Casa blindada

Crucero, que perdió varios partidos que no mereció, logró un agónico triunfo ayer 2-1 ante Juventud Unida. El Colectivero, que en el ST no la pasó bien, mantiene su invicto como local.

Casa blindada

En Crucero, como en pocos lugares, conocen bien el significado de la palabra merecimiento. Porque el Colectivero perdió muchos partidos que no mereció.
Y ayer, en el marco de la 16ª fecha de la Primera B Nacional, el equipo dirigido por Pico Salinas festejó en la última jugada del partido un triunfazo 2-1 frente a Juventud Unida de San Luis, sin merecerlo, que le permite al conjunto misionero estirar a ocho partidos su racha sin caídas en Santa Inés.

Cuando el local ya se aferraba al 1-1, Pey Brítez le sacó brillo a su botín derecho, Sotelo aprovechó un rebote del arquero y el Colectivero se quedó con una victoria dorada ante su gente.
El desafío planteado de antemano estaba en saber cuál de los dos se iba a adaptar mejor a las complicadas condiciones del campo de juego.
Porque las lluvias que golpearon a la capital provincial durante la mañana y hasta la misma hora del partido dejaron el césped rápido en algunos sectores, pesados en otros y prácticamente intransitables en otros.
En este contexto, Crucero entendió rápidamente que Tarrito no iba a poder lastimar por su sector en el primer tiempo y Sotelo por el suyo en el complemento debido al mal estado de la cancha al lado de los bancos.
La sorpresa estuvo en el arco con el debut de Ignacio Arce, mientras que el regreso de Olivares en el medio y la presencia de Dujaut en ataque le aportaron claridad y picardía a la faceta ofensiva.
En el primer capítulo, como era de esperarse, el Colectivero lastimó por izquierda. El tándem Sotelo-Castro perforó a la defensa puntana y por ese costado se vio lo mejor del dueño de casa. Pero el fondo visitante se paró bien atrás y no ofreció ventajas.
Ventajas que sí otorgó la última línea local a los 17’, cuando Lechner no pudo hacer pie en un desvío, habilitó a Juan Tejera en la boca del arco y el defensor ajustició al uno entrerriano para marcar el 1-0. Si bien el asistente levantó el banderín indicando off side, el árbitro corrigió el fallo y acertadamente convalidó el gol de Juventud.
Cuesta arriba, Crucero mantuvo la línea. De hecho, segundos después de la apertura Vázquez se lo perdió increíblemente en la boca del arco tras un potente tiro libre de Castro.
Pero el propio Vázquez se puso el overol en el círculo central y a partir de ahí el dueño de casa inclinó la cancha a su favor.
Las triangulaciones entre Olivares, Castro, Dujaut, Molinas y Pedrozo en tres cuarto de cancha complicaron a los cuatro del fondo y a los volantes recuperadores del visitante, y así, como dice el refrán, a río revuelto, ganancia de pescadores.
No obstante, el gol de Crucero llegó por donde más lo buscó. Olivares metió un gran cambio de frente para Sotelo, el lateral pisó el acelerador, después enganchó ante su marca y mandó un centro bajo que Robinho Dujaut, con un toque sutil, alcanzó a desviar para el merecido 1-1.

Desgaste evidente
En el segundo tiempo, sin la presencia de la persistente llovizna, que le dejó su lugar a algunos rayos solares, y una cancha más pesada y embarrada que antes, ambos sintieron el esfuerzo físico de los primeros 45 minutos y no se vio el mismo despliegue. Juventud pareció sentirse mucho más cómodo con las nuevas condiciones de la cancha, se adelantó varios metros y tomó el control de las acciones.
Los pibes le dieron dinamismo y empuje al equipo, pero ayer se notó la ausencia de hombres de experiencia que le dieran la pausa y ese segundo de más que necesita un equipo para manejar el desarrollo.
El 1-1 le quedaba bien a un partido que, pese a no ser bien jugado, dejó varias emociones. Crucero se aferraba a un punto que valía más desde lo anímico que desde lo numérico.
Hasta que llegó la última jugada en tiempo de descuento. Toda elaboración previa. Porque el ingresado Mauro Siergiejuk, en vez de mandar el centro a la olla, como suele suceder en estos casos, tocó corto para Brítez, Pey sacó desde 25 metros su característico fierrazo bajo que obligó al rebote de Perafán, y Sotelo aprovechó sin marcas en la boca del arco y la empujó al fondo de la red para el delirio local.
Fue un triunfazo de Crucero. De esos que no se analizan pero sí se festejan.

Fuente: Gustavo Hollmann, El Territorio.

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