El Japonés se encontró con un rival claramente superior, perdió sin atenuantes 103-69 con Unión de Santa Fe y se despidió del Torneo Federal. Le puso fin a su mejor campaña nacional.
Infranqueable. El entrerriano Luciano Garrone intenta ingresar a la pintura ante la marca del grandote Tettamanti (Foto: Sixto Fariña)
Ante rivales como Unión, no hay demasiado por hacer. Tokio entregó todo lo que tuvo en el encuentro de vuelta de los cuartos de final del Torneo Federal, pero se encontró con un rival de categoría superior al que nunca pudo hacerle frente.
El Japonés perdió sin atenuantes 103-69 en el Templo Oriental y de esa manera se despidió de la tercera categoría del básquet argentino.
El Tatengue, que también había ganado con suma autoridad el primer punto de la serie (87-57), tuvo una altísima efectividad de porcentaje en lanzamientos de campo y contó con un enorme Memo Rodríguez, autor de seis triples y 27 puntos.
Ante un Templo Oriental que respondió en la medida esperada, los dirigidos por Juan José Bidarra ofrecieron resistencia hasta donde pudieron, porque los visitantes dieron claras muestras de su mayor jerarquía individual y ganaron los cuatro cuartos para instalarse entre los mejores cuatro de la región.
Tokio tuvo una primera fase muy buena, un segunda ronda excepcional y hasta evitó la Reclasificación. Pero en los playoffs siempre aparecen los favoritos, y Unión no dejó ninguna duda respecto a sus ambiciones de ascenso.
Además de la intratable figura de Memo Rodríguez y la superlativa efectividad de Tettamanti, el Tatengue brindó una clínica de juego aplicando a la perfección los conceptos de rotación, circulación, velocidad y armado de juego.
Con Gastón García como generador y la claridad de Sieiro y Godoy, Unión sacó rápidas ventajas ya en el primer cuarto. Aplicando una destacada marcación zonal, e imponiendo su altura en la pintura, la visita no le dio opciones de tiro al dueño de casa, que sólo por momentos pudo lastimar a través de Garrone y Acosta.
Pero Román Rodríguez necesitó sólo un par de minutos para acomodarse en la cancha y demostrar todo aquello que lo llevó a brillar en el básquet argentino. Baluarte del juego defensivo y líder por naturaleza, Memo fue el hombre cerebral en los primeros 10’ y una bestia indomable en los siguientes 10’, período en el que encestó 21 puntos.
Unión se llevó el primer parcial 22-16 y en el segundo explotó sus virtudes para ganar 30-13 y tomar una ventaja casi indescontable de 23 puntos.
La ilusión que se había generado en la previa se diluyó tan rápidamente que ni siquiera hubo tiempo para pensar en la hazaña.
Más allá de la incredulidad de propios y extraños, y mientras el apoyo desde las tribunas intentaba repercutir en el ánimo de los jugadores, sólo quedaba disfrutar del juego rival. De la jerarquía de jugadores que tienen otra categoría, varios de los cuales tranquilamente pueden tener un lugar en el TNA e incluso en Liga Nacional.
Aunque la diferencia, tanto en el marcador como en el juego, era abismal, Tokio no tiró la toalla tan rápido. Fulquet, que la tuvo que pelear solo en tierra de gigantes, intentó ponerse el equipo al hombro (marcó 10 puntos en el tercer segmento) junto a Garrone, pero los dirigidos por Juan Siemenczuk lastimaron una y otra vez a través del grandote Tettamanti, quien en una ráfaga metió tres bombazos para sellar definitivamente la suerte del Japonés.
A partir de ahí, tras ganar el parcial 28-19 y tomar una máxima de 32 (80-48), el cuerpo técnico de Unión le dio minutos a los que menos juegan e hizo descansar a sus principales figuras, anticipando lo que será el duelo de semifinales.
Ya con la historia definida, Huevo Bidarra entendió que era una lucha entre David y Goliat, y que sólo había tiempo para que la gente despida con todos los honores a un equipo que dejó su huella en la historia del club Japonés.
Fuente: Gustavo Hollmann, El Territorio.




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