Los fuegos artificiales le dieron el marco exclusivo a la ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos de Rio de Janeiro 2016. Como siempre, ese primer viernes que autoriza a las competencias a oficializar sueños, mostraba un inicio acorde a las expectativas de una primera cita olímpica en tierras sudamericanas.
A diez días de iniciados estos Juegos Olímpicos podría decirse que Brasil cumple con lo justo y necesario para poder incorporar a las futuras candidaturas de esta parte del mundo a ese grupo selecto de ciudades que postulaban sus intenciones para ser sede del suceso más imponente del mundo, cada cuatro años.
Y los números siempre dan la razón y no espero anticipar un balance cuando todavía queda una semana para finalizar competencias y buscar responsables de lo bueno y lo malo.
Días atrás, unas línea del analista internacional Andrés Oppenheimer, sostenía algunas inquietudes y agrandaba las dudas de siempre: “A juzgar por las malas noticias económicas y políticas que han empañado las Olimpíadas de Rio de Janeiro, lo mejor que podría pasarles a muchos países que se postulen como sedes de futuras Olimpíadas sería no ser escogidos, y ahorrarse un montón de dinero”.
Coincido pero lo siento bastante adelantado también. Brasil comenzó un proceso organizativo desde que lo nombraron ser sede de los Juegos Panamericanos 2007. Desde esa fecha, sobre todo Rio de Janeiro, luchó contra la inseguridad, su economía creciente pero poco sostenible, se lanzó y potenció con intenciones muy seguras de volver a traer un Mundial de Fútbol FIFA a Sudamérica (algo que no ocurría desde Argentina 1978) y ser la primera vez que esta parte del continente albergue un Juego Olímpico.
Y lo logró con creces y con sólo dos años de diferencia entre el mes del fútbol y las dos semanas de olimpismo. Contra todos los pronósticos y contra un 63% de brasileños que todavía opinan que estas olimpiadas dejarán más saldos negativos que positivos (según encuesta de Datafolha).

No fue el mejor momento para que Brasil albergue Mundial (2014) y JJ.OO. (2016) en ediciones seguidas. En este país, el nivel de deuda pública se incrementó a 70% del PIB en 2015 y podría aumentar a cerca de 90% hacia el 2025. La situación política es una de las causas secundarias de la recesión que se vive en Brasil. La crisis por la que atraviesa el país ha sido también por los problemas políticos que han paralizado al sector empresarial y que ocasionaron una caída en las inversiones por parte de la iniciativa privada. Igualmente, es un motivo secundario porque la economía brasileña se encontraba en problemas antes de que los conflictos políticos se agravaran.
Estos Juegos entonces cerraron casi diez años de vidriera deportiva para Brasil y Sudamérica (que con Argentina se potencia a buscar sedes para Mundial o JJ.OO. en los próximos diez años), pero en medio de la peor crisis económica y política de los últimos tiempos. Este año la economía brasileña podría caer un 4% y un escándalo de corrupción política resolvió la suspensión de la ex presidente, Dilma Rousseff, sin dejar de lado que días antes de la ceremonia inaugural la policía en San Pablo anunció el arresto de un grupo de partidarios del Estado Islámico que planeaban un ataque terrorista y Rio nunca dejó de ser una zona en peligro por los mosquitos portadores del virus zika. Sumo a este catálogo desalentador las protestas que horas antes del inicio de las competencias se armaban contra Michel Temer, el presidente en funciