Lisandro Monzón decidió abandonar la natación

Sus tesoros. Con cientos de preseas, Lisandro destacó que “en mi familia somos de guardar todo y en este caso las medallas son lo tangible de buenas experiencias" (Foto El Territorio)

Sus tesoros. Con cientos de preseas, Lisandro destacó que “en mi familia somos de guardar todo y en este caso las medallas son lo tangible de buenas experiencias» (Foto El Territorio)

No clasificar a los JJ.OO. de Londres 2012 pegó hondo en las aspiraciones de Lisandro Monzón y hace cerca de un año no da brazadas. Ahora su vida transita en La Plata estudiando Comunicación.
Lisandro Monzón muestra con orgullo dos cuartos plagados de medallas colgadas en las paredes, todas en orden cronológico; se acuerda con detalle de cada carrera que lo llevó a ganarse un lugar en el deporte. Y se ríe contando anécdotas que van desde los provinciales hasta los sudamericanos en los que supo ser protagonista gracias a su trabajo y amor constante por el agua. Pero ahora las prioridades cambiaron.
De la camada de oro de la natación local en pileta entre los que estuvo Gonzalo Acuña, Marión Báez Breard, entre otros, el posadeño era el último que quedaba en carrera pero hace casi un año, tras no conseguir la clasificación a los Juegos Olímpicos de Londres, decidió darle un descanso a las antiparras y el gorro para dedicarse exclusivamente a la Licenciatura en Comunicación Social, que está cursando desde este año en la Universidad Nacional de La Plata.
“Por mi propia salud dejé de nadar porque en principio para hacer cualquier cosa hay que tener ganas de hacerlo y ya no tenía”, comenzó la charla el nadador que a sus 22 años cierra, al menos en cuanto a competencia, una etapa deportiva llena de satisfacciones.
A los 5 años comenzó el placer de desplazarse por el agua pero sus condiciones no tardaron en ser reconocidas, el entrenamiento se incorporó a su vida diaria y no paró, no sin muchísimo sacrificio, hasta hace un año atrás.
“El 2012 era completar el ciclo olímpico y ver si clasificaba en la competencia en junio y hasta ahí di todo. Igual los últimos meses estaba muy presionado porque no me salían bien las cosas y eso influyó”, remarcó.
Luego agregó que “no era un gran año, yo sentí que no lo era en cuanto a tratar de clasificar. Los dos anteriores tenía ganas de entrenar y me acompañaban los resultados pero después estuve poco motivado”.

¿Cómo se dio el momento en que dijiste basta?
Por mi propia salud dejé de nadar porque en principio para hacer cualquier cosa hay que tener ganas de hacerlo y ya no tenía. Entrenaba doble turno a diario y para la gente era re loco estar todo el día nadando, pero yo estaba seguro de lo que estaba haciendo y lo disfrutaba. Aunque ya en el último tramo era una carga inútil; era dar ventaja y me estaba engañando.

¿Qué se te dio por irte a La Plata a estudiar?
Antes estaba estudiando Ingeniería en Informática en el Dachary pero le estaba dando mucho más pelota a la ‘nadada que a la estudiada’ y como que me fui dando cuenta que no era lo que me gustaba.
Y el año pasado, después de dejar de nadar, comencé a ver qué podía hacer o estudiar y me decidí en un principio en la carrera de Comunicación Social porque es más o menos lo que me interesa y la ciudad bueno, porque si era posible quería irme a algún lado y tener esa vida independiente, aunque suene caprichoso porque en Posadas está la carrera, pero lo hablé con mis viejos y entendieron que era algo que quería de verdad, se los fundamenté y me apoyaron.

¿Y cómo lo estás llevando al cambio?
Estoy súper contento de estar en La Plata, de cambiar de ritmo; me aburrí de siempre lo mismo. No quería saber nada de entrenar, me cansé, me pudrí, no sé qué palabra utilizar para definir lo que me pasaba porque es raro. Estuve acostumbrado a un ritmo de vida pero después te das cuenta que tenés que volver a empezar de cero, a relacionarte con otra gente, en mi caso en otro lugar, y está bueno, te renovás también. Hacer toda la vida lo mismo tampoco es bueno.

