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Misionero del Año: un premio al ejemplo y la pasión

Finalistas: Franco, Umfurer, Ibarra, Avellaneda, Grabovieski, Vera López, Acosta, Borboy (Plato Lleno), Lemos (hijo), Mazal y Borchichi (por Barrera) (Foto: Facundo Correa, El Territorio)

Emoción, música y alegría confluyeron ayer en la entrega de premios de la cuarta edición del Misionero del Año, el certamen que impulsa El Territorio para reconocer a las personas destacadas por su labor humanitaria y de interés hacia el prójimo en su comunidad, con la intención de rescatar los valores de solidaridad, esfuerzo, pasión y dedicación.
La gala se realizó en la Planta Editorial junto a los diez candidatos que resultaron de la postulación de los lectores del decano de la provincia, que emitieron su voto desde las distintas plataformas; también estuvieron presentes familiares, amigos y trabajadores del medio.
El galardón fue entregado por primera vez en 2013 y resultó ganador el ya fallecido obispo emérito de Iguazú, Joaquín Piña. Mientras que en las ediciones que siguieron se consagraron el oncólogo Ángel D’Annunzio, y la aldea SOS de Oberá.
En esta edición la terna ganadora estuvo integrada por Edy González Lemos (docente) en primer lugar, Jonathan Avellaneda y José “Leo” Ibarra (atleta y profesor), y Proyecto Plato Lleno, en segundo y tercer puesto. Los finalistas fueron: Osvaldo Mazal (escritor), Rulo Grabovieski (músico), Mario Barrera (médico), Germán Acosta (artesano mbya guaraní), Alfredo Umfurer (joven matemático), Ramón Franco (ex combatiente solidario) y Marisa Vera López (docente).

Al inicio de la celebración, Gonzalo Peltzer, director de El Territorio, dirigió unas palabras. «Con este premio buscamos mostrar al héroe anónimo, una persona esforzada y un ejemplo para los lectores y para todos los misioneros”, describió.
Tras la entrega de los premios, los candidatos expresaron sus reflexiones. “Qué lindo es poder servir con espíritu solidario. El premio está bien merecido a la maestra, yo fui uno de los que la votó… Para todos los que tienen este espíritu de servicio y solidaridad, un abrazo”, dijo el músico apostoleño Rulo Grabovieski.
“Es un honor estar nominado con gente que tiene tanta militancia en la ayuda a los otros. Si bien la tarea del escritor es una labor más solitaria, creo que represento a otros escritores de Misiones, por eso estoy muy agradecido”, comentó Osvaldo Mazal.
Mas tarde fue el turno de Diego González y Lucas Dargas, hijo y ahijado de la maestra ganadora Edy González Lemos, quien se encuentra en Ecuador. “También soy docente de San Antonio, un pueblo a 360 kilómetros. Ella es mi madrina y en la comunidad es una de las representantes del pueblo, una de las figuras que está siempre para ayudar y colaborar con lo que pueda a todos, inclusive a los chicos, para quienes hace 20 kilómetros a caballo porque los caminos son intransitables”, expresó Lucas.
Por su parte, la docente Marisa Vera López, otra de las finalistas, anadió: “El trabajo docente es la actividad más satisfactoria que puede existir. Yo trabajé 18 años en la ruralidad y me identifiqué mucho con la historia de Edy. Ahora, mi trabajo en Fátima es hacer lo que uno debe hacer nomás. Es nuestro trabajo y si nos gusta la docencia tenemos que hacerlo”.
A su turno, Gionnatan Borboy compartió unas palabras, agradecido en nombre de los casi 50 voluntarios del Proyecto Plato Lleno. También el artesano mbya Germán Acosta expresó: “Para mí es un honor representar al pueblo originario, soy un artesano reconocido en Misiones y Argentina. Es un gran paso que estoy dando para demostrar a las comunidades que sí se puede hacer y se puede salir adelante”.
También, Ramón Franco sumó su reflexión: “Es un honor, esto no me lo esperaba porque siempre lo hice de corazón, no esperando nada a cambio”. Y continuó hablando la doctora Sandra Borchichi, en representación de Mario Barrera: “Es un orgullo para el hospital y para mí ser su amiga, porque es una persona que trabaja con pasión, y más allá de cuidar al niño, también se fija en la familia y en el entorno social y trata siempre de aportar su granito de arena”.
Más tarde, el joven Alfredo Umfurer expresó: “Quiero agradecer a las personas que me apoyaron en mis primeros pasos para las Olimpíadas y a los misioneros que creyeron en mí. Quizás muchos chicos podrían hacer grandes cosas y no encuentran esas personas que los apoyen. Por eso estoy agradecido”.
Al finalizar, Rulo regaló melodías con su acordeón en una ronda de candidatos, familiares, amigos y trabajadores de El Territorio, quienes compartieron una tarde en la que la solidaridad, el ejemplo y la voluntad fueron protagonistas.

