El drama de la desidia invadió Posadas el 16 de enero de 2010, cuando la 80ª edición del Cruce del Paraná se transformó, en cuestión de minutos, en la mayor tragedia del deporte argentino. Ocho personas fallecieron succionadas por barcazas ancladas en la ruta acuática. A casi cinco años del fatídico día se dará inicio al juicio contra las dos personas que tuvieron responsabilidad en la organización y custodia de la competencia.
Desde este lunes a las 9, en la sede del Tribunal Oral en lo Criminal Federal de Posadas, ubicado en Félix de Azara 2170, comenzará el debate oral y público en el que juzgarán a Hugo Alberto “Tyson” Alfonso, titular de la Asociación Aguas Abiertas, encargada de la organización del evento, y a Jorge Antonio Lezcano, el jefe de Operaciones del Puerto Posadas de la Prefectura Naval Argentina en ese entonces. En ambos casos, se busca determinar el grado de responsabilidad de cada uno de ellos al dar inicio al cruce del río a pesar de una infinidad de factores que advertían del peligro para los participantes.
El primero de ellos será defendido por el abogado Eduardo Patricio Mouesca, mientras que el segundo implicado será patrocinado por el letrado Juan Carlos Maggi.
Los dos están procesados de “homicidio culposo”, delito que prevé una pena de entre seis meses y cinco años de prisión, aunque la mínima se eleva a dos años en caso de que haya más de una víctima, según marca del artículo 84 del Código Penal Argentino.
El Tribunal encargado de impartir justicia en este debate será presidido por la doctora Norma Lampugnani y tendrá como integrantes a Mario Hachiro Doi y Lucrecia Rojas de Badaró. Además, los abogados querellantes de la causa serán Rodrigo Bacigalupi –familiar de una de las víctimas-, Eduardo Paredes y José Luis Rey. La fiscalía, por su parte, estará representada por Juan Andrés Stuber.
El debate contará con diez jornadas que se extenderán por un lapso de dos semanas, y se prevé el desarrollo de un total de 48 testimoniales.
Jornada negra
El 16 de enero del 2010, a las 10.07, se produjo la largada de la 80ª edición del Cruce del Paraná. Sin embargo, el evento no alcanzó a finalizar ya que apenas quince minutos después, la competencia se transformó en una tragedia sin precedentes para la historia deportiva de la provincia.
Un total de 74 personas se arrojaron al río para participar de la competencia, que largó desde el club paraguayo Pacu Cuá con el visto bueno de la Prefectura, para luego recorrer 6.400 metros por las aguas del Paraná y finalizar el cruce en el Instituto del Seguro, en costas posadeñas.
A pocos minutos de la partida, el viento cambió y el oleaje desvió a los competidores hacia una barcaza. Los nadadores más experimentados pudieron mantener su rumbo y continuaron hasta el punto de llegada, algunos ayudados por piraguas de rescate. Distinta fue la situación de un gran número de otros deportistas que se toparon con la embarcación y no pudieron evitar ser succionadas por la fuerte presión que la nave generó junto al furioso oleaje del río.
Un total de ocho personas perdieron la vida al quedar atrapados en la trampa mortal que se generó como consecuencia de una serie de factores meteorológicos que se conjugaron con el mal estado del Paraná y la indebida presencia de la barcaza en medio de la ruta trazada para la competencia.
Fue así que fallecieron Luis Saide (56), Víctor Sessa (36), Fernando Solé Masés (12), Sebastián Ruzecki (19), Nicolás Levequi (14), Eugenio «León» Seró (59), Manuel Leiva (57) y Mauro Bacigalupi (28), quien participó en el evento como guía pero al desatarse la tragedia ofició de rescatista. Llegó a salvar a varios deportistas, pero finalmente corrió la misma suerte que las demás víctimas mortales al ser succionado por la embarcación.
La primer víctima de esta jornada negra para el deporte misionero se confirmó apenas unas horas después de la suspensión de la competencia y del drama que devino en tragedia en medio del río. Se trató de Luis Saide, quien falleció en el Hospital Madariaga a pesar de los denodados esfuerzos del personal médico por reanimarlo. Su rescate fue tardío, había pasado mucho tiempo debajo del agua, pero su muerte no fue en vano. Más tarde se conoció que antes de su trágico final, el hombre, oriundo de Reconquista, Chaco, había salvado a sus dos hijas, quienes también participaron en la competencia.
Al día siguiente, se confirmaron otras dos muertes. El cuerpo del niño Fernando Solé Masés apareció a las 19.30 cerca del Destacamento Parma de la Prefectura Naval, y dos horas más tarde, el cadáver de Víctor Sessa era hallado en inmediaciones a la ya desaparecida Isla del Medio.
Los días posteriores fueron más dolorosos que la misma tragedia. Los familiares de las víctimas que aún permanecían desaparecidas realizaron incasables vigilias en el inundado puerto que, por aquél entonces, todavía se mantenía en pie. Descalzos, soportando el calor y algunos intensos chaparrones, todos se mantenían con la mira fija hacia al río esperando alguna esperanzadora novedad de parte los rescatistas.
Las búsquedas no pararon, de modo tal que el lunes 18 apareció el cuerpo del joven Sebastián Ruzecki, y un día después encontraron a Nicolás Levequi, en cercanías a la isla Ombú, unos 20 kilómetros al sur de Posadas.
La sexta víctima confirmada fue el eximio nadador León Seró, quien apareció en el quinto día de búsqueda.
