Propio de una obra maestra de Alfred Hitchcock, de una interminable zaga del terror propia de los mayores espantos, Juventud Antoniana protagonizó una nueva decepción ante su gente, la cuarta en forma consecutiva en el estadio Martearena, donde cayó una vez más en un profundo pozo futbolístico, esta vez víctima de Crucero del Norte, que lo venció por 2 a 1.
Las mejores salas del mundialista fueron testigos oculares de una reversionada obra del género que, lejos de provocar éxitos de taquilla, causó la más honda decepción de los espectadores. Y esta noción del “crucero del terror” en el que sucumbió el santo radica en la sensación de que el equipo de Jorge Solari, en tan sólo dos fechas, perdió la brújula y expuso nuevamente la sensación de ser un equipo partido y sin respuestas anímicas.
Es cierto, no ligó, dilapidó demasiadas situaciones, erró un penal, el juez Medina Lobo no le cobró otro (a Ermini), y el arquero misionero, Julio Gaona, fue una muralla infranqueable en cada intento. Pero las alarmantes impericias defensivas y la no menos preocupante ausencia de capacidad para resolver cada situación o hilvanar un juego asociado son algunos de los síntomas de un equipo desmoralizado y sin rumbo, en el que nadie se muestra como opción de juego -salvo los intentos solitarios de Hernán Hechalar-.
La contracara fue un Crucero que madrugó a los 2’ con un gol de Fernando Márquez casi desde las duchas, y que luego aprovechó, tras una perfecta triangulación entre Márquez, Cabrera y Derlis Soto, a los 12’ el segundo horror garrafal en una salida de un casi inexistente Agustín Ten y la postal de una defensa impávida. El colectivero manejó los tiempos y la pelota a gusto y placer hasta el final. Y si bien el santo esbozó sus signos vitales en el complemento y mejoró su producción, volvió a partirse en dos tras el penal que Gaona le contuvo a Walter García. Al final, el descuento de Héctor Gaitán de penal quedó para las estadísticas.
Pero ni esa circunstancia ni las innumerables chances desperdiciadas tapan el oscuro panorama.
Marcha de la bronca
El tristemente célebre “que se vayan todos”, propio del descontento popular, fue el hit más entonado en la fatídica noche de viernes en el Martea rena. El hincha antoniano (asistieron alrededor de 2.000
personas) expresó su marcha de la bronca, y a través de sus cánticos pidieron por la “cabeza” de los jugadores, los mayores responsables para ellos.
Y ese descontento desbordó en la reacción de varios hinchas, que se treparon al parapelotas y amenazaron con invadir el campo a los 22’ del segundo tiempo, por lo que el partido sufrió una suspensión de diez minutos, y también en el intento de agresión al vicepresidente Rubén González, por parte de un plateista.
Fuente: El Tribuno.




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