Con mucho valor anímico

Con mucho valor anímicoPor decantación, por inercia o de casualidad. Pero Crucero ayer tenía que ganar o ganar. Para tranquilizar al público, agarrar confianza y, fundamentalmente, darle una alegría al técnico Darío Labaroni, que después de dos derrotas seguidas al fin pudo respirar.
Por esas circunstancias, y porque hizo mejor las cosas que su rival, el Colectivero festejó largamente el 1-0 sobre Central Norte.
Si de por sí ya le cuesta tratar de llevar a cabo la idea del técnico, este Crucero debe redoblar esfuerzos cada vez que juega en casa, porque los rivales, se sabe, pisan el Andrés Guacurarí con la única idea de no perder, más allá de poder ganar.
Ayer, por la 4° fecha del torneo Argentino A, el Colectivero no le encontraba la vuelta al pleito, pero en el epílogo de la primera parte llegó el gol de Lucas Rodríguez y con él un desahogo generalizado que sirvió de claro indicador de que había estaba atragantado.
Y era entendible. Porque después de la inesperada derrota con 9 de Julio en casa y la menos comprensible caída con Gimnasia en Entre Ríos después de un gran primer tiempo, volver a dejar puntos en el camino iba a ser una mochila muy pesada de llevar.

Ganar, lo más importante
Es cierto que Labaroni pregona el buen fútbol. Y también es verdad que los jugadores tratan de llevar a la práctica esa idea. Y sin dudas esto es elogiable. No obstante, el equipo aún se muestra muy liviano a la hora de atacar, quizás justamente por esa manera de jugar.
Pero después de dos derrotas consecutivas, ambas sin merecerlo, sumar los primeros tres puntos es más valorable que cualquier tipo de análisis.
El que más renovó su tubo de oxígeno con el triunfo de ayer sin dudas fue el propio Labaroni, que ni bien había asumido aseguró que el equipo iba a aparecer más o menos en un mes. Pasaron dos semanas y al menos ganó. Quedan dos más para afianzar un sistema de juego que, de prosperar, traerá más alegrías que tristezas.
Y eso que ayer al Colectivero le costó encontrar la llave para destrabar un cerrado planteo salteño. Porque la idea de jugar de manera asociada y por abajo chocó una y otra vez con la doble línea de cuatro visitante, que tuvo en los primeros minutos a Ceballos como punto más alto.
Central apostó decididamente a cortar juego y salir de contra, y otra pudo haber sido la historia si Gaona no le tapaba un mano a mano a Perillo en el arranque del juego.
Pero el Cuervo ofensivamente no hizo mucho más. Crucero se hizo dueño y señor de las acciones, acarició la apertura con un cabezazo de Semino -el que más empujó desde el fondo- y también pudo haber convertido si Márquez no definía tan displicentemente en la boca del arco una asistencia corta de Brítez.
Pero justo antes de pisar los vestuarios, a los 46’ de ese primer capítulo, llegó el tranquilizador gol de Lucas Rodríguez. El ex Antoniana culminó con un zurdazo cruzado en el segundo palo una gran jugada que nació con un taco de Pey, y sirvió para que las palabras de Labaroni para con sus dirigidos en los camarines sean más tenues.
Ese gol, muy festejado por el contexto poco grato de presentaciones anteriores, soltó un poco más a los anfitriones, que en el complemento, con espacios disponibles, pudieron realizar un poco más su juego.
Sin lucir arriba, pero con la solidez de la dupla central y la tranquilidad de saberse en ventaja, Crucero le trasladó las obligaciones al rival, que demostró tener escasas variantes y determinación ofensivas. Para la televisión quedará la polémica jugada en la que los salteños pidieron penal de Nieva sobre Oga cerca del cierre.
Así, Santa Inés disfrutó del primer triunfo en la era Labaroni, que al menos en los números empieza a tener un equilibrio.

Fuente: territoriodigital.com

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