Seleccionados a los Juegos de pueblos originarios

Dante Pigerl, presidente del CPDyR, durante la ceremonia de premiación del selectivo en Puerto Leoni

Dante Pigerl, presidente del CPDyR, durante la ceremonia de premiación del selectivo en Puerto Leoni

Misiones ya conoce a parte de la delegación de pueblos originarios de Argentina que competirá en los juegos de Palmas (Brasil), en octubre venidero.
El pasado sábado, Dante Pigerl, el designado entrenador nacional, preseleccionó al equipo que conformará la selección argentina de fútbol, después de una intensa prueba realizada en la cancha municipal de Puerto Leoni.
El encuentro contó con la participación de 700 aborígenes (hombres, mujeres y niños), de 16 comunidades: Katy Piry, Chapa-i, Caa Cupe, Cuña Piru, Tacuapí, Tamandua, Pindo Poty, Marangatu, Leoni Poty, Pocito, Peruti A-B, Concepcion y Fracran.

Los seleccionados, en fútbol, fueron 8 jugadores de Peruti, 4 de Fracran, 1 de Caa Cupe, 2 de Tacuapi, 1 de Tamandua, 1 de Pindo Poty, 2 de Marangatu, 2 de Mbororé y 1 de Pocito.
En Arco y Flecha: Fabiano Fernández (Fortin Mbororé) e Irineo Ramos (Marangatu).
Para el Manga son 6 de la comunidad de Marangatu. Finalizando el evento, se realizó la premiación de los ganadores y los seleccionados en las especialidades que comenzó por la mañana y culminó en horas de la noche.
 

Heredó la arquería de su abuelo y lleva la tradición mbya al mundial de Brasil

Ireneo Ramos (17) es de la aldea Marangatú; el joven es el orgullo de la Nación Guaraní y parte de la delegación de pueblos originarios de Argentina que competirá en los juegos de Palmas en octubre.
Seleccionados a los Juegos de pueblos originarios

Ireneo Ramos llega despacio, mirando el piso, con el arco en su mano derecha y la flecha en la izquierda; no se parece en nada a los íconos que se vendieron por siglos que enseñaban cómo se veía un adolescente mbya.
Ireneo llega como cualquier otro adolescente, lo hace con orgullo, sabe que este medio está ahí para hablar con él y de sus logros, de su clasificación para participar en Brasil del primer Mundial de Juegos Indígenas. Tiene 17 años, vive en la aldea Marangatú y estudia, clasificó segundo para competir en arquería. “Todavía no trabajo, primero quiero terminar de estudiar” murmura.
El Territorio visitó la comunidad que está ubicada a la vera de la ruta 12, pasando el arroyo Cuñá Pirú, para dialogar con uno de los deportistas que representará a la Argentina desde el 20 de octubre cuando en la ciudad de Palmas, Brasil, se inicie la competencia que tendrá representantes de los pueblos originarios de 30 países. habrá disciplinas como fútbol, atletismo con la prueba de 80 metros llanos, tiro con arco y flecha y mangá, un antiguo juego de destreza netamente mbya.
Ireneo cuenta que empezó a practicar, “mi mejor marca es de 35 metros, pero en Leoni gané con 30 metros”, manifiesta refiriéndose al encuentro provincial que se realizó el fin de semana pasado en la localidad de Puerto Leoni y congregó en la cancha municipal a representantes de la mayoría de las aldeas de Misiones.
“Había mucha gente compitiendo y salí segundo, primero un hermano de Iguazú y tercero un tío mío, es la primera vez que compito y me gusta hacerlo, también juego al fútbol y mangá” dice Ireneo.
No se desprende del arco y la flecha; los mira, ve que estén perfectamente alineados, le quita la tierra que quedó pegada luego de un lanzamiento de práctica… y dice: “Mi abuelo, Adolfo Benítez, me enseñó a hacer el arco y la flecha, lo hago yo”.
Y muestra el arco realizado en madera  y la flecha de tacuapí, “este es mío y con éste voy a ir a competir a Brasil”.
La arquería es una tradición ancestral mbya que les permitía conseguir el sustento y defender el territorio. Originalmente, el arco se confeccionaba con madera flexible, mientras que la cuerda es de guembepi -que es la raíz del guembé-. La flecha es de tacuapí y la punta es de metal o de madera dura bien afilada.
Ireneo relata que el arma es  extraordinariamente liviano y, excepto en el centro, está forrado con finas tiras de guaembé teñidas de negro.
La flecha de casi dos metros de longitud es de tacuapí en este caso y en el extremo tiene una varilla de hierro con la punta afilada, lo que garantiza que quede clavada en la tierra cuando es lanzada.
En la aldea están orgullosos del joven Ireneo que llevará el conocimiento mbya a Brasil y lo mostrará al mundo.
Fuente: El Territorio y prensa CPDyR.

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