Muchos testimonios recogidos en estas páginas en los últimos treinta días, advirtieron que la reacción se iba a producir: temor o respeto, pero muchos hoy piensan dos veces si practicar o no deportes en el Paraná. La bravura de un río que no es el mismo, ya está claro, mezclado con la desgracia y las fallas humanas, generaron un clima extraño respecto del inmenso cauce.
¿Es culpa del río lo que pasó? ¿Hay uno o varios culpables de la tragedia? Casi treinta días después, ¿nos siguen preocupando los errores cometidos en el fatídico Cruce del 16 de enero? ¿Qué recuerdo nos queda de los ocho deportistas que dejaron su vida en las aguas del Paraná?
Muchos interrogantes como los descriptos, fueron trasladados por PRIMERA EDICION a seis personas: Emilia Itatí Juañuk (nadadora, abogada y sobreviviente de la tragedia); Luis Flores (deportista, Presidente del Colegio de Médicos de Misiones y creador del curso nacional de Medicina Deportiva con León Seró); Oscar Degiusti (licenciado en Turismo, director de Turismo de Posadas y docente universitario); Alberto Castillo (psicólogo); Alberto Garay (fiscal de Paraguay que investiga la causa sobre la tragedia); y el padre Alberto Barros (cura párroco de la Catedral posadeña y uno de los que contuvo espiritualmente a los familiares de las víctimas).
Mirada al Paraná
“Nosotros nunca le dimos mucha importancia al río y probablemente ahora menos”, afirmó Luis Flores al entender que no cambió la mirada de los misioneros hacia el Paraná.
Por el contrario, Itatí Juañuk opinó que sí cambió: “Cambió la mirada de todos los que viven en la costa. No sólo los posadeños. El río, nuestro río Paraná, el que supimos disfrutar y junto al que supimos criar nuestros hijos, ya no es el mismo”.
Poniendo énfasis en el cambio, “Negrita” amplió su tesis: “Hace un tiempo que viene mostrando sus cambios, cambios que en el afán de seguir disfrutándolo semana a semana nos negábamos a reconocer totalmente. Cambios en sus corrientes, cambios en sus remansos, cambios en su olor, cambios en su superficie (ahora bastante oleaje y suciedades de todo tipo), cambios en la pérdida de su riqueza ictícola, cambios en su mal uso como medio de transporte y, ahora, como si eso fuera poco, cambios en el sentimiento de los deportistas náuticos y sus familias, que, por estos días, se resisten en volver a él (prueba de ello es la negativa de muchos palistas, navegantes de la escuelita de Nicolás Dasso del Yatch Club y los nadadores de volver a surcar sus aguas como cada siesta se hacía)”.
Para el psicólogo Alberto Castillo, cambió la mirada pero admite que “hay opiniones encontradas. Algunos dicen que la crecida, el mayor caudal de agua, incidió en esta tragedia”.
Se animó a evaluar profesionalmente las responsabilidades: “Creo que la responsabilidad es de los organizadores. Pero los nadadores también tienen su responsabilidad, porque frente a la adrenalina que genera una competencia tradicional como esta y viendo que se venía una tormenta, los nadadores no actuaban de manera racional, sino en forma pulsional, instintiva”.
Una visión muy particular, polémica, presentó Oscar Degiusti, director de Turismo de Posadas. “En realidad me da la sensación de que transcurrido y cerrado lo que fue el ‘tema de la tragedia’, al menos en lo mediático, de eso ya no se habla más, ha quedado en el imaginario colectivo como una tragedia más: hay que ver que ya en los diálogos corrientes de amigos, amistades, en círculos sociales no se dice nada, no es tema de conversación, ‘ya fue’, al menos en el común de la sociedad”.
Para el funcionario, en ese sentido, la tragedia quedó convertida en anécdota: “Por otro lado basta observar nuevos casos de accidentes en el río, embarcaciones donde se ven personas sin salvavidas, niños y jóvenes bañándose en áreas no habilitadas. En definitiva, lo que debería ser un aprendizaje y un compromiso de responsabilidad ciudadana, seguramente será una anécdota y algún proyecto de homenaje y nada más”.
