Con goles de Narese y Barinaga, Guaraní estuvo dos veces arriba en el marcador, pero Atlético Tucumán apeló a su inteligencia y selló el 2 a 2. Un punto que suma.

¿Cuánto hay que sufrir para sumar un punto? Bastará con observar detenidamente el partido que Guaraní igualó ante Atlético Tucumán para darse cuenta de la respuesta.
Es que, por primera vez en la temporada, la Franja se vio superada futbolísticamente por un rival más que inteligente, que entendió las dimensiones del campo y que lo aprovechó de gran manera.
El Decano tucumano hizo las cosas bien, aunque no contaba con la garra a la que apeló el local para imponerse dos veces, pero terminar agarrando con agrado la igualdad.
Con tantos de Narese, goleador de la Franja con cuatro tantos, y Barinaga, Guaraní se paseó con ventaja durante buena parte, pero con tantos de Acosta y el Pulga Rodríguez, la visita se acomodó y se llevó un punto del Clemente Argentino Fernández de Oliveira.
Pocos partidos comenzaron con tanto vértigo en Villa Sarita. Uno vino sabiendo lo que tenía que hacer, otro buscando la rápida recuperación. Por eso, Atlético Tucumán adelantó las líneas laterales y exigió tanto a Narese como a Formica.
Guaraní no soportó el ritmo que intentó proponer, porque esa vehemencia que mostró al principio se apagó con el crecimiento rival.
Claro que hubo chances, y en poco tiempo. Apenas iban dos minutos cuando le quedó a Barinaga en soledad. El 10 tomó aire, remató potente y quemó las manos de Lucchetti, que ganó el primer duelo mano a mano. Esa fue la sensación de peligro que hubo durante la primera parte. De un lado y del otro siempre estuvo firme el olor a gol.
Otro ejemplo claro de esa sensación fue cuando Milton Zárate probó desde lejos y puso en aprietos al uno rival, que al mismo tiempo empezó a recibir rollos de papel desde la César Napoleón Ayrault.
Y si el duelo entre Barinaga y Lucchetti empezó a los 2’, cómo no iba a continuar durante esa primera etapa. Justo a los 20’, el ex Banfield adivinó las intenciones del 10 local, que sin ángulo buscó el cuerpo y lo encontró.
Atlético expuso credenciales: a puro toque llegó al área cuando Guaraní pasaba por su mejor momento. La Pulga Rodríguez dejó pagando a Albarracín y habilitó a Acosta, pero Leyes cerró justo.
Segundos después fue Evangelista el que subió para que el rival tenga número superior en campo rival. El ex Boca hizo estallar el travesaño, a estas alturas el mejor amigo de Guaraní en Posadas (si se suman los tres de Ferro, ya son cuatro las veces que salvó el larguero).
El Decano mejoró, tomó la posta y estuvo muy cerca, aunque fue Narese el que se quedó en el área tras un córner desprolijo pero con garra por parte de Albarracín. El Mariscal buscó la forma de centrar, la encontró y de la mejor manera, porque Narese aprovechó la fe que se tuvo para quedarse y definió tras pararla con el pecho.
Hizo justicia rápido el Decano, cuando el segundo tiempo se puso en marcha. En soledad, pero gracias a una excelente habilitación de tres dedos del Pulga Rodríguez, Guillermo Acosta la picó ante la salida de Medina.
En el tercer mano a mano que tuvo Barianga, esperó, dio ventajas, juntó defensores y definió magistralmente ante la salida inútil de Luchetti, que a diferencia de las dos veces anteriores, perdió y feo con el capitán local.
Si bien Guaraní se afianzó como para cuidar el resultado, se descuidó de la peor manera, porque en el área propia cabeceó Luis Rodríguez, jugador 20 centímetros más bajo que el menos alto en la defensa franjeada. Con lo justo, porque a esa altura ya no era más que Guaraní la visita, el partido se puso 2-2 y otra vez quedó abierto, cuando todavía faltaban más de 20 minutos.
Pasaron muchas cosas antes de que López pitara el final. Pasó el remate de Gómez, quien ingresó en lugar de Piñero Da Silva, vio adelantado al 1 rival e hizo del travesaño amigo su peor enemigo.
Fuente: Emiliano Andreoli, El Territorio.



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