Varios deportistas misioneros se abrieron sueños cruzando las fronteras continentales. Cómo convivir en otras culturas, con diferentes idiomas y costumbres inimaginables. Desde Brasil hasta Birmania e Islas Feroe.
El dicho “el que quiere celeste, que le cueste” es reflejo de la sociedad argentina. Las clases sociales marcadas a fuego, una economía cambiante y la posibilidad de mamar una humilde riqueza deportiva son apenas tres cuestiones cotidianas en una país que intenta, desde hace tiempo, alcanzar a las grandes potencias.
En esta búsqueda constante las necesidades de crecer obligan a emigrar, una cuestión que alcanza todos los aspectos y no escapa al deporte.
El informe de El Territorio refleja historias de deportistas misioneros que partieron a tierras lejanas para explorar, desarrollarse y alcanzar un estatus que en Argentina es difícil de anhelar. Desde la necesidad de Unai Beitia de formarse como golfista profesional en Estados Unidos, a la impensada convivencia de Matías Jara con la ovalada en tierras españolas, pasando por la posibilidades de trabajo para la luchadora Claudia Cabrera en Río de Janeiro y la consolidación de los futbolistas Rodrigo Gómez, Gunnar Nielsen y José Defilippi; todo un rompecabezas de historias que une sus piezas con la nostalgia argenta del asado o el tereré.
Los deportistas sienten la necesidad de acomodarse a los nuevos mundos, sacrificando tiempo valioso y hasta entregando viejas costumbres en el intento de adaptación. Porque afuera hay una mar de preguntas y en el fondo un tesoro que todos buscan, entonces vale la pena arriesgarse, porque como dice el dicho “el que quiere celeste, que le cueste”.
Con una mochila y un sueño
Cambiar la tierra colorada por la nieve, las temperaturas tropicales por un invierno crudo es complicado, pero lo más difícil es adaptarse a una nueva cultura y una nueva forma de vida.
Eso le ocurrió a Guillermo Gunnar Nielsen, posadeño que hoy vive en Copenhague, Dinamarca. En el país del norte europeo, el misionero encontró la manera, a través del fútbol, de insertarse en una sociedad bastante diferente a la que estaba acostumbrado.
Después de hacer todas las inferiores en Guaraní y de jugar en Primera, Gunnar probó suerte en Italia y en las inferiores de Boca, pero no tuvo éxito. Esos sinsabores le dieron fuerza y por intermedio de un primo llegó a Dinamarca “con una mochila, los botines y un gran sueño de seguir creciendo”.
“Hoy me doy cuenta que el fútbol me abrió todas las puertas. Todos estos lugares, países hermosos, gente extraordinaria que conocí fue por andar atrás de la pelota”, reconoció el hoy entrenador y jugador del Hillerod GI.
“Cuando llegué, choqué con la barrera del idioma y con un fútbol súper organizado y muy físico. Lo tuve de entrenador a Richard Nielsen (DT campeón de la Eurocopa 92 con Dinamarca) y él me ayudó porque hablaba un poco de español”, recordó quien hoy se prepara para alcanzar un título universitario, algo tan importante allá como ser jugador profesional acá.
Después de estar dos años en Dinamarca, en 2005 el hoy padre de dos niñas emigró al fútbol de las Islas Feroe y firmó su primer contrato profesional y luego pasó por varios clubes daneses y de Suecia.
A pesar de haber encontrado su lugar como profesional y de haber formado una familia, Gunnar siempre sueña con Misiones. “Me encantaría dar o transmitir todo lo que aprendí los últimos doce años en Europa. Cuando termine mi carrera en la facu voy a estar listo para volver con algo para dar”, aseguró el hombre de 32 años.
Pero Gunnar no es el único Nielsen dando vueltas por las islas del norte europeo. “Mi hermano Erik es entrenador de fútbol hace ya varios años (actualmente se encuentra en Islas Feroe) y siempre hablamos del toque europeo que le podríamos dar juntos a un club de Misiones”, contó con alegría el mayor de los hermanos.
“A mí me costó un montón”, reconoció Gunnar en cuanto a la adaptación a un nuevo país, un nuevo idioma y nuevas costumbres. Lo cierto es que el fútbol fue esa lengua internacional que le permitió integrarse y poder armar su vida en un lugar en el que de niño nunca se imaginó estar.