Miedo o respeto
Desde el punto de vista psicológico, el sentimiento que nos envuelve pos-tragedia, fue analizado por Castillo. “Gran parte de la gente habla hoy del tema con cierto temor por el río, expresando su inquietud sobre los responsables del tradicional Cruce del Paraná; que la Prefectura debería controlar más, porque hay zonas con pozos que succionan etc., muchas son las opiniones al respecto, y seguramente algo de razón tienen. Pero los posadeños debemos entender que el río no es una pileta, que debemos cuidarnos nosotros mismos. Sabemos de muchas catástrofes como esta que sucedieron en la laguna San José varias veces y yo particularmente tengo la trágica experiencia de un familiar que se ahogó en este río. No sé si está bien tener miedo al río, porque es uno quien elige y decide bañarse en él”.
Sobre el efecto que ejerce la tragedia en la población, dijo que “por más que los carteles digan “prohibido bañarse en el río” (en el muelle de la costanera por ejemplo o en la playita Itacurubí), muchas personas toman la determinación de entrar igual. Al río hay que respetarlo, contemplarlo desde afuera si siente temor. No desafiarlo si no está preparado y mucho menos si no lo conoce.
Siempre polémico, Degiusti consideró: “En realidad creo que el respeto se deduce de una actitud responsable, que no es este caso; en mucha gente también habrá miedo, e incluso podríamos hablar de ciertos niveles de ‘inconsciencia’ porque de lo contrario uno no termina de comprender ciertas actitudes que escapan a los niveles educativos y de clase. Personalmente me parece que algo también tiene que ver con ‘una cultura de la informalidad’, somos profundamente informales, y la informalidad es lo opuesto a lo planificado y a la previsibilidad”.
Tal vez, mirando al mismo río Paraná que casi se la traga, Itatí Juañuk aseguró que existe “una mezcla de ambos. Un poco de respeto y otro de miedo. El río que nos proveía de todo, por culpa del mal manejo que hemos hecho de él, estrangulándolo en su recorrido para represarlo y construir Yacyretá, se está vengando. El Paraná se ha modificado sustancialmente. Es muy cierta esa reflexión que dice: ‘el hombre perdona …a veces; Dios perdona… siempre; pero la naturaleza… la naturaleza… nunca perdona’”.
Al afirmar que hoy existe miedo del Paraná, el médico Luis Flores opinó que “tenemos un hermoso río, una belleza que pocas ciudades del mundo lo tienen. Tenemos que saber usarlo con respeto, con organización. El río no soporta debilidades organizativas como se demostró en el la desgracia del 16 de enero, donde hubo varios errores. Que ese dolor que tenemos los misioneros sirva para que tengamos más héroes deportivos. Más y mejor natación, canotaje, remos, velas, ski acuático, etc. Que el miedo no nos paralice y seamos mejores buscando cambiar y la excelencia”.
¿Cómo cambiar la imagen del río Paraná?
No se puede volver en el tiempo ni tampoco, luego de tanto sufrimiento, se puede ignorar. Flores opinó que se cambiaría la actitud ante el Paraná “con buena organización, deportiva, política y social”.
Para Juañuk, “por supuesto que así como están las cosas, con el nivel de agua en cota casi 80 y sin todos los beneficios prometidos e incumplidos por las autoridades para convencer sobre las bondades de Yacyretá, revertir la mirada va a ser casi imposible o por lo menos, va a llevar mucho esfuerzo, dinero y por sobre todo sana convicción política por parte del Paraguay y Argentina. Y esa sana convicción no es la que nos muestran las autoridades. Si aún ninguno de los favores prometidos como electricidad barata, riego, turismo y deporte náutico en aumento, etc. se han concretado con Yacyretá y ya estamos con la amenaza de que se va a construir Garabí, Roncador y Corpus sobre nuestros ríos. Un verdadero despropósito”.
Negrita apeló a los funcionarios: “Si realmente existe sana convicción política de revertir la mirada de los ribereños y turístico del río, por ejemplo, el Estado ya debería estar arbitrando la aplicación de recursos económicos y humanos para apoyar la vida al aire libre junto al río. Hay múltiples maneras (…) Elementos estos a los que quizá, podría sí instituirse el nombre de nuestros deportistas fallecidos como se ha hablado últimamente. Creo sinceramente que esa sería realmente una efectiva forma de rendirles tributo a los ocho compañeros muertos”.
Castillo dijo: “Solamente el tiempo borrará las heridas y el dolor por esta tragedia. Quienes practican deportes en el río saben a que se exponen y tienen precaución. Lo que sucedió semanas atrás fue una verdadera catástrofe. Quienes tomaron la decisión de arrojarse heroicamente a rescatar a distintas personas, no actuaron de modo racional, más bien lo hicieron de manera instintiva, a mi entender. No pensaron si la barcaza succionaba o la tormenta que se venía, simplemente actuaron, puro impulso. Eso no se puede controlar, y mucho menos si ves familiares tuyos padeciendo una situación como esta”.
Finalmente, el director de turismo de Posadas, opinó que “que con las obras que aún restan de la EBY (tramos de costanera, balnearios, puerto deportivo, nuevo puerto, etc.) no sólo irá modificando esa mirada de ‘espaldas al río’ o ‘mirando el río desde la costanera’; por otro lado el Plan Estratégico Posadas 2022, en muchas de sus propuestas, se traduce esta idea de interpretar al río como fuente de recursos económicos, productivos, recreativos, turísticos, culturales, etc. Y seguramente se irán materializando nuevas inversiones turísticas y recreativas que contribuirán a tal fin”.
Los familiares
La siguiente consulta estuvo relacionada a los profesionales sobre la contención a los deudos de los deportistas fallecidos. Para el titular del Colegio de Médicos hay que hacer “terapia con los familiares, apoyo a los que organizan actividades deportivas”.
Para el licenciado en Psicología, “los familiares de las víctimas deberían recibir una contención psicoafectiva especial. No es fácil afrontar una pérdida y mucho menos de esta índole. Seguramente con el tiempo podrán elaborar estos duelos y creo conveniente un tratamiento terapéutico. Al mencionar una contención psicoafectiva me refiero a acompañarlos en esta etapa tan dura, que los familiares puedan poner en palabras todo aquello que los angustia y que los moviliza en su mundo interno, distintas emociones como ser bronca, tristeza, desasosiego , que en algunas casos los paraliza”.
Según Castillo, “los deportistas que sientan la necesidad, deben solicitar ayuda para poder continuar practicando sus actividades sin dificultad. Cuando ocurrió la tragedia de San Pedro hubo un grupo de profesionales de la salud mental que asistió a las víctimas. Creo conveniente que el Estado continúe con esta política, y que prevea cualquier situación de crisis y catástrofes capacitando a psicólogos, asistentes sociales para actuar como agentes de contención y prevención”.
Experimentada nadadora pero también ex funcionaria, Itatí Juañuk explicó que a su entender “el duelo que estamos sintiendo no sólo por la pérdida de vidas de atletas muy queridos y nadadores amigos, sino el duelo que estamos experimentando por la pérdida de aquel río que fue y que nunca más volverá a ser, merece la cicatrización del paso del tiempo y también por qué no, apoyo psicológico para las personas que lo sufrieron desde su lugar de participante directo o familiar”.
Las competencias a futuro
Mientras el Consejo del Deporte decide qué hacer con el campeonato de aguas abiertas, o varios deportes náuticos postergan sus fechas, nuestros entrevistados se animaron a dar sugerencias, como las que podrían haber surgido de cualquier estamento de nuestra sociedad.
