
Los hinchas de River se hicieron sentir en la previa, copando los alrededores del estadio de Sarmiento. También hubo micros que llegaron de Misiones (Foto: Facundo Correa, El Territorio)
El alboroto que causó River llevó a vallar el hotel en el cual se hospedó, en el centro de la capital chaqueña, y cuyos simpatizantes hicieron vigilia hasta la partida al estadio.
Ya en las adyacencias a la cancha, el público imaginó lo que podía suceder. Como los niños correntinos –un grupo de cuatro- acompañados del primo mayor que los iba a llevar a la popular rural. Las entradas consiguieron a un valor de 800 cada una porque “demoraron en comprar”. A pesar de ello, los chicos aventuraron con algún movimiento de Mora, Pisculichi o Alario, más allá de que jugaran o no. Luego uno de ellos remató en la conversación: “Te van a preguntar si sos de River, nada más”, en referencia al momento de ingresar.
A metros del ingreso a la popular, estaban sentados sobre el cemento Félix Viera y su esposa Videlvina, ambos de Posadas. Mientras degustaban la tradicional chipa, confiaron que llegaron por sus medios y que siempre van a verlo a Crucero. Consultada sobre qué equipo ganaría, la mujer se excusó: “De chiquita era de River, pero ahora soy socia de Crucero”. A su turno, Félix completó: “Crucero anda mal”.
Mientras los hinchas aguardaban para ingresar, sonaron los clásicos “Boca no existís” y “El que no salta abandonó”. También más de uno se acercó, mientras duraba la espera, a saborear un chori, alguna torta frita o la torta asada, a quince pesos. Un vendedor trataba de convencer a la gente con unos muñecos peculiares hechos con un globo relleno de maicena y harina. “Ese globo miguelito”, vociferaba.
Pero hubo de todo. Desde los chaqueños, que dijeron que sólo importaba River, se mostraron divididos al hablar de Sarmiento y For Ever y también sembraron expectativas medidas sobre el flamante gobernador Peppo.
Como también un papá con su hijo, que debieron regresar y cambiarse la vestimenta riverplatense por obligación de la Policía –claro está, no estaba permitido el público visitante aunque parezca una ironía-. Y la familia de jujeños que hizo varios kilómetros para ver a River y se topó con que no se vendían entradas. Sólo en reventa conseguían una, por ello en poco tiempo debieron pensar un nuevo plan para ver, desde cualquier lugar, al club de sus amores.
Fuente: El Territorio.



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