La pobre actuación de Argentina en los últimos Juegos Odesur lastima el orgullo nacional y abre un signo de pregunta sobre el futuro.
“No subirse al podio sería como para preocuparse”, había dicho Gerardo Werthein, presidente del Comité Olímpico Argentino (COA), antes del inicio de la novena edición de los Juegos Odesur. Ahora tiene motivos reales para preocuparse. El decepcionante cuarto puesto conseguido por Argentina en el torneo que finalizó el martes pasado en Medellín habla de un replanteo serio para el futuro del deporte argentino.
Por primera vez en la historia de estos juegos, Argentina no se subió al podio. A partir de allí, el desafío es inmenso, sobre todo si tenemos en cuenta que tras estos juegos sudamericanos vienen los primeros Juegos de la Juventud (Juegos Olímpicos para categorías juveniles), que se desarrollarán entre el 14 y el 26 de agosto de este año; los Juegos Panamericanos de Guadalajara (octubre de 2011); y los Juegos Olímpicos de Londres 2012 (entre el 27 de julio y el 12 de agosto).
El resultado reciente de los Juegos Odesur lastima el orgullo de un país que, al menos en el continente, siempre marcó supremacías junto con Brasil. Excluyendo los deportes colectivos y exitosos, como el fútbol, el básquetbol, el hockey o el rugby (todos con poderosas federaciones detrás), el deporte amateur viene sufriendo una crisis que amenaza con profundizarse si no hay un cambio urgente de mentalidad.
Esto es, la toma de conciencia definitiva para aplicar una política deportiva que trascienda el color del partido gobernante. Sin ésta, los resultados a futuro serán iguales o peores a los cosechados recientemente en Medellín.
Se necesita mucho más que un puñado de becas, muchas veces parecidas más una limosna que a una ayuda que logre satisfacer las demandas del deportista. Se necesita mucho más que algunos campos de entrenamiento, a veces escasos en infraestructura para poder desarrollar el potencial de los atletas. Se necesita mucho más que intenciones y retórica. Se necesita, de una vez por todas, definir qué pretendemos del deporte. Qué queremos hacer con el semillero, con el deporte social, con el deporte de base. Las becas a los deportistas son como los planes sociales a los carecientes: necesarios, pero inconducentes sin una política de inclusión que los acompañe.
En los últimos años, los aportes en materia de organización deportiva fueron parches. Las promesas luego de las grandes competencias (sobre todo al finalizar cada Juego Olímpico) son música para los oídos, pero que termina en una desordenada y desafinada melodía para los deportistas.
El año pasado, cuando Werthein asumió en el COA, prometió una gestión gerenciada como empresa a los fines de lograr recursos económicos. Para ello, impulsó un proyecto de ley (aprobado en diciembre, pero aún no regulado) que establece la creación del Ente Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (Enard), organismo que se financiará con un recargo del uno por ciento en las facturas de los teléfonos celulares.
Con esto, las telefónicas que operan en el país cobrarían un aporte adicional de 40 a 50 centavos por cliente para luego depositar esos fondos a una cuenta especial que se abriría en el Banco Nación. El objetivo del Enard será “gestionar y coordinar apoyos económicos específicos para la implementación de las políticas de alto rendimiento y paraolímpicas dentro del ámbito del deporte de representación nacional”.
A poco más de dos años para los Juegos Olímpicos de Londres y en pleno camino hacia la clasificación de muchos deportistas, el Enard y el impuesto están en veremos.
Por Gustavo Aro, La Voz del Interior.



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