«Asumir nuevos desafíos afuera siempre fue un motor para mí»
Dio sus primeros pasos en la chacra 187, en Villa Cabello, en un equipo llamado Don Casimiro, que unos años más tarde pasó a llamarse Semanario Usted. Cuando cumplió 13 años y definitivamente entendió, tanto él como su familia, que su vida estaría ligada al fútbol, el equipo barrial desapareció y recaló en Brown. Ahí hizo escuela de la mano de Rubén Kleiser y tuvo sus primeras experiencias infantiles en Newell’s y Arsenal, para a la edad de 5ª División asumir su primer desafío importante en Quilmes.
“En Quilmes surgió la posibilidad de venir por primera vez a Europa, y fuimos cuatro chicos los que nos probamos en Dinamarca”, recuerda Rodrigo, más conocido como Yoyi en la tierra colorada. “Después volví a Argentina y luego me fui a jugar a Vietnam y Birmania”, agrega, y ahora “desde hace seis años que juego y vivo en Estocolmo”, la capital de Suecia.
Para el posadeño, “detrás del sueño de ser jugador profesional hay mucho sacrificio, dedicarse a esto implica dejar muchas cosas de lado y asumir nuevos desafíos todo el tiempo, y eso fue siempre un motor para mí”.
Vivir tales experiencias foráneas y a tan corta edad (hoy tiene 30 años) sin dudas que lo marcaron. “Me tocaron diferentes culturas e idiomas y todo eso lleva a un crecimiento y a una madurez, como por ejemplo tener que enfrentar y sobrepasar muchísimas situaciones solo, lejos de la familia”, explica.
“Aquí en Europa hay muchas costumbres que se pueden asemejar, por decirlo de alguna manera, a las nuestras en Argentina, pero en los años que estuve en Asia fue un poco más difícil la adaptación a causa de que son totalmente diferentes, pero fueron experiencias maravillosas”, aclara, y afirma que “aquí en Suecia se lleva una vida muy tranquila y ya estamos totalmente adaptados con mi familia”.
Yiyo, como le dicen sus amigos, en Dinamarca vistió las camisetas de Aalborg Bk y Blockus, hasta que surgió la gran chance en el gigante asiático.
“Gracias a un amigo (Fernando Rojas, ex compañero en Candelaria) me fui a probar a Vietnam y después en Myanmar, ambos en Asia. Y en julio del 2009 un representante me trajo aquí a Suecia a un equipo de División 1, Valsta Syrianska, donde jugué hasta el año pasado, y desde entonces estoy en Vasalunds If, otro equipo de la misma categoría”, comenta.
Pero más allá de sus innegables nuevas experiencias, Rodrigo no se olvida de las bondades de la argentinidad. “Lo que más se extraña es pasar algún tiempo con la familia y con los amigos y el comer asados, aunque en los últimos años se encuentran algunos productos argentinos, como el dulce de leche, yerba”. “Igual tenemos amigos aquí de otros países, como Chile y Uruguay, donde las costumbres son prácticamente similares”, agrega.
“Las ventajas de tener experiencias en el exterior es que uno se potencia como ser humano, se desarrolla en áreas específicas del deporte, ya sea nutrición, cuidado, uno mejora en áreas físicas, tácticas, en estilos de juego. Creo que lo más importante es poder usar las herramientas que pudimos haber obtenido de esa vida dedicada”, señala el ex mediocampista de Crucero del Norte, y agrega que “yo me siento muy bendecido, un privilegiado de poder haber vivido de este deporte durante muchos años”.
“Miro para atrás y se me vienen recuerdos de mis padres, que estuvieron en el comienzo, y es una satisfacción muy grande de cierta manera haber cumplido muchos sueños de los que fueron parte. Hoy me encuentro viviendo en un lugar que elegí, pude formar una familia con mi esposa y tenemos dos hijas preciosas, no tengo más nada que dar que gracias a Dios”, sintetiza con la tranquilidad del deber cumplido.
Y resume su vida en el exterior: “He aprendido cosas de cada momento, los buenos y también los no tan buenos, y eso ha sido realmente un éxito para mí”.
