Salto de categoría

A diferencia de Tigre la semana pasada, Vélez sí le demostró a Crucero lo que significa jugar en Primera y con goles de Cabral y Asad se impuso 2-1 en Liniers. Nicolás Martínez descontó en el cierre.

Salto de categoría

Hizo fuerzas hasta donde pudo Crucero. Pero Vélez aprovechó un error y así justificó la superioridad que mostró en la cancha.
En lo que fue su debut como visitante en Primera División, el Colectivero perdió 2-1 en su visita a Liniers y se quedó con las ganas de dar el batacazo de la 2° fecha del campeonato.
Después de ser claramente superior en los primeros 45 minutos, el Fortín encontró en un cabezazo de Cabral y una exquisita definición de Asad su segundo triunfo consecutivo y la punta del torneo.

El equipo misionero sufrió la jerarquía de un rival más claro y ambicioso y, aunque se animó un poco más 1-0 abajo, no tuvo restos ni la claridad suficiente para robarle un punto a uno de los candidatos al título.
Y encima tiene que pagar derecho de piso. A los 8’, luego de una buena proyección ofensiva de Tarrito Pérez, la pelota derivó en Dardo Romero, quien sacó el latigazo de zurda y la pelota claramente pegó en el brazo de un central. Laverni interpretó que no hubo intencionalidad y el siga-siga se sintió como una injusticia en el conjunto misionero.
No obstante, 30 segundos más tarde, Diego Torres buscó a Ávalos con un pelotazo profundo, el paraguayo ganó en velocidad y camino al área sacó el bombazo que tapó magistralmente el uruguayo Sebastián Sosa.
Aunque desde el primer minuto quedó bien en claro la postura cautelosa y conservadora del Colectivero, el partido se dio como quería el técnico Schurrer: Vélez con la pelota pero sin profundidad; Crucero replegado pero con espacios para lastimar de contra.
El equipo dirigido por Miguel Russo intentó atacar constantemente por las bandas, pero fue por el sector defendido por Dematei y Romero por donde encontró algunas opciones, sobre todo cuando la pelota pasó por los pies del desequilibrante Cabral.
Pero refugiarse tan cerca de Tito Caffa también trajo sus consecuencias. Los 11 jugadores del Colectivero estuvieron prácticamente siempre en campo propio, y Vélez en cada cambio de ritmo parecía tener una clara chance de gol.
La permanente movilidad de Milton Caraglio, la precisión en el toque corto entre Rolón, Romero y el propio Cabral y las interminables proyecciones de Cubero y Jerez no le permitieron tomar aire al conjunto de Schurrer durante los primeros 45 minutos. Aguantar a Caraglio y Pavone les demandó un verdadero esfuerzo a Tomasini, Rosso y compañía.
Vélez, que parte como uno de los favoritos al título, fue el primer equipo que le hizo sentir al Colectivero el auténtico cambio de velocidad que existe respecto de la B Nacional.
Si no fuera por una gran tapada de Caffa, por un cruce oportuno de Tomasini o por, nadie podía negar a esa altura que el dueño de casa ya merecía la apertura. Lo de Crucero era aguantar, presionar, correr y soñar con alguna contra. Vélez, en 45 minutos, dejó bien marcada la superioridad en el juego.
Lo que se veía en el desarrollo se trasladó al marcador en el inicio mismo del complemento. A los 4’, Cubero metió un gran pase en cortada para Rolón, éste mandó el centro pasado y Ariel Cabral, por atrás de todos, metió un frentazo débil pero bien colocado que Caffa, mal ubicado, jamás pudo rechazar. Justo en la situación menos clara del partido, el local encontraba en un error la apertura. Deberá acostumbrarse Crucero que, en Primera, un error puede ser sinónimo de derrota.
Abajo en el marcador, Crucero dejó el hasta entonces prudente 4-1-4-1 y con los ingresos de Monserrat y Nico Martínez y un renovado 4-3-1-2 crecieron las expectativas. Pero no mucho más que eso. Los frutos que no encontró Schurrer en el banco sí los encontró Russo en el suyo, ya que el ingresado Yamil Asad, en la primera que tocó, marcó un golazo para el 2-0.
El descuento de Martínez, con un golazo de tiro libre, le dio 5’ más de vida al Colectivero. No alcanzaron. Vélez, a diferencia de Tigre la semana pasada, sí le demostró a Crucero lo que significa jugar en la A.

Salinas pasó desapercibido en el precalentamiento
Miguel Ángel Salinas, el actual entrenador de arqueros del Colectivero y que surgiera futbolísticamente en Vélez Sarsfield, pasó totalmente desapercibido en el estadio José Amalfitani cuando saltó a la cancha para la entrada en calor de Germán Caffa y Horacio Ramírez. Pico, que en la Primera del Fortín supo ser suplente de Ubaldo Matildo Fillol y Julio César Falcioni, se dio el gusto de jugar cuatro encuentros en el equipo de Liniers, en los que recibió goles de Mario Cariaga y Adrián Taffarel, ante Chaco For Ever, y Norberto Ortega Sánchez y Juan Romero Fleita, frente a Racing.

Con acento boliviano
Liniers es un barrio de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, está habitado fundamentalmente por familias de clase media-baja y posee un centro comercial, que además cuenta con grandes zonas de comercios pertenecientes a la colectividad boliviana y en menor medida a la peruana. Al recorrer sus calles se pueden observar muchísimos productos raros, de diversas formas, gustos y colores que los descendientes no se cansan de ofrecer en lengua castellana y también en quechua.
“¡Torta, torta caserita, sale cinco pesitos!, se escuchaban los gritos de una señora que carga a su hijo en brazos ofreciendo una tajadita de la torta. Otra mujer, en la entrada del local Don Juanito, ofrece sus productos, entre los que sobresalen el quesito de cabra, chuño, mote, trigo, locoto y tantos otros productos.
En la zona comercial del barrio de Liniers, ubicada sobre la calle José León Suárez,  entre Ibarola y Ramón Falcón, se puede encontrar toda clase de productos típicos de Bolivia, en restaurantes, vestimentas y música, y es el punto de encuentro de la comunidad boliviana, una de las más grandes colectividades residentes en  la Argentina. Visitar este lugar  es viajar imaginariamente hasta un mercado de Bolivia.
Hay dos galerías, una frente a la otra, con muchos locales que venden desde joyas, CDs, DVDs, ropas, juguetes y en las puertas helados, licuados de fruta, jugos de lino o durazno y empanadas rellenas con queso. Incluso se pueden comprar o alquilar en algunas tiendas los coloridos trajes del folklore boliviano o hasta contratar a algunos grupos musicales bolivianos.
La mayoría de estos locales  vende una gran variedad de productos regionales típicos bolivianos, como el chuño (papa deshidratada), haba frita, mote, trigo partido, locoto, lino, etc. También, se venden frutas tropicales como la papaya, plátano, mango, yuca, pacay, maracuyá, entre otros. En especial, en estos lugares uno puede encontrar muchos condimentos, semillas y frutas secas. Esta zona, a unos metros de la estación de Liniers, además de funcionar casi como un mercado, es un sitio de encuentro de todos los paisanos para no olvidar sus costumbres y raíces.

Fuente: Gustavo Hollmann, El Territorio.

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