012, hace casi dos años y medio, Crucero ponía en marcha su sueño de jugar en la segunda categoría del fútbol argentino. Era mucho en tan poco tiempo.
En ese momento, hay que decirlo, no estaba en la cabeza de nadie -ni en la del propio Julio Koropeski- pensar en pelear el ascenso y llegar a la A.
Tener la chance de enfrentar a rivales de la envergadura de Atlético Tucumán, Instituto, Ferro, Gimnasia de Jujuy, Banfield, Gimnasia La Plata y Rosario Central ya era demasiado para una club tan ‘pendex’ en la elite.
Como era de esperarse, y luego de disfrutar un dulce inicio (apenas perdió uno de los primeros ocho partidos), el Colectivero comenzó a pagar derecho de piso. Dentro y fuera de la cancha.
En el verde césped, un lapidario 0-5 en La Plata ante el Lobo lo devolvió a la realidad. Y afuera, sus pedidos tenían poco eco en los escritorios.
Pedro Dechat, el DT más ganador del club, no tuvo otra que irse luego de tres derrotas en serie y un equipo que no reaccionaba. Y su reemplazante, Iván Delfino, tuvo que esperar nueve partidos para lograr su primer éxito.
En esa primera y dura experiencia nacional, el Colectivero soportó muchos dolores de cabeza y disfrutó pocos momentos de alegría. Y fue Pinti Álvarez, ese gordito atrevido con hambre de gloria, el que con sus valiosas conquistas (con 17 gritos fue uno de los principales goleadores del campeonato) dejó a Crucero en la categoría.
Con un equipo un poco más asentado y curtido en la divisional de ascenso, Koropeski entendió que los partidos se ganan en la cancha. Y para ello, más allá de un goleador de raza, es necesario conformar un buen plantel y un buen grupo.
Puso manos a la obra y contrató a varios futbolistas con pasado en Primera División, que indiscutiblemente le dieron al club ese salto de categoría que hacía falta. Con Caffa, Pérez, Fileppi, Bruno, Calgaro, Torres y Cólzera se armó una interesante base, que se potenció con el correr de las fechas y los buenos resultados que aparecieron en el segundo torneo.
Si bien Banfield y Defensa y Justicia sacaron ventajas respecto al resto, Crucero le peleó palmo a palmo el tercer ascenso nada menos que a Independiente. Después, entre las palabras de Koropeski (“aún nos falta maduración” para jugar en Primera) y las tres derrotas consecutivas ante Patronato, Brown de Adrogué y Boca Unidos, la chance se esfumó súbitamente.
De todos modos, Crucero cerró una buena campaña y, definitivamente, se hizo conocido a nivel nacional. Pero lo mejor estaba por venir. Con 80 partidos sobre las espaldas, el tercer año en la B Nacional era una buena ocasión para pensar en grande. Y conocida la noticia de que ahora serían 10 ascensos (cinco por zona) en vez de dos o tres, las ambiciones no tardaron en duplicarse.
Una extraordinaria primera ronda (19 puntos) le dio al Colectivero ese empujoncito que necesitaba. Después sólo necesitó administrar la diferencia que había conseguido, aprovechar la vertiginosa caída de Atlético Tucumán y conservar alguna de las cinco ubicaciones de privilegio.
Por suerte no hubo que esperar hasta el último partido, algo que hubiera sido tal vez un calvario.
En su último partido como local en Santa Inés, tanto esfuerzo previo valió la pena.
Como si fuera un guiño del destino, y antes de llegar a su 100º partido en la divisional, Crucero desató los festejos más esperados.
Pasó el primerizo Torneo del Interior, el interminable Argentino B, el sufrido Argentino A y el emocionante Nacional B.
Ahora, en Primera División, y más que nunca, llegó el momento de disfrutar.

Fuente: El Territorio.

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