“Dios me dio una segunda chance y no la quise dejar pasar”

“Dios me dio una segunda chance y no la quise dejar pasar”
Hace unos años a Dalma Arroyo le detectaron cáncer de colon y no bajó los brazos. Siguió adelante con más fuerzas que antes. Hoy reparte su tiempo entre su familia, el hockey, su trabajo y la ayuda solidaria. Una “Mamá increíble”.

Siempre dicen que cada casa es un mundo y que dentro de ellas hay muchas historias de vida. Algunas especiales, que merecen ser contadas y reproducidas, sobre todo en este día tan especial como lo es el “Día de las Madres”. De Primera se pudo contactar con un ser excepcional, cargado de luz, amor y muchas ganas de vivir, hablamos de Dalma Arroyo (de 45 años).

 Una madre misionera como muchas otras que nació en el interior de la tierra colorada (Mojón Grande) que de chica se crió en la chacra junto a su familia. Luego vino a Posadas a trabajar, se puso de novia con Luis (su actual marido), a los 17 años, se casó a los 18, tuvo a los 20 a su primera hija Sabrina (de 24 años) y a los 26 a su segundo descendiente Carlos (18), y junto a los quehaceres del hogar repartía su tiempo en sus dos casas comerciales, en lo que era una existencia apacible y tranquila como cualquier otra, hasta que la vida la puso a prueba de una forma dramática y al límite. Le diagnosticaron cáncer de colon y tras más de dos años de intensos tratamientos, cirugías, quimioterapias, medicamentos y una fortaleza única e insoslayable logró salir adelante.
Ahí, encontró otra cosa que le gustaba hacer pero que no lo había intentado por falta de tiempo o decisión: el hockey. En esta segunda parte de su vida como ella misma reconoce además de jugar en el equipo de mami’s de Sol Legislativo, algo que le apasiona y encanta, reparte su tiempo con sus hijos, casa, marido, negocio, el hockey, la ayuda a enfermos oncológicos y aún le queda tiempo para caminar o remar. Algo realmente extraordinario de una mamá increíble, como la tuya, la mía, como la de cualquiera de nosotros, ser al que amamos y adoramos.
Vive para contarla
 “Soy una mujer activa y emprendedora, compañera y familiera a la vez. Nací en el interior de Misiones, más precisamente en Mojón Grande sé lo que es trabajar en la chacra y aún hoy continuó trabajando, porque tengo alma de comerciante”, así se presentó Dalma en el primer contacto con De Primera.
Al ser consultada sobre cómo transcurrió su infancia y juventud relató, “los primeros años los viví en el interior, después vinimos con mi familia a Posadas, comencé a trabajar y ahí conocí a Luis mi actual esposo. Nos casamos nacieron mis hijos Sabrina (licenciada en nutrición) y Carlos (estudia Ingeniería Forestal) y a razón de que mi marido es militar vivimos unos años en Buenos Aires”.
“Luego volvimos a Misiones y pude instalar de nuevo mi negocio: un autoservicio, que luego fueron dos. Mi tiempo lo repatría entre mis hijos, mi marido, la casa y el negocio”
¿Cuándo te enteraste que tenías cáncer?
“En 2005 o 2006 me hice unos estudios y me diagnosticaron cáncer de colón. Estuve internada dos años y cuatro meses. Fueron momentos duros, difíciles que los llevé adelante con mi familia, mucha fuerza de voluntad y fe en Dios.  Ya a fines de 2008 cuando comencé a realizar la quimioterapia decidí jugar al hockey. Me fui al Pirá Pytá y me contactaron con Clarisse Cardozo una persona muy especial, que me ayudó mucho. Me hizo insertarme en el juego en el equipo y llevar adelante mi enfermedad y el deporte”.
¿Pudiste jugar debido a tu enfermedad. Además, de practicarlo?
“Si en 2009 jugué mi primer torneo y lo hice en la cancha sintética de Corrientes capital, fue una experiencia muy linda. Todas y todos me ayudaron pasé un fin de semana fuera de casa. Por supuesto cuando volví me descompensé, porque todavía estaba débil, pero me sentí feliz. En el ‘Pira’ estuve hasta 2011 y jugué todos los torneos. Ya 2011 me pasé a Guaraní y este año comencé a jugar en Sol Legislativo”.
¿Te decidiste jugar al hockey por prescripción médica o porque querías ocupar tu tiempo en algo distinto y no pensar todo el día en tu enfermedad?
“Siempre quise hacer un deporte, pero desde joven trabajé, me casé, cuidé a mis hijos. Después como ellos ya estaban grandes y estaba en pleno proceso de recuperación me dije a mí misma ¿porqué no?; y me fui un día averiguar y sigo jugando hasta hoy. Te aclaro… me gusta jugar desde el medio hacia arriba (una suelta de risas. Una constante a lo largo de la entrevista y en medio de la atención al público en su Mercería en Villa Cabello).
¿Qué te pasa por la cabeza hoy respecto a lo que te pasó con tu enfermedad y tu posterior cura?
“Dios me dio una segunda chance y no la quise dejar pasar.”
Cómo volviste a trabajar a pesar de tu enfermedad y proceso de recuperación. ¿Te dejaron los médicos?.
“Tuve autoservicios por más de una década, pero te demandan muchas horas de trabajo y esfuerzo. Los médicos no querían que vuelva a trabajar. Me quedé un tiempo en mi casa, pero volví a decaer, sentía que me faltaba algo. Así tuve una nueva junta médica y me permitieron volver a trabajar, pero en una actividad más liviana. Así que me puse a inspeccionar, averiguar y observé que en Villa Cabello no había una mercería así que puse este negocio. Donde me siento feliz y a gusto”.
¿Sabemos que también ayudas a niños oncológicos que pasan lo mismo que viviste vos?
“Sí, ayudo a un hogar en tránsito de niños oncológicos en el Hospital Madariaga. Fui muchos años comerciante y siempre pido a distribuidores y mayoristas amigos azúcar, yerba, jugos, alimentos. También junto ropas de familiares y amigos, y llevo para esos chicos y padres que pasan horas y días en el Hospital mientras su pequeños se hacen los estudios así pueden tomar un mate, un té, comer algo, vestirse. Cambiarse de ropa. Es una ayuda constante todos los meses”.
¿Cómo vas a pasar el Día de la Madre ?
Hace muchos años que tengo un trato con mi marido en este Día de la Madre. Al mediodía pasó con mi mamá Etelvina (de 62 años) que aún la tengo viva gracias a Dios y con mis hijos, en la casa de ella, junto a mis otros dos hermanos. Luego de comer sí me voy con mis hijos a la casa de mi suegra y también comparto con ella el Día de la Madre , en compañía de mi esposo.
Fuente: José M. Medina, Primera Edición.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.