En el debut de Sebastián Rambert como técnico, Crucero retrocedió otro escalón en su objetivo de mantener la categoría. Regaló el primer tiempo, se puso a tiro y segundos después llegó la debacle. Un penal, dos expulsiones y una dura derrota 5-2 ante Unión.

Está difícil la cosa. Faltará mucho, sobrará confianza, se renovarán las expectativas con el nuevo técnico y seguramente se trabajará cada día más, pero cuando la cosa viene mal parida, viene mal parida.
En el debut de Sebastián Rambert como nuevo técnico, Crucero sólo jugó 10 minutos en Santa Fe. En ese minúsculo periodo de tiempo, el Tatengue sacó rédito de la larga e inofensiva siesta del Colectivero y sacó dos goles de diferencia que le quitaron toda emoción a los restantes 80 minutos.
Aunque duela y genere desilusiones, así está de complicada la realidad del equipo misionero. Adaptarse a Primera División está resultando un verdadero parto.
Crucero anoche ofreció innumerables ventajas, Unión se hizo un festín cada vez que se animó y el 5-2 fue el mejor reflejo de lo hecho por uno y otro.
El equipo santafesino, que estaba acostumbrado a arrancar sus partidos en desventaja y que no acumulaba buenos registros jugando como local, resolvió demasiado rápido y fácil su partido ante el Colectivero.
A los 6’, en su primera llegada profunda, Unión se puso 1-0: Enrique Triverio sacó a pasear a Dematei, habilitó a su socio Lucas Gamba y éste definió sin mayores complicaciones. Segundos después, antes de que se cumplan 10’, Malcorra metió un centro al corazón del área y Triverio -¿sabrán en Crucero que es el segundo máximo goleador del torneo?-, totalmente en soledad, metió el frentazo para liquidar el partido. ¿Tan rápido? Sí. Porque el local se agrandó anímicamente y empezó a tocar y tocar, mientras que el Colectivero se dejó dominar por los nervios y entró en un desorden nunca antes visto. Unión mereció el cuarto antes del tercero, pero por una cuestión de progresión se puso 3-0 gracias a otra muy buena acción colectiva que derivó en el anticipo ofensivo de Gamba.
Crucero pareció un equipo totalmente amateur, de barrio, donde unos pocos corren y nadie piensa. Unión, más aplomado, aprovechó cada una de las incontables desatenciones del equipo misionero y así nunca puso en jaque el triunfo, más allá del descuento de Ariel Cólzera en la última del primer tiempo.
Por ahí, si en el comienzo del segundo tiempo alguna avivada derivaba en el 2-3, la cosa iba a cambiar drásticamente. Iba a tomar otro tinte. Cuando Britez vio la roja y el Tatengue se quedó con uno menos, Crucero se agrandó. Empujó. Logró el descuento a los 30’ y se encendió la ilusión. ¡Pero qué poco duró! Unión movió, se animó, pisó el área de enfrente y Dematei le facilitó todo, absolutamente todo, al Tatengue. Díaz cobró el claro penal, Triverio facturó y chau esperanza. Enseguida la impotencia se devoró a los visitantes, el propio Dematei y Bareyro vieron la roja y Unión se terminó floreando.
¿Mantener la categoría? Con rezar y esperar no se pierde nada.



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