Crucero vivió una noche perfecta en Santa Inés. Derrotó a Independiente por 3-1, superó el objetivo de los 50 puntos y volvió a puestos de ascenso a falta de 8 fechas para el final.

De la mano de Crucero del Norte, los amantes de la redonda en la tierra colorada se convocaron en Santa Inés y disfrutaron por partida triple.
Además del marco multitudinario y la expectativa que se generó en la previa, en el durante y el post del juego, la alegría fue completa por el enorme triunfo que consiguió el Colectivero nada menos que frente a Independiente, en lo que fue el cierre de la 34ª fecha de la B Nacional.
El triunfo, histórico por ser el primero de Crucero ante un grande, sirvió además para cumplir con el primer objetivo de llegar a los 50 puntos. Con los 52 que cosechó hasta el momento, el equipo misionero no sólo enterró al fantasma del descenso, sino que alcanzó a Instituto de Córdoba y volvió a puestos de ascenso a Primera. Ni más ni menos.
A pedir de Crucero
El presente de Independiente sufrió una nueva puñalada en el arranque nomás del partido. Dardo Romero se animó por su sector, caño mediante, inició el ataque y la jugada terminó en un córner. De esa pelota parada, el reaparecido Diego Calgaro anticipó a todos en el juego aéreo y desató la euforia en Santa Inés. En apenas 180 segundos de juego salió el sol para el Colectivero y llegó literalmente la noche para el Rojo.
De Felippe, que en la previa había amagado con incluir a dos delanteros de área y al Rolfi como abastecedor de juego, finalmente puso en cancha un 4-4-1-1, y cuando súbitamente se encontró en desventaja no supo cómo, dónde y de qué manera encontrar espacios para lastimar.
Contrariamente, a Schurrer se le presentó un panorama más que alentador. El tridente ofensivo (Olivares, Bruno y Cólzera) causó estragos en campo contrario y con la movilidad de la pelota Crucero empezó a inclinar la cancha a su favor.
A los 12’, Pinti habilitó a Olivares por el callejón derecho y éste, en el vértice del área, la picó con clase para que Rodríguez salve de milagro el 2-0.
La defensa del Rojo ofreció la misma pálida imagen de siempre y los creativos del Colectivero se hicieron un festín cada vez que apretaron el acelerador.
Colectivamente el dueño de casa ofreció una mejor versión, aunque individualmente, el Rojo tiene hombres que marcan diferencias. Uno de ellos, si no el principal, es Daniel Montenegro. A los 22’, y después de una clara infracción de Manzanares sobre Fredes al borde del área, el Rolfi le dio con mucha rosca en el tiro libre, la barrera ofreció ventajas y la pelota se metió mansamente sobre el palo derecho de Tito Caffa para el 1-1. Inmerecido, pero real. Y como el fútbol también es cuestión de estados anímicos, los roles cambiaron, el que estaba agrandado entró en la confusión y el confundido se agrandó.
Montenegro se vistió de conductor y a partir de su claridad conceptual el equipo de Avellaneda se soltó y comenzó a visitar más asiduamente el área de Caffa.
A los 34’, Cólzera se asoció con Olivares, Maravilla mandó un centro pasado al corazón del área y Pinti, hambriento de gol como pocos delanteros en el fútbol argentino, dio el salto más alto de su vida y conectó el frentazo para el 2-1.
La diferencia de sed, de ganas, de decisión mental, de determinación, entre un equipo y otro, quedó claramente evidenciada con ese segundo gol.
Hubiera sido injusto que el Rolfi, en su segunda pelota parada, a segundos del final, volviera a dejar las cosas como al principio.
El Colectivero cerró de buena forma el primer tiempo y llegó mucho más entero al complemento. El Rojo, como todos los que pisaron el exigente césped de Garupá, sintió el desgaste físico y las piernas no respondían a lo que indicaba la cabeza.
Arriesgó De Felippe con los ingresos de Pisano, Menéndez e Insúa, pero Crucero fue inteligente para cortar los circuitos de juego.
De hecho, siempre estuvo más cerca el tercero del local que el empate del visitante, ya que a Bruno se lo negaron entre Rodríguez y el palo. Pinti pudo rematar la historia a los 15’ pero no estuvo fino. Pero el paraguayo no se queda en simples intentos. A los 32’ Bruno armó un jugadón por derecha, desparramó a cuanto defensor se le puso enfrente y mandó el bombazo al área chica, y nuevamente, como goleador de raza que es, Pinti atropelló como un camión en caída libre y sentenció la historia.
La espera valió la pena. En la tierra roja, la sangre roja corrió por las venas de Crucero.
Por Gustavo Hollmann, El Territorio.




1 comentario
Felicitaciones a los integrantes del plantel de crucero del norte que anoche nos dieron una gran alegría a los misioneros y hasta la primera división del fútbol no paramos.-