Cuando el impulso es el amor 

Edy tiene 47 años y una fortaleza inquebrantable. Es docente de la Escuela 898 en el paraje Alegría, en la localidad de San Antonio. Se trata de la escuela más alejada que tiene el pueblo. Se desempeña en esa institución desde el 2004 y para llegar y traspasar los caminos intransitables para vehículos comunes tuvo que valerse de un medio de transporte más adecuado para la picada y las subidas empinadas. Los 20 kilómetros que a diario hacía a pie, ahora los hace a caballo desde el pueblo hasta la colonia.
Edy nació y se crió en San Antonio. Hace 18 años que optó por la docencia como modo de vida y hace ocho que libra una de las batallas más difíciles: un cáncer de pulmón.
Sin embargo, a la hora de poner en la balanza todo, no importan ni su enfermedad, el clima o el mal estado de los caminos. Edy sigue, la pelea, porque en la escuela la esperan los 60 alumnos que quieren verla llegar en su fiel caballo. En tanto, en su casa, aguardan su entrada sus dos hijos: Evelyn (16) y Diego (25).
A la escuela asisten chicos que tienen una buena calidad de vida pero hay otros que tienen muchas necesidades: escasez de útiles y hambre, sólo por nombrar algunas problemáticas. Por lo que el trabajo de la ‘mae’ no se reduce solamente a enseñar sino que hace de madre, compañera, psicóloga y cocinera. Dicta clases en primero, segundo y tercer grado mientras que el director se ocupa de los cursos más altos: cuarto, quinto, sexto y séptimo. Dos personas para contribuir en la formación de chicos que, además de demandar herramientas para lidiar con las divisiones y las reglas de ortografía, necesitan cariño.
“Edy es una persona muy humilde, que lucha mucho por sacar adelante a su familia. Cada tanto tiene sus bajones pero es lógico. Ahora trabaja en la oficina conmigo. A las 6 de la mañana ya está en el trabajo para poder retirarse antes y estar a las 11 en la escuela para cocinar para los chicos”, sostuvo Rita Garay, la supervisora de escuelas primarias de San Antonio.
Rita, por otra parte, aseguró: “Ella no toma en cuenta lo que diga la gente. Hace su trabajo en base a lo que le dicta su conciencia y el cariño que tiene por los chicos”.
Lamentablemente no pudo estar presente en la ceremonia porque viajó a Ecuador para acompañar a su hija a un encuentro de scouts. Pero en su lugar recibieron el premio su hijo Diego y su ahijado Lucas Dargas, el encargado de cuidar el caballo que lleva a Edy todos los días a la escuela.
Ambos resaltaron la labor de la maestra y señalaron que dentro de la comunidad, es unas de las principales referentes.
Es por esto y el reconocimiento de la gente que Edy se convirtió en la Misionera del Año, en esta cuarta edición de los premios que entrega El Territorio.

Fuente: El Territorio.

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