
Si lo que pretende Crucero de cara al futuro es hacerse fuerte a partir de sus buenos resultados en casa, tiene motivos para pensar en grande.
Ayer, en lo que fue su despedida como local en la Primera B Nacional, el Colectivero venció por 1-0 a Nueva Chicago y cerró la temporada sin derrotas en Santa Inés, con un registro de seis victorias y cuatro empates.
El conjunto misionero, que a falta de una fecha ya cumplió el primer objetivo de haber llegado a los 30 puntos (escaló al 5º puesto), estiró a cinco partidos su racha sin caídas y buscará un cierre de campeonato ideal el próximo viernes ante Boca Unidos en Corrientes.
Gustito especial
Después de todo lo que pasó en la previa, se notó en la cálida tarde de Garupá cierto malestar de parte de los locales para con los visitantes. Al menos del césped para afuera. Se vio en las actitudes de algunos auxiliares, de allegados al club y también de varios plateístas que desde el minuto cero agitaron las calmas aguas.
En Santa Inés entendieron desde el primer momento que la reprogramación del partido a menos de 24 horas de iniciarse fue una maniobra de la dirigencia de Chicago para beneficio propio. El partido, que debió jugarse el domingo a las 15.30, finalmente se disputó ayer, y en esas casi 48 horas la bronca y la calentura fueron ganando terreno en algunos.
Pero adentro del rectángulo de juego, Crucero hizo lo de siempre: manejó la pelota, abrió la cancha por las bandas y fue vertical cada vez que la tocaron los de arriba.
En menos de cinco minutos de partido el Colectivero ya dejó en claro sus ambiciones ofensivas y Molinas se lo perdió de manera increíble en la boca del arco.
Promediando ese primer periodo, Sotelo encabezó un contragolpe de tres contra dos, habilitó por derecha a Pedrozo y el delantero nacido en Eldorado no pudo mano a mano con Sánchez.
El Torito, llamativamente descoordinado en el retroceso, tampoco ofreció demasiado en ofensiva y tuvo como única arma los pelotazos para Melo, un hombre rápido y atrevido pero irresoluto en el uno contra uno.
Los tándems Sotelo-Castro por izquierda y Pérez-Molinas por derecha, más el desnivel individual que genera Olivares en zona de gestación, inclinaron la cancha a favor del local, pero ni Pedrozo ni Dujaut estuvieron finos en la puntada final.
Otra vez el pibe Molinas -afianzado totalmente en su posición de carrilero por derecha- se devoró la apertura del marcador al definir desviado cara a cara con el uno sobre el cierre de la primera parte. Pero no iba a ser el última del joven canterano del club. Crucero fue más. No sufrió en el fondo y no se fue al descanso en ventaja sólo por falta de contundencia. Falta de contundencia que llegó a su fin en el mismo arranque del complemento.
La tercera fue la vencida
Apenas 30 segundos después del pitazo de un estricto Guaymas (sacó diez tarjetas amarillas y una roja), tras un centro desde la izquierda al corazón del área de Fabricio Pedrozo, Iván Molinas tuvo su esperada revancha, la empalmó de lleno en el punto penal y la puso bien arriba para destrabar un partido innecesariamente trabado.
A partir de ahí Crucero encontró el escenario que mejor le sienta. Aparecieron los espacios, se multiplicó la confianza y se vio lo mejor del equipo misionero, que en cuestión de minutos tuvo al menos tres situaciones para estirar ventajas.
Pero así como cedió algunos metros en el fondo, también asustó el Torito: a los 13’, Giménez recibió en el vértice del área chica, se sacó de encima a su marcador con un gran sombrerito pero definió suave ante el achique del entrerriano Arce.
Salinas oxigenó el medio con las variantes y dispuso un equipo preparado para matar de contra. Una de esas derivó en la expulsión de Monteagudo, a poco del final. Después fue cuestión de no equivocarse y sostener la ventaja.
A lo largo del campeonato, Crucero siempre sumó en casa y, en la recta final del torneo, demostró que no le faltó mucho para estar en la pelea de arriba.
Fuente: Gustavo Hollmann, El Territorio.




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