Contra Chicago se vieron algunos minutos interesantes. Frente a Argentinos fueron 45 minutos entusiastas. Y anoche Crucero tuvo poco más de una hora de buen juego. Pero todavía no le alcanza para ganar.
En el encuentro que cerró la acción sabatina de la fecha 26 de la B Nacional, el Colectivero cayó 2-1 frente a Instituto, en Córdoba y estiró a 14 partidos su racha sin ganar como visitante.
Pero si de algo no se pudo haber quejado Crucero es de haber tenido posibilidades de gol. Tuvo, como nunca antes, innumerables situaciones como para marcar y falló.
Los dirigidos por Héctor Rivoira hicieron un primer tiempo casi perfecto, tal como lo habían hecho en el último partido ante Argentinos. Apretó y no dejó jugar a su rival y fue vertical y agresivo cuando agarró a su adversario mal parado. Hubo rotación constante en zona de ataque y eso complicó enormemente al fondo local.
El Chulo dejó en claro que cuando un equipo quiere ser protagonista, más allá de un esquema o de los nombres, debe mostrar una importante cuota de actitud. Y en ese sentido anoche no hubo nada para recriminar.
Fernández tuvo compañía en ofensiva, Perussato, Castro, Arévalos y Domínguez se asociaron constantemente y a la Gloria le costó horrores tomar las marcas.
En ese río revuelto la ganancia de pescadores fue para el Colectivero, que encontró su merecido premio a los 24’ del primer capítulo, cuando Fernández cambió por gol un penal que le habían cometido a Britos.
Pero no pudo sostener en el tiempo Crucero esa ventaja. Porque en el momento exacto en el que los hinchas empezaban a gritar el ‘esta noche cueste lo que cueste…’, llegó el inesperado empate. Se cumplían 29’ y después de un centro y una serie de rebotes, Gustavo Gotti demostró por qué está atravesando su mejor momento (marcó cinco de los últimos seis goles de la Gloria) y con una exquisita definición de primera la puso contra un palo, abajo, inatajable para Nacho Arce.
Pese al tanto de la igualdad, en los últimos 15’ de ese primer tiempo se vio lo mejor de Crucero, con las mencionadas chances desperdiciadas.
Más allá del buen partido que estaba haciendo el Colectivero, estaba claro que Instituto estaba lejos de su versión ideal.
El equipo misionero mantuvo el ritmo y la intensidad durante 15 minutos más, pero después el desgaste hizo mella e Instituto, aunque muy levemente, creció con los ingresos de Jara y Vella, dos hombres que saben lo que es amargar a Crucero.
No obstante, el partido en sí perdió energías. Se diluyeron las ideas y los dos buscaron con más ganas que decisiones inteligentes. Pero fue el empuje de la gente lo que alimentó el hambre de Instituto.
Porque en esa lucha de ganas sí tuvo premio la Gloria, ya que a los 38’, tras una pelota parada, el central Ramiro González le ganó a su marcador en el corazón del área y metió el frentazo contra un palo, inatajable para Arce.
Después Crucero se desordenó, fue a buscar el empate con mucha gente y se regaló atrás, dándole protagonismo al uno entrerriano.
Crucero perdió un partido que pudo haber ganado, pero algo quedó muy claro: el equipo necesita jugar a un mismo ritmo durante 90 minutos. Menos no alcanza.
Fuente: Gustavo Hollmann,El Territorio.




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