¿Por qué sentís que no se dio lo esperado en el ciclo olímpico?
No se dio porque no pude hacerlo, así de simple y de complejo. Obviamente podría haber un mejor contexto pero en el 2011 Gonzalo (Acuña) dejó de nadar y eso fue un cambio grande para mí porque me quedé totalmente solo entrenando.
Igual me quedo tranquilo de que yo di todo lo que pude e hice lo mejor posible y capaz podría haberlo hecho mejor pero son cosas que pasan, ningún proceso puede ser perfecto y hay cosas que no dependen de nosotros.

¿Se hace muy difícil entrenar y estudiar?
Sí, porque no terminás haciendo bien ninguna de las dos cosas.

¿Cómo describirías tu carrera deportiva?
Excelente, rescatables millones de cosas, más allá de las medallas, trofeos o los premios que son satisfactorios, pero dura poco, lo que quedan son las amistades. Igual este momento me lo tomo como un descanso sano; no podría decir que es para siempre porque tal vez uno nunca sabe y te vuelven las ganas y regresás a competir; hoy lo veo difícil pero se puede dar (risas).

Al mirar hacia atrás seguro sentís orgullo de haber dejado una huella en la historia de la natación local…
Lo que más valoro es que siento el reconocimiento de los más chicos, de los padres, también de los nuevos nadadores, de la gente del deporte, porque acá nos conocemos todos. Pelear para conseguir algo es una escuela. Entregarse por completo a un objetivo es muy valorable y yo siento que lo hice así como un montón de otros deportistas misioneros.

¿Sigue siendo difícil crecer y mantenerse en la elite estando en Misiones?
No sé… De mi edad y no sólo hablando a nivel local sino de la selección nacional, queda uno nomás de mi generación y que empezó por el 2001; por ahí habrá otros que sigan nadando por placer pero en el equipo nacional queda uno solo.
Hay edades críticas también y por otro lado yo no pongo las manos en el fuego pensando que si hay uno o dos Centros de Alto Rendimiento o tres piletas de 50 metros, se solucione todo, no creo que venga por ahí.
Hubo un momentos en que no teníamos nada, ni pileta, y sin embargo seguíamos. Íbamos a Encarnación a entrenar, tardábamos horas o al agua fría de la Escuela de Policía, ‘puteábamos’ pero era un sufrimiento lindo por así decirlo. Uno elige, no pasa por tener todas las instalaciones si a vos te cae muchísima plata; si no tenés un plan no sirve.

Después de esa camada exitosa, ¿hay recambio?
En el Club Capri hay más chicos que antes, hay una nueva generación y va a llevar unos años para ver los resultados pero hay recambio y chicos con condiciones. Por el lado del entrenador, el Colo (Gustavo Breitenbruch) es importante, respeta los tiempos de no quemar etapas y por ahí hay chicos que tienen las marcas para ir a un nacional pero él prefiere primero que disfruten los regionales y después ir creciendo. El boom después te quema y explotás.

¿Te ves trabajando en la parte deportiva?
Sí, mientras sirva contar mi experiencia ahí estaré. De entrenador ya no, porque hay que tener vocación de querer entregar todo, pero sí en ayudar en lo que pueda aportar y dar una mirada de exnadador tal vez en un equipo de trabajo.
Yo de todas maneras nunca pensé en vivir de esto (la natación) y ahora me enfoco en crecer en la parte de comunicación.

Entonces, tal vez, sí puedas escribir sobre deportes…
Y es lo que mejor me saldría después de tantos años (risas), pero la verdad es que tengo simpatía también por otras ramas.

Un viaje inolvidable a Corrientes

Lisandro Monzón decidió abandonar la natación

 

 Con 10 años, Lisandro tuvo su debut en un Nacional y recuerda como “increíble” a la sensación. Pero su memoria lo traslada, dos años antes, a un viaje que para él fue “el comienzo de todo, de mis viajes y de saber que estás ahí solo, para bien o para mal, y me hizo fuerte”.
“Nos íbamos a Corrientes a nadar y era el primer torneo sin mis viejos y me largué a llorar en el colectivo porque no iban conmigo y me dije ‘va a ser un bajón este viaje’ y después la pasé re bien, hice tres podios, sentí que podía sin ellos y volví súper contento”, rememoró el misionero.
También se acordó esa sensación de “fama” al llevar al colegio sus medallas para mostrarle a la maestra. “No sé si fue idea mía o de mi papá -dice entre risas- pero fue algo lindo; igual no puedo decir nada de mi familia que siempre me acompañó de una manera muy sana y seguro se sentían orgullosos”.

Fuente: El Territorio.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.