
Fue una despedida digna, oportuna y más que necesaria. En su último partido como local en este 2016 en la B Nacional, Crucero venció 2-0 a Flandria, se sacó una pesada mochila de encima y el Chulo Rivoira disfrutó su primera victoria como entrenador del Colectivero.
Dos pobres realidades estaban cara a cara en Santa Inés. De un lado Crucero, que llegaba a este duelo con una racha de siete partidos sin triunfos; del otro Flandria, último en los promedios y que arrastraba cinco derrotas en fila. Las urgencias estaban a la orden del día y para los dos se trataba de una verdadera finalísima.
Sorprendió Rivoira en el armado del once titular, porque el Chulo decidió dejar en el banco a referentes como Lechner, Sotelo y Dujaut, que venían de cumplir la suspensión, e Imanol Iriberri, recuperado de una lesión.
Apostó por los jóvenes Arévalos y Perussato, le dio la chance a Maxi Batista, que venía jugando la Liga Posadeña, incluyó a Ruggeri como lateral izquierdo y le renovó la confianza a Ostrowski en la ofensiva.
La apuesta, que sembró dudas en la previa, ganó en aceptación con el correr de los minutos. O de los segundos. Porque a los 35 segundos de juego Castro habilitó a Perussato y el pibe no pudo conectar en la boca del arco cara a cara con Griffo.
Pero el 10 empezó a marcar claras diferencias con su velocidad y el fondo del Canario comenzó a sufrir. Nicolás Castro, fiel a su costumbre, fue el motor de arranque del equipo y a partir de su lectura de juego el Colectivero inclinó la cancha a su favor.
A los 11’, Arce habilitó con un largo pelotazo a Tarrito Pérez por derecha, éste asistió de primera a Perussato y el pibe definió con clase entre el uno y el palo para el 1-0. Si algo necesitaba el 10 para ganar confianza, lo encontró en la tarde de ayer.
Flandria, que deberá hacer una gran segunda ronda de torneo para mantener la categoría, no tardó en evidenciar sus limitaciones. Flojo en la ofensiva, el equipo visitante se apoyó en Facundo Melivillo, pero el conductor estuvo bien controlado de cerca y no pudo hacer jugar al Canario.
Crucero aprovechó mejor el ancho y el largo de la cancha, lastimó con los cambios de frente y sobre todo con la velocidad de los más chicos.
Una vez en ventaja, el Colectivero hizo su negocio en la mitad de la cancha, pero no pisó el acelerador en el afán de liquidar el pleito y el 1-0 siempre parecía un resultado demasiado corto.
Orsi comenzó a arriesgar promediando el complemento con los ingresos de Escudero y Montenegro, dos torres que llegaron al área para comprometer aún más a la dupla Ojeda-García. El fondo aguantó una y otra vez los intentos del conjunto amarillo pero la falta de eficacia en cada contra obligaba a sufrir ante cada embestida rival.
Ostrowski, con todo el tiempo del mundo, reventó el travesaño a los 36’ en lo que hubiera sido el nocaut técnico. Más tarde, el ex delantero de Guaraní habilitó a Castro pero el remate del zurdo fue devuelto en la línea por un defensor. Sobrevolaban en Santa Inés los fantasmas que estuvieron presentes ante la Lepra mendocina. Hasta que el capitán se encargó de borrarlos del mapa en la última jugada del partido. Váttimos ganó en velocidad, habilitó a Ostrowski y éste tocó corto para Castro, quien ahora sí, con su característica zurda, le devolvió el alma al cuerpo a Crucero.
El Colectivero cortó una racha de siete sin victorias, salió del fondo y despidió el año ante su gente de la mejor manera.
Fuente: Gustavo Hollmann, El Territorio.




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