Crucero y Guaraní sufren la falta de regularidad, pagan un precio muy caro con cada error y no pueden despegar en el inicio de la B Nacional. Ganar como visitante, un verdadero karma.

No obstante, y teniendo en cuenta lo accesible que es lograr uno de los 10 ascensos a Primera División, el presente los encuentra a ambos en una incómoda situación.
Crucero, que afronta su tercer campeonato consecutivo, mantiene intactas sus posibilidades de subir a la A. Si bien por ahora se ubica afuera de los puestos de ascenso, tiene un partido menos que sus rivales y sólo lo separan dos unidades de Sportivo Belgrano, que por ahora se queda con el quinto y último pasaje hacia la elite.
Lo que preocupa en Santa Inés tiene que ver con los resultados y la irregularidad que muestra el equipo cada vez que juega de local y de visitante. El equipo dirigido por Gabriel Schurrer gana en casa y pierde afuera. Ni siquiera llega a la media inglesa (ganar de local y empatar como visitante) que busca la mayoría de los técnicos.
La derrota (2-1) del lunes en Mendoza frente a Independiente Rivadavia, la 10ª consecutiva jugando fuera de Misiones, alimentó esa interminable racha de partidos sin poder sumar como visitante, y así las cosas, los tres puntos que pueda conseguir el equipo de local (que lejos están de ser una garantía) pasan a ser una obligación más que una posibilidad.
Es verdad que Crucero, excepto ante Unión en Santa Fe, sufrió derrotas ajustadas jugando afuera, pero también lo es que en el Andrés Guacurarí venció con lo justo a Santamarina (2-1) y All Boys (1-0).
Sumar de visitante, ya no hablar de ganar, es un problema al que Schurrer aún no le encuentra respuesta. Y si, como bien reconoció el propio entrenador y también sus dirigidos, ganar de visitante “depende de la cabeza de cada jugador”, habrá que buscar otras alternativas a la cuestión psíquica, que, por otra parte, tan buenos resultados muestra cuando el Colectivero juega en Santa Inés.
Guaraní, adaptándose
Si de flojos resultados se trata, Guaraní está sufriendo aún más en sus primeros pasos en la divisional.
El Chaucha Bianco adelantó en la previa del torneo que el equipo necesitaría al menos cinco o seis partidos para acomodarse en la B Nacional. Pasaron cinco, con tres empates 0-0 de local y dos derrotas como visitante. Salir de Misiones, por lo visto, es un verdadero karma para los equipos misioneros.
La Franja, que nunca se destacó por su contundencia, sigue padeciendo la falta de gol.
El equipo, de a poco, se está acomodando a una categoría claramente más exigente al Argentino A.
Sintió en carne propia el elenco de Villa Sarita que los errores no se perdonan, y una equivocación, tal como sucedió ante el Sabalero, puede derivar en una derrota abultada cuando el punto parecía ser un negocio redondo.
Afortunadamente, la ausencia de descensos, al menos a corto plazo, permite trabajar con tiempo y no estar con la soga al cuello, pero si a lo que se apunta es al ascenso, los dos representantes misioneros deberán dar un golpe de timón y apostar por nuevas ideas.
Fuente: El Territorio.



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