Contra Talleres parecía triunfo y no fue. Contra Sarmiento, por la Copa, también. Caer en el mismo error hubiera sido un duro golpe de digerir. Pero esta vez Crucero pudo festejar.
Por la 8° fecha del torneo Argentino A, el Colectivero fue muy superior a Gimnasia y Tiro de Salta. Y si se impuso sólo 1-0, por el golazo de Brítez, fue porque el palo se lo negó tres veces y porque faltó precisión para definir un partido que lo tuvo al local como amplio dominador.
Con la victoria, el equipo misionero se mantiene en los puestos de arriba y ahora estiró a cinco partidos su invicto en el certamen.
El nivel a mantener
Como ya es sana costumbre cada vez que juega en Santa Inés, Crucero impuso el ritmo de las acciones. Esta vez, ante las ausencias de Mosevich y Juan Cabrera, el Colectivero no agredió tanto por el sector derecho, aunque Brítez intentó ser, de los mediocampistas, el encargado de vestirse de conductor.
Justamente el reaparecido Pey fue el más incisivo a la hora de agredir. Primero sorprendió a Valdiviezo de larga distancia pero su remate se fue apenas desviado, y más tarde, aprovechó una asistencia de Del Bono pero disparó alto con un arquero que ya miraba desde el piso.
La referencia ofensiva que significa Bazán Vera obligó a tomar los recaudos del caso, aunque fue la velocidad de Cartello y Quiroga, además de la precisión para jugar con cambios de frente, lo que más preocupación llevó al fondo misionero.
Pero la insistencia de Brítez tuvo premio en el tercer intento. Él robó una pelota en la salida salteña e inició una contra que prosiguió en Batista y Martínez, el atacante abrió el juego a la izquierda y devolvió para Pey, que enganchó para su mejor perfil y sacó un sublime latigazo que se metió en el ángulo superior de un sorprendido Valdiviezo.
Palo, palo bonito
Tras el gol fue todo de Crucero. Brítez casi hace otro golazo pero su derechazo reventó el palo derecho, y enseguida nomás fue el travesaño el que se lo negó a Del Bono. Batista se despertó por izquierda, la técnica de Pey se agigantó tras la apertura y el propio atacante rafaealino aceitó cada pieza del engranaje para que todo funcione sobre rieles.
Por todo eso, y porque controló a su rival en todo momento, quedó una sensación de disgusto tras el ‘escaso’ 1-0 con el que durmió el primer tiempo.
Y los nervios siguieron tras el inicio del complemento, porque de entrada nomás, Martínez sacó un remate cruzado que rozó el palo antes de irse afuera.
Crucero necesitaba -y merecía- un gol más para jugar más tranquilo. Y para que las pequeñas grietas que comenzaba a dejar en el fondo el Lobo salteño comiencen a ensancharse.
Gimnasia cambió de camiseta (dejó la rosa y volvió a la tradicional albiceleste), de piezas (ingresaron Navarro y Núñez) y hasta de sistema (pasó del 4-4-2 al 4-3-3), pero mantuvo su liviandad ofensiva y se hizo muy previsible.
Maxi Batista demostró que no le falta nada para ser titular y su picardía y atrevimiento fueron tubos de oxígeno importantes para que Gimnasia no se venga con todo.
A excepción de algunos minutos en los que Gimnasia se animó con más ganas que fútbol, Crucero manejó y controló el trámite de principio a fin. Jugó en el nivel que se le exige y dio una nueva muestra de carácter. De esas que hacen falta para entusiasmar y entusiasmarse.
Fuente: Gustavo Hollmann, El Territorio.




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