Para el médico Luis Flores, “el comportamiento siempre va a variar, hay que ser más organizados, ordenados y previsores”. A Juañuk no le quedan dudas. “La tragedia del sábado 16 pone en evidencia que para hacer cualquier práctica de estas características deben analizarse, como siempre se ha tratado de hacer antes de cada largada, no sólo las condiciones del río del momento y tener un pronóstico previo de las condiciones climatológicas (viento, lluvia, eventuales borneos, etc.) , sino que debe considerarse por ser más importante aún, el señalizado, balizamiento y advertencia sobre la presencia de obstáculos, barcos, barcazas, puentes, etc., que se encuentren en el recorrido de la travesía y que, por su especial disposición, puedan significar un peligro para los deportistas y sus acompañantes”.
Como buena abogada, lanzó lo que podría considerarse un alegato en el juicio al río: “Es posible asegurar, sin temor a equivocarnos, que si las barcazas que succionaron a la mayoría de los nadadores y palistas no estuviera amarrada en ese lugar, a esa hora, de esa forma, y en esa cantidad de unidades, una tras otra y una cuarta oculta en forma de “L”, nunca, nunca, hubiera ocurrido la tragedia y todos los nadadores, expertos y novatos, hubieran llegado sin problemas, como lo hacen hace más de setenta años, al otro lado del río”.
Para Oscar Degiusti, “aquí sí creo que hubo un aprendizaje, y la respuesta inicial es que siempre debería ser así. El asunto es cómo se operativiza eso. En realidad para este tipo de competencias debería consultarse a diferentes organismos e instituciones que son de incumbencia en el tema. El asunto no es burocratizar sino más bien aplicar sentido común y tener la capacidad de tomar decisiones en forma colegiada”. Sobre las fallas comunes, el titular de Turismo comunal dijo: “Otro tema son, muchas veces, las dificultades para articular, nos cuesta profundamente articular acciones. Es más: lo correcto sería que en estos ámbitos confluyan no sólo a un nivel de organización, sino también de promoción (recreativa y turística) y de coordinación con otros eventos. Particularmente aspiro a que tengamos en la ciudad un “calendario único de actividades” con eventos, responsabilidades y decisiones asumidas colectiva e institucionalmente así podremos ir perfilando en esta ciudad el costado turístico, del cual no dudo lo tiene Posadas”.
Una visión espiritual
Se llama Alberto Barros y hace poco tiempo que asumió al frente de la catedral de Posadas. De un perfil social, el sacerdote fue el encargado de llevar contención espiritual a los familiares y amigos de las víctimas de la tragedia que diariamente se congregaban en el puerto o en el Pirá Pytá a esperar las novedades sobre los entonces siete desaparecidos.
Por ser una persona que se relaciona con muchas otras por su propia vocación y por el suceso donde le tocó prestar servicios, opinó de la versión actual del Paraná, de la necesidad de contención a las familias y anticipó a PRIMERA EDICION parte de una carta que entregará a las ocho familias el próximo martes.
“Muchos asiduos al río ya no lo reconocen como antes: sus islas, sus orillas, como que hay mucha geografía cambiada y ya no es el mismo río que conocieron décadas atrás”, opinó. Consultado si la gente expresa temor o respeto por el Paraná, afirmó que “a los que conocemos poco se nos mete un poco más el respeto con algo de miedo, y a los que más lo conocen y más quieren al río entiendo que el río seguirá siendo una pasión y un amor grande y en muchos de ellos es más respeto que temor”.
De sus largas jornadas de oración y charla con las angustiadas familias, Barros dijo que no surgió ni bronca ni resentimiento hacia el río. “Creo que nadie le puede tener bronca. El río tiene sus cosas hermosísimas y sus dificultades. El dolor de las familias es por la pérdida de un ser querido. Si creo que el dolor, cada persona lo expresa de manera diferente, porque tiene que salir de algún modo porque estamos frente a gente muy dolida”, indicó.
Admitió que la tragedia le dejó enseñanzas: “A título personal yo he aprendido mucho de las familias. Uno aprende por un lado el amor entrañable a los seres queridos, como el dolor potencia o hace que se exprese más fuerte el amor, el amor enorme por el que han sufrido. Y por el otro el coraje y la valentía para seguir adelante y encontrar el cuerpo y enterrarlo. Por lo que hemos compartido hay mucha fuerza interior para seguir peleándole a la vida más allá del dolor”.
De las expresiones de solidaridad de gente que ni siquiera conocía a los deportistas, pero se decidió a acompañar y contener a los familiares, el padre Alberto contó una anécdota: “Había gente que mandaba saludos, expresiones de acompañamiento. Y recuerdo una mamá que nos mostraba un mail emocionada, que había llegado de una persona que ni conocía. Y le hizo mucho bien”.
Barros se animó a alentar el uso del Paraná después de la tragedia: “Creo que el río es una riqueza enorme que la provincia tiene, es un signo de vida a pesar de la experiencia de muerte que tuvimos, muchísima gente ha crecido y disfrutado al río. Muchas de estas familias, aún con mucho dolor, a la hora de revisar lo que pasó, más allá de lo que cada una crea conveniente hacer en cuanto al tema de la Justicia, creen que el río sigue siendo una riqueza para toda la ciudad. El aprendizaje que deja una tragedia como esta es entender que hoy el Paraná tiene dificultades que antes no tenía”.
Hablan de un río impredecible que despierta temor
“Hay más temor al río”. La afirmación pertenece al abogado Alberto Garay, fiscal de la Unidad de Investigación 9 de Itapúa con base en Encarnación, Paraguay.
El funcionario es quien investiga la única causa abierta por la tragedia que se cobró ocho víctimas el pasado 16 de enero cuando se desarrollaba el tradicional cruce del río Paraná entre el club Pacú Cuá y el Club del Instituto del Seguro.
“Las operaciones siguen normales, pero más temor creo que hay. La gente habla de lo impredecible que es últimamente”, afirmó Garay a PRIMERA EDICION.
El fiscal paraguayo fue consultado sobre las medidas que habrá que adoptar a futuro tras la desgracia. “En competencias de esta naturaleza, si se van a hacer, tendrían que hacerse mucho más estrictas. En la coordinación deberían estar los dos países al frente. No puede ser que de un lado se imponga una eficiencia y del otro lado no”.
Garay se mostró dubitativo sobre el futuro de la competencia en el eje Posadas-Encarnación: “No sé si se volvería a llevar a cabo otra vez, pero tiene que ser mucho más exigente. Tendría que hacerse un estudio del agua, por respeto”, sugirió.
En el último Reglamento, repartido entre los participantes se exigió que cada nadador lleve una piragua como guía. Garay, a horas de la tragedia, fue el primero en cuestionar el uso de esas embarcaciones como medidas de seguridad. Un mes después sostiene lo mismo: “Tengo una copia, un escrito del que dudo si es oficial o no. Para mí (las piraguas) no son para seguridad, con esta tragedia ellos fueron los primeros que fueron arrastrados”. Mensaje a las familias
Alberto Barros adelantó parte de la carta que entregará y leerá a los familiares el 16 en la Catedral: “El hecho de recordarlos por un lado duele mucho, pero también nos enriquece el ejemplo que nos han dejado: el amor por la naturaleza, el amor al río, por una vida sana, el deporte, la entrega generosa y solidaria en el rescate por otros. Por eso el celebrar esta misa a un mes del fallecimiento es, por un lado, recordar un momento de dolor pero con la certeza de que no ha sido en vano, no ha sido infecunda la muerte de estos hermanos nuestros… sino que es una muerte que nos da vida, que nos renueva la esperanza porque nos han dado ejemplos, nos han dejado una herencia rica en virtud y en humanidad… Con el desafío de que, como sociedad, sepamos reflexionar sobre este hecho, corregir todo lo que haya que corregir y que esto sea para bien y el dolor no sea infecundo sino que sea un salto hacia delante corrigiendo todo lo que es mejorable que es corregible y que el río siga siendo una riqueza para toda nuestra ciudad”.
Fuente: diario Primera Edición.




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