Tras 10 derrotas consecutivas como local, Mitre levantó un partido increíble y se impuso 66-60 frente a Nicolás Avellaneda. Así, todavía tiene esperanzas de mantener la categoría
Cuánto hacía falta un desahogo así. Cuánta carga se sacaron del hombro los jugadores en ese expresivo abrazo final. Cuánta impotencia evaporada. Y eso que fue, desde los números, sólo una victoria. Un triunfo que no modifica demasiado las cosas en el ámbito matemático.
Pero sí en lo anímico. En lo mental. Y por eso es entendible que Mitre haya valorado casi como un campeonato su primer éxito como local en el Torneo Federal de básquet.
Después de haber sufrido 10 derrotas consecutivas como local, 11 seguidas en los últimos tres meses, acumular un récord negativo de 1-18 y de padecer el alejamiento de dos entrenadores en el mismo torneo, el Auriazul al fin se dio un gusto ante su gente y, después de una enorme reacción en el último cuarto, venció a Nicolás Avellaneda de Santiago del Estero por 66-60.
Si alcanzará la victoria para evitar el descenso, sólo el tiempo lo dirá. Pero a veces, la fuerza anímica sustituye las carencias técnicas, y el Auriazul al menos tiene de dónde agarrarse para no perder la fe.
Gran reacción final
Mitre venía de perder un partido atípico frente a Talleres cuando parecía que tenía el éxito en el bolsillo. Esa derrota derivó en la salida de Diéguez. Y ante Avellaneda, ya con Magri en el banco, parecía repetirse la historia.
Primero vino el aluvión local para el 25-19 del primer cuarto. Pero enseguida aparecieron los forzados e innecesarios tiros de tercera dimensión, las malas decisiones y los constantes errores en la rotación y la visita, con la jerarquía de Santucho en la pintura, comenzó a equilibrar las cosas, primero, y a tomar distancias, después.
Avellaneda ganó el segundo 17-10 y fue aún más letal en el tercero, imponiéndose 18-8, sacando una máxima de 11 puntos (43-54) al cabo de la media hora de juego.
Pero la gente empezó a vivir su partido. Una derrota hubiera sido adelantar el pasaje al infierno. Confirmar un descenso que parece difícil de esquivar. Y los jugadores respondieron al calor popular.
Diesel y Rojas condujeron con criterio, Paredes y Magallanes se adueñaron de la pintura y Ciganda metió una bomba clave para torcer la historia.
Los visitantes se quedaron sin piernas. Santucho no tuvo compañía y lo que antes entraba ahora tenía diferente destino. Mitre secó a Avellaneda (6 puntos y sólo dos dobles) y metió un parcial de 23-6 para darle forma a su primera alegría casera, esa que alimenta el sueño de seguir en la categoría.
Opiniones
“Esta vez supimos cerrar el partido; al fin del tercer cuarto parecía que se nos complicaba, porque nos faltó juego, pero siempre confiamos en nosotros, estamos muy bien como grupo y por fin se pudo reflejar en la cancha con una victoria. Perdimos partidos por no saber cerrarlos, por no defender de manera correcta, y no sólo contra Talleres sino contra varios equipos, ahora se nos dio y sirvió para ganar. Yo confío en que más allá de cómo nos vaya, que este torneo les sirva de experiencia a muchos pibes del club. Sería una hazaña si logramos mantener la categoría, y sería muy bueno que Misiones pueda tener dos equipos en la tercera categoría del basquet”.
Andrés Paredes
Ala pivote de Mitre
“Al fin pudimos cortar con el maleficio de no poder ganar como local. Los otros equipos están más armados, creo que esa es la diferencia; nosotros seguiremos luchando hasta donde podamos. Tenemos tiempo de zafar del descenso, pero sabemos que también dependemos de lo que haga Sarmiento de Formosa”.
Cristian Diesel
Base de Mitre
Fuente: Gustavo Hollmann, El Territorio.




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