Cómo piensan recuperarse Las Leonas tras la caída

Katie Bam, Kelsey Kolojejchick y Katie Reinprecht festejan el segundo gol de EE.UU. mientras la misionera Lucina Von der Heyde lo sufre  (Photo by Sean M. Haffey/Getty Images)

Katie Bam, Kelsey Kolojejchick y Katie Reinprecht festejan el segundo gol de EE.UU. mientras la misionera Lucina Von der Heyde lo sufre (Photo by Sean M. Haffey/Getty Images)

Lo único que les cambió el semblante a las Leonas fue que Paula Pareto se había bañado en oro durante esas horas. No había jugadoras derrumbadas anímicamente, pero sí con mucha bronca porque apareció otra vez el equipo aguafiestas, Estados Unidos, que ayer se impuso 2-1 en el debut del torneo olímpico.
«Se van a recuperar, esto recién empieza», sugería Luciana Aymar, que después de haber jugado cuatro Juegos desde Sydney 2000 participa en éste como comentarista de televisión.
El seleccionado femenino de hockey sobre césped es una marca registrada, un conjunto consagrado al que solo le falta una medalla dorada olímpica para la última rúbrica.

Hasta Sports Illustrated lo señaló como el candidato más firme al oro en Río 2016. Sin embargo, hay un factor que quizás nunca se solucione porque en ellas es genético: los vaivenes emocionales y esa sangre caliente que en algunos casos traiciona. Es cierto que a lo largo de la historia han sorteado varias situaciones límite. Pero cuando aparece un equipo inferior como Estados Unidos y se adueña del escenario por la efectividad de sus goles, la Argentina tambalea mentalmente y queda maniatada. Ingresa en un laberinto del que no puede salir. Ocurrió ayer, una vez más como tantas, producto de la frustración de generar muchas ocasiones en el círculo contrario y no concretarlas. El discurso de las chicas tuvo ese eje: el desaprovechamiento de las chances. «Los nervios y la ansiedad nos jugaron en contra. Fue la frustración de no poder convertir», apuntó Agustina Albertario, que pisó el círculo en repetidas oportunidades pero nunca consiguió anotar. El entrenador Gabriel Minadeo agregó: «El hockey es así: metés dos y resolvés el partido».

Después de este primer tropiezo, es el momento de mirarse hacia adentro. Como capitana, Carla Rebecchi evalúa hablar -sobre todo con las más jóvenes- para no echar por la borda toda la ilusión. «Nos va a durar la bronca, pero acá no hay nada perdido porque además es un torneo largo. A las chicas hay que transmitirles que sigan pensando en positivo, seguramente lo charlaremos». Rocío Sánchez Moccia no dudó: «Las norteamericanas hacen un juego de roce físico que no nos gusta. Quizás nos venga bien este cachetazo».

Ahora frente a esta derrota, el sistema del torneo se observa con un guiño de complicidad: los mejores cuatro equipos de las dos zonas, integradas por seis conjuntos, avanzarán a los cuartos de final. Y de ahí, los cruces según la posición en el grupo. Pero para las Leonas todavía no es tiempo de hacer números, sino de enfocarse mañana ante Japón para no dar otro paso en falso que sí sería grave del todo.

Quedará flotando ese karma que es Estados Unidos. Hasta la década anterior, la Argentina supo ser el dominador en América. Las chicas de distintas generaciones del hockey se habían situado en lo más alto del podio en todos los Juegos Panamericanos desde Indianápolis 1987, siempre doblegando a las norteamericanas. Hasta que ocurrió el desastre de Guadalajara 2011, cuando las chicas -incluidas Luciana Aymar y Sole García- perdieron por primera vez una definición ante Estados Unidos y lloraron por una frustrante medalla plateada. Ese segundo puesto negaba la clasificación para Londres 2012, pero después el pasaje llegó gracias al ranking mundial, en una reglamentación bastante confusa.

Aquella desazón ante las norteamericanas implicó el golpe más duro en la historia de este equipo. Pero faltaba más: hace un año, en los Panamericanos de Toronto 2015, las Leonas tuvieron que amortiguar otro impacto por la derrota por 2 a 1, aunque no fue tan fulminante porque no desbarató sueños olímpicos, más allá de la tristeza en el grupo por el oro escapado de las manos. Hubo otro golpe, en medio de ambas debacles: la caída por 1-0 en la segunda jornada de los Juegos Olímpicos de Londres 2012. Sin embargo, aquel conjunto de Retegui pudo encarrilar su curso en el torneo y terminó perdiendo la final ante Holanda, un resultado que podía aferrarse a la lógica.

Reapareció el fantasma de Estados Unidos para un sacudón inesperado. El curso del certamen dirá si fue beneficioso o provocó un shock que alteró definitivamente el camino.

Fuente: La Nación.

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