Crucero le ganaba 1-0 a Almagro y cosechaba su segundo éxito en fila, pero el árbitro Laverni se equivocó y el Tricolor alcanzó un polémico empate. Igualmente, el Colectivero no jugó bien.

Crucero del Norte terminó masticando bronca. Porque pese a no jugar bien le ganaba a Almagro y abrochaba su segundo triunfo consecutivo en la B Nacional, pero a poco del final, Laverni y el primer línea no vieron una clara mano de un jugador visitante dentro del área local que derivó en un empate muy cuestionado.
Por la 2ª fecha del torneo, el Colectivero empató 1-1 con el Tricolor en Santa Inés, retrocedió un escalón en esa idea del ‘tiki tiki’ y dejó escapar la chance de seguir arriba.
El sofocante calor planteaba un interrogante importante en la previa. Puede ser que los jugadores de Crucero estén más acostumbrados a las altas temperaturas que los futbolistas de Almagro, pero ayer claramente los dos padecieron los más de 40 grados de sensación térmica.
Después de lo que se vio en Sarandí la semana pasada, todas las miradas estaban puestas en lo que pudieran hacer Olivares y Chironi. Los hombres más cerebrales del Colectivero tenían las ideas claras en la cabeza, pero las piernas rápidamente se encargaron de traicionarlas. En pocos minutos, quedó a la vista que no habría pulmón capaz de soportar el efecto climático.
Más allá del ofensivo 3-4-3 que plantó Pico Salinas en cancha, con Pérez en el medio, Crucero esta vez no tuvo el volumen de juego que mostró ante Los Andes. Le costó romper las líneas defensivas de su rival y estuvo muy errático a la hora de armar pequeñas sociedades.
Y tampoco tuvo un plan B. Porque cuando Almagro entendió que el negocio era tomar de cerca a la dupla creativa, se necesitaron variantes que nunca aparecieron. Ni desde lo individual ni desde lo colectivo.
El Colectivero arrancó con todas las pilas. Monopolizó la pelota e inclinó la cancha a su favor, pero sólo hasta el borde del área, porque ahí se morían las ilusiones.
El Tricolor necesitó unos minutos para acomodarse en el césped, y cuando lo hizo, ayudado también por desacoples defensivos del local, lastimó.
Almagro tuvo dos chances en un par de minutos, pero no por mérito propio, sino porque el fondo local mostró ciertas deficiencias que el visitante no supo capitalizar. Al igual que en el debut ante Los Andes, ayer quedó bien claro que en la B Nacional un par de errores no te condenan, muy diferente a lo que sucede en Primera. Porque el corpulento delantero Altamirano no estuvo fino en las dos primeras chances cara a cara con Requena y en la tercera el 1 adivinó la intención y se quedó con el cabezazo bajo del 9.
Crucero dominó, pero no lastimó. En la única destacable del primer tiempo, Olivares le dio de afuera del área y Gómez, adelantado, alcanzó a meter el puñetazo para mandarla al córner.
Faltó el fútbol
Si los que más saben con la pelota no están en su mejor día, y si no hay un método alternativo para agredir al adversario, las posibilidades se reducen drásticamente. Excepto que el rival se equivoque y te abra las puertas.
Como pasó a los 21’. Ronconi se lo llevó puesto a Chironi adentro del área, Laverni pitó el justo penal y el paraguayo Cristhian Ledesma, desde los doce pasos, empezó a escribir su historia con una definición más práctica que bien ejecutada.
Crucero estaba logrando lo más difícil casi sin merecerlo, cuando no le encontraba la vuelta al juego y cuando Almagro se empezaba a sentir cada vez más cómodo.
A partir de la victoria parcial ya no había necesidad de pensar y crear. Había que correr, cortar y sacrificarse por el compañero.
Pero llegó la gran polémica. A los 37’, tras una pelota parada, un jugador de Almagro bajó la bocha con la mano, todo Crucero quedó protestando y Di Benedeto siguió la jugada y en la boca del arco fusiló a Requena para el 1-1.
Lejos de asimilar el golpe, Crucero se desordenó en cada línea y el equipo de Fernando Ruiz encontró los espacios que hasta entonces no había encontrado.
Sin resto físico ni demasiadas ideas por parte de los dos, el empate le quedó bien al partido. No a las ambiciones de Crucero, que se quedó masticando bronca por los dos puntos que se le escaparon por un fallo arbitral.
Fuente: Gustavo Hollmann, El Territorio.



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