Liberó el grito ganador

Cuatro meses tuvo que esperar Crucero para festejar de nuevo en la B Nacional. Con goles de Pérez y Álvarez, venció a Sportivo Belgrano por 2 a 1 en Santa Inés.

Liberó el grito ganador

Desahogo. Crucero superó en casa 2-1 a Sportivo Belgrano y halló el primer triunfo del año. Quedó a dos puntos de Independiente, tercero en las posiciones (Foto: Sixto Fariña) 
No hay racha que no se corte. Y Crucero, de eso, sabe bastante. El año pasado estuvo 13 partidos sin ganar. Y ayer, ante Sportivo Belgrano, le puso fin a una serie de nueve partidos sin victorias en la Primera B Nacional.
No fue para nada fácil lograr el primer éxito del año. El 2-1 frente a Sportivo Belgrano, en Santa Inés, fue como una gota de agua fría en el medio del desierto.
Ganó bien el Colectivero, porque fue superior a lo largo de los 90 minutos y porque esta vez no falló todo lo que originó en el arco de enfrente. Así, se alejó de la zona roja y se acercó a los puestos de arriba.

La apuesta dio sus réditos
Con la presencia de Cólzera, Olivares y Bruno desde el minuto cero, Schurrer intentó armar pequeñas sociedades y llevar peligro por abajo. Inclinó la cancha a su favor y puso a su rival contra su propio arco. En los primeros minutos chocó con la solvencia del grandote Claudio Verino, que se cansó de cortar juego. Pero rápidamente, a los 10’, el local le puso una pizca de justicia al desarrollo. Cólzera la inició por derecha, tocó corto para Pinti Álvarez y éste de primera asistió a Tarrito Pérez, que camino al área grande le ganó al mismísimo Verino y definió cruzado al palo derecho del arquero para el 1-0.
Sportivo, que en 12 enfrentamientos ante el Colectivero sólo consiguió una victoria, se mostró como un equipo tibio ofensivamente, con un punta no muy rápido, y con un medio pensando más en la recuperación que en la gestación de juego. Pero vivo a la hora de capitalizar errores
Por eso a los 17’, tras una pelota aérea que cayó al corazón del área, el capitán Martín García estuvo en el lugar indicado en el momento justo y con un zurdazo al ángulo superior del arco defendido por Caffa marcó el inesperado 1-1. Y como los protagonistas de un partido son los goles y no los merecimientos, lo anterior poco importaba. Había que empezar de cero.
Por suerte Crucero no se desesperó ante el impacto. No cambió su forma de juego y volvió a meter a Sportivo contra un arco. Hubo diferencia de velocidad entre uno y otro. Crucero jugaba en 5ª y Sportivo en 2ª. El Colectivero aceleraba y en cuestión de segundos pisaba el área rival.
Pero también se equivocaba, como a los 28’, cuando el fondo dio un sinfín de facilidades y Caffa se vistió de héroe para taparle un bombazo con destino de red a Quiroga.
A los 33’ el que no estuvo fino fue Pinti, quien perdió el duelo mano a mano con Rigamonti. Crucero tuvo mayores chances, pero Sportivo, con un libreto muy disminuido, se las ingenió bien para asustar a más de uno.
Aunque parezca una metáfora, cuando se encendieron las luces del estadio se apagaron las ideas del Colectivero. El equipo cordobés supo cómo controlar el aluvión del primer tiempo y tomó mayores recaudos y más determinación a la hora de marcar al tridente creativo del local.
Entonces aparecieron las improvisaciones, los improductivos pases largos de Irala y Nievas Escobar y un intercambio de posicionamientos que no ayudaron a la causa.
Lo que sí ayudó, y de qué manera, fue la inclusión de Franco Cabrera. Polaquito, en un momento de confusión generalizado, aportó orden y progreso. Y su sello distintivo se vio a los 22’, cuando le metió un pase milimétrico a Pinti, que acompañó la trayectoria de la pelota en su descenso y, fiel a su estilo, entrando al área chica le reventó el arco a Rigamonti. ¿Y la sequía goleadora? A los archivos.
Ese gol, y la poco entendible expulsión de Franco Miranda por protestar segundos más tarde vaya uno a saber qué, le devolvieron las luces a Crucero. Empezó el toqueteo, el juego preciso en espacios reducidos y florecieron las situaciones, como la que tuvo mano a mano Álvarez para que se luzca Rigamonti. El equipo de Schurrer tuvo a todo a su favor para sellar el pleito.
El triunfo no se podía escapar. El desahogo debía llegar. Era ahora o nunca. Afortunadamente, el historial le hizo un guiño de ojos a Crucero, que se apoyó en la paciencia y la inteligencia para asegurar el resultado. Era hora que el 2014 trajera su primera alegría.

Por Gustavo Hollmann, El Territorio.

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