Finalmente, tras once días de búsqueda, los rescatistas dieron con el cuerpo de Mauro Bacigalupi, y el 5 de febrero la lista negra llegó a su fin con el hallazgo del cadáver de Manuel Leiva.
«No veía salida»
“En cuestión de segundos chocamos contra la barcaza, la piragua se volcó inmediatamente y caímos al agua. No puedo explicar la fuerza que tenía la velocidad del agua en ese lugar del canal. Intenté sostenerme de una piragua naufragada; no sé cuánto tiempo pasó. Todos gritaban y pedían auxilio y nadie llegaba. Cada instante llegaba más gente y la desesperación era total. Estábamos en una esquina entre dos o tres barcazas. Sentía que la fuerza de la succión me arrancaba las piernas, que me chupaba hacia debajo de la barcaza y no había cómo resistir. El salvavidas circular que llevábamos en la piragua no me brindaba flotación. Era inútil, inservible. Finalmente, el agua me arrastró y quedé en la absoluta oscuridad, no sé a qué profundidad bajo las barcazas”, fue lo que retrató 16 meses después del hecho en un carta abierta a la Justicia Estefanía Micelli Coll, una de las sobrevivientes de la tragedia.
“Pensé que no iba a salir nunca más. Pensé que me moría. No tenía más aire hacía rato y no veía salida a la oscuridad. De repente percibí que se aclaró el agua y me volvió la energía. Floté enseguida hacia la superficie, allí pude ver a mi alumno Martín, que también sobrevivió”, agregó en otro fragmento de su carta la muchacha que ese día iba junto a hermano Santiago en una piragua oficiando de guía a Martín Álvarez. Afortunadamente, los tres pudieron escapar a una muerte segura, aunque Santiago permaneció internado en grave estado durante varios días.
Respecto a la actuación de los organizadores de la competencia, Estefanía había indicado que “cuando llegó el momento de la largada todo fue precipitado y no se realizó advertencia de ninguna especie, motivo por el cual nunca siquiera soñamos lo que encontraríamos a unos 1.500 metros de nado”.
Artilugios que no prosperaron
En este contexto, tanto Lezcano como Alfonso están acusados de haber iniciado el evento a pesar de una infinidad de factores que representaban un latente peligro para los deportistas, como lo fueron, principalmente, las inclemencias del tiempo, el mal estado del río Paraná y el presunto desconocimiento de la ubicación de la barcaza en la ruta acuática.
El 8 de octubre del corriente se realizó una inspección ocular en el río, más precisamente en la zona desde donde partieron los nadadores en aquella oportunidad y en la zona donde estaba ubicada la barcaza que succionó a las víctimas. Esta medida estuvo encabeza por la presidenta del Tribunal, Norma Lampugnani, quien estuvo acompañada por los abogados querellantes y los defensores de los imputados. El único acusado que participó de la inspección fue Tyson Alfonso.
Tanto él como Lezcano, además, fueron duramente señalados durante los casi cinco años que transcurrieron desde la tragedia hasta hoy, por haber realizado una gran cantidad de artilugios judiciales con el fin de evitar el juicio. Tal es así que casi lograron su objetivo, teniendo en cuenta que si el debate oral no se concretaba antes de diciembre, la causa corría un serio riesgo de prescripción.
A principios de este año, por ejemplo, los letrados defensores de Lezcano habían presentado una apelación en la que solicitaban remover a unos de los tres jueces del Tribunal que lo juzgaría. Sin embargo, se consideró que la solicitud carecía de fundamentos sólidos.
Desde el lado de Alfonso, sus abogados solicitaron la realización de un juicio abreviado, pero la medida tampoco prosperó porque no tuvo la aprobación de su compañero de banquillo.
Víctimas que aguardan justicia
• Luis Saide (56)
Era profesor de Natación, oriundo de Reconquista, Chaco. Fue la primer víctima. Participó en la competencia junto a sus dos hijas, a quienes logró salvarle la vida antes de ser succionado por la embarcación.
• Fernando SolEs MasEs (12)
Fue la segunda víctima hallada. Apareció en costas paraguayas el 17 de enero a las 19.30. Formaba parte del grupo Grillitos Sinfónicos.
• Víctor Sessa (36)
Oriundo de la localidad de Carapachay, de profesión cheff, aventurero y amante del río. Su cuerpo fue hallado el 17 de enero a las 22. Fue la tercera víctima.
• Sebastián Ruzecki (19)
Hacía natación desde los 4 años. Era alumno del Instituto Politécnico Arnoldo Janssen. A pesar de sufrir enanismo crónico, siempre se destacó en el deporte. Fue la cuarta víctima. Apareció el lunes 18.
• Nicolás Levequi (14)
Se trató de la quinta víctima en confirmarse. Su cuerpo salió a flote el 19 de enero, en cercanías a la isla Ombú, 20 kilómetros al sur de Posadas.
• Eugenio «León» Seró (59)
Profesor de Educación Física. En el momento de la tragedia se desempeñaba como asesor del Concejo Provincial del Deporte. Su cuerpo apareció en el quinto día de búsqueda. Fue la sexta víctima confirmada.
• Mauro Bacigalupi (28)
Séptima víctima confirmada. Apareció el 27 de enero. Era guardavidas, actuó como rescatista en medio de la tragedia y logró salvar varias vidas antes de ser succionado por la barcaza.
• Manuel Leiva (57)
Era palista, nacido y criado en el populoso barrio de Villa Blosett. Fue la última víctima en ser hallada, el 5 de febrero, tras 21 días de incesante búsqueda.
Fuente: El Territorio.



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