El clima. “El clima es bastante fuerte por el invierno, porque oscurece
a las 15 y acostumbra caer bastante nieve, pero no
puedo decir que es un punto negativo porque el país está adaptado para el invierno y uno se acostumbra, mis hijas son nacidas aquí y a nosotros a través de los años se nos hace más fácil”.
La comida. “La comida es muy accesible y se pueden encontrar restaurantes de varios países o culturas ya que hay una gran cantidad de inmigrantes, pero en casa comemos seguido milanesas y pizzas, como en Argentina”.
La seguridad. “En cuanto a la seguridad suceden cosas como en todos lados, pero de repente no de la magnitud como en Latinoamérica. Sí debo reconocer que, como últimamente está sucediendo en casi toda Europa, hay temor con el terrorismo, pero hay muchísimos controles”.
Fuente: Diego Vain
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«El rugby me abrió las puertas para conocer lugares hermosos»
Matías Jara emulando a Juan Imhoff con su equipo en España
Sin embargo, sus condiciones fueron tan buenas que una década después la vida y el destino lo llevaron hasta el Viejo Continente, donde hoy pasa sus días repartiendo su tiempo entre el rugby y el placer de poder disfrutar una experiencia única en la Vila Joyosa, un hermoso pueblo en España perteneciente a la provincia de Alicante y que cuenta con 33.293 habitantes.
“Empecé a jugar al rugby a los 15 años en el Tacurú. Mi hermano Mauricio (cuatro años menor) ya lo estaba practicando y gracias al incentivo de mi padre dejé el fútbol y comencé rugby. En el 2012 y con 21 años decidí ir a vivir a Córdoba y comencé a jugar en el Jockey Club Córdoba hasta fines de 2014, momento en que me contactaron de un club en España. Precisamente el club es La Vila Rugby”, recordó Matías al momento de hacer un repaso por su carrera.
Esta posibilidad de jugar al rugby en Europa no fue algo que tomó por sorpresa a Matías, porque desde sus primeros años en Tacurú siempre la tuvo entre sus planes. “Lo cierto es que desde que tenía 17 años me venía repitiendo que algún día iría a jugar a España al rugby, quizás por la facilidad del idioma, pero en ese momento no comprendía lo complejo de la idea”, reconoció.
Y profundizó este concepto argumentando que “si bien en España se habla el mismo idioma, la mayor parte de las cosas son muy diferentes. Hay cosas a las que uno se adapta muy rápido (por ejemplo las comidas) y otras que no creo que pueda acostumbrarme a vivirlas como ellos. Me refiero a los días festivos, lo tradicionales que son y cómo viven sus costumbres a flor de piel. Por suerte me tocó vivir con un argentino, un español y un inglés que nos dedicábamos exclusivamente a entrenar y jugar, así que pasamos mucho tiempo juntos y nos hicimos muy amigos, algo que fue fundamental para hacer más llevadera la distancia con la familia. Si tengo que decir algo que extraño mucho son los asados los fines de semana. No hay comparación”, destacó.
Si bien todas las experiencias en la vida tienen su lado bueno y su lado malo, al momento de hacer un balance, para Matías son más las cosas positivas que las negativas las que le tocaron vivir durante este año en España.
“A cambio de todo lo que dejé en Argentina, hoy veo eso remunerado en amigos, gente querida, seguridad y experiencia. Es increíble lo tranquilo que se vive, sobre todo en la zona que estoy viviendo. Recuerdo caminar por una avenida cercana al mar y ver cerca de mí una mochila típica de turista sola y extraviada en la vereda. A los pocos segundos un peatón la levantó, detuvo un patrullero policial y se la entregó para ser devuelta a su dueño. Un gesto tan simple pero que nunca había visto. La gente vive de otra manera, con más tranquilidad y serenidad. Yo vivo en un pueblo muy turístico, y por eso hay muchas cosas para hacer y ver. De todas formas, paso mucho tiempo en el club varias veces al día y eso ocupa la mayor parte de mi tiempo. El resto lo dedico a disfrutar de los amigos del club y mi novia”, comentó.
Esa posibilidad de poder mezclar la responsabilidad con el placer parece ser la clave del éxito para Matías Jara, porque este misionero supo encontrar el equilibrio justo entre su pasión por el rugby y disfrutar de la experiencia de vivir tan lejos de su país.
“Yo me estoy dedicando exclusivamente a entrenar y casi todos los días lo hago en doble y hasta triple turno. Suena difícil pero te acostumbras y te gusta. Al estar en pleno Europa, todo es más profesional, no sólo por los insumos y el equipamiento, sino por la capacitación y la calidad de jugadores que cada club recluta. La vida del deportista es muy corta, por eso agradezco al rugby poder darme el lujo de disfrutar al máximo esta etapa de mi vida que me hace muy feliz. Definitivamente puedo decir que el rugby me abrió las puertas para conocer lugares hermosos, experiencias increíbles y a personas maravillosas”, finalizó.
Fuente: Facundo Alzaga
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Cabrera toma impulso desde Río

“Brasil me ofreció mejores condiciones de trabajo y llevo una vida más libre, menos rigurosa y sin andar pensando en el dólar (risas). La gente acá es más sencilla”, cuenta La Pantera de Eldorado, que a sus 34 años, con su título de profesora de educación física, encontró la manera de expandirse en el globo y además, como entrenadora de lucha olímpica, prepara a alumnos que residen en España y Dubai, por lo que también arma y desarma maletas constantemente, no sólo para luchar, sino también para perfeccionar a sus discípulos.
“En Río trabajo en un gimnasio y también, desde el 2013, preparo a atletas que residen en otros países en deportes en combate en alto rendimiento. Y al menos una vez al año viajo y les tomo los test de prueba del entrenamiento que les di a distancia durante el año. Salgo del verde y voy a España. Este año también competí allá en un Grand Prix y después me fui a ver a mi alumno en Dubai, que es una megaciudad hecha a nuevo que impresiona”, cuenta Cabrera, que tampoco deja de lado su pasión por estar arriba de la colchoneta y recientemente fue medalla de Plata en los Juegos Abiertos, en San Pablo.
“Lo que me dio Río es un trabajo que me da la oportunidad de viajar. Yo arreglé en el gimnasio que si tengo un compromiso fuera del país, cuando vuelvo están esperándome, no pasa nada, y mis alumnos me siguen siempre. Y fuera del trabajo entreno al menos dos veces al día, así que tengo las horas ocupadas para no extrañar”, cuenta risueña mientras toma su mate y protagoniza tal vez el sueño de muchos de vivir en una ciudad grande pero a la vez rodeada de naturaleza, con sus morros, sus playas y sus atractivos, como el Pan de Azúcar y el Cristo Redentor.
El mar y el surf son sus nuevos aliados. La misionera encontró en la tabla su escape de la cotidianidad y un respiro entre tanta movilidad diaria. “Vivo en el centro de Tijuca, cerca del Maracaná, en un monoambiente, por el que pago unos 450 reales por mes, y todo me queda cerca. Estoy a diez cuadras de mi trabajo y del centro de entrenamiento donde me preparo junto con la selección brasilera de lucha. La verdad es que mi vida es sencilla y yo soy muy simple; la gente acá en general lo es, tal vez por eso me va bien. Además, cubro mis gastos, que no son muchos, y tengo la oportunidad de viajar, que es lo que más disfruto”, reflexiona.
Desde su estadía en Brasil –que ya es permanente al conseguir la residencia-, Claudia se convirtió en una verdadera anfitriona y es una constante el desembarco de alguno de sus doce hermanos y respectivos sobrinos. “Mi familia siempre viene y yo, feliz. Acá nos acomodamos, dormimos entre todos y me llenan de energía para tirar un tiempo hasta que vuelvan o yo vaya, que también lo hago seguido. Estoy a más de 1.000 kilómetros pero me siento cerca igual, porque estoy a 200 reales de tomar un vuelo, que no es mucho porque siempre hay promociones”, describe.
“La verdad es que no pido más de lo que tengo y tampoco lo deseo, disfruto de la simpleza de tomar un tereré en la playa, de ver el sol, de hacer caminatas, tomar mi jugo… Tal vez me mortificaría más si me gustara gastar en el shoppings o comprarme cosas costosas, pero no es lo mío. Yo con tener mi espacio, hacer lo que me gusta, que mucho de eso es gratis, ya estoy feliz”, añade Claudia, que fue múltiple campeona argentina en 48 kilos.
“Tuve muchas propuestas de Brasil para ser su representante. Como yo entreno con la selección de este país podría hacerlo y es más, sería más fácil, pero yo amo Argentina y no podría”, enfatiza Cabrera.
El año pasado, el Mundial de Fútbol recayó justo en su nuevo, aunque no tan nuevo, país de residencia, y Claudia no pasó desapercibida. La misionera, en la previa a uno de los partidos de la selección argentina, fue retratada por la prensa internacional y su foto fue portada de la web oficial de la Fifa.
“¡Fue algo increíble ver esa foto! La Argentina entera parecía que se había venido y una de las mejores cosas que me pasaron acá fue vivir el Mundial desde adentro, y es más, la Fifa debería haberme pagado por usar mi imagen», contó entre risas.
Acostumbrada ya a las altas temperaturas en la tierra roja, para Claudia hasta el verde es parecido y el portugués no fue nunca una barrera. “El invierno marca una temperatura mínima de 17º grados y hasta hay alguno que otro que anda casi como congelado, es gracioso ver eso. En cuanto al idioma, ya siento que soy una brasileña más. A veces hasta de tanto hablar en portugués cuando vuelvo a casa hay palabras que ya las tengo incorporadas en ese idioma y tengo que volver a repensarlas en castellano”.
Para finalizar, de cara a su futuro, la oriunda del Alto Paraná aclara que no lo piensa: “Voy disfrutando el día a día. Lo que sí sé es que acá en Río es complicado programar tener una familia, es una ciudad grande y no sé si querría eso, pero ya se verá. Por ahora disfruto el momento y estoy feliz así como estoy en eterno viaje”.
Fuente: Roxana Ramírez
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Australia: entre canguros y mate, una mezcla particular
El misionero se desempeña en el Cooma Tigers FC, equipo de Camberra
Cuando surgió la propuesta ni lo dudó. En ese momento su último destino había sido Formosa, pero el bichito picaba, había que estar atentos por si surgía una posibilidad que combine un fútbol más competitivo con un mejor ingreso. Y José Defilippi aterrizó en Camberra, Australia, para jugar en la segunda división de ese país, un escenario claramente diferente al de estos pagos pero atractivo desde varios puntos de vista.
Un amigo del fútbol que está radicado en ese país de Oceanía lo tentó con la oferta. Primero lo contactó con su representante, un italiano que tiene varios jugadores en Australia y fue el nexo con el club. Claro está, primero José debía vender sus cualidades, por lo que le envió su currículum y algunos videos para que el representante lo incorpore a sus filas. Y a partir de allí comenzó el operativo adaptación, etapa que «más allá del idioma -que me costó aprender- fue buena, la gente es muy amable… y en cuanto al fútbol, me encontré con un fútbol muy diferente, muy rápido».
Con el Cooma Tigers FC hace un mes que perdieron la final de los playoffs después de haber liderado la tabla general en la etapa regular. Más allá del trago amargo, a José le quedó como experiencia positiva lo extrafutbolístico. «Me sorprendió cómo está todo organizado. El tránsito también se respeta mucho, todos manejan tranquilos, no hay robos; en general es así porque todos son educados, por eso es el primer mundo». A miles de kilómetros, José izó la bandera de uno de los íconos de la tierra colorada: el mate. «No conocí a muchos argentinos, pero el mate va siempre a todos lados conmigo. Hasta se lo hice probar a algunos compañeros, que me acompañaban a tomar algunas veces», confió el futbolista, quien le puso una frutilla a su relato: «Un nigeriano tomando mate… y le gustaba, eh».
El misionero, cuya función dentro de la cancha es mediocampista, admitió que «se gana bien, pero que la vida es cara. Igual, la calidad de vida es una de las mejores». Y por otra parte, no ocultó su alegría por darse el gusto de conocer a los canguros, en un parque en las afueras de Camberra, con la ciudad de fondo. «Fue algo inolvidable», confesó.
¿Si seguirá en Australia? Es una posibilidad. Tampoco descarta el Viejo Continente o retornar a la Argentina si surge alguna propuesta firme. Por lo pronto, sabe que avanzó varios escalones y se ganó un lugar en ese país.
Fuente: Gilberto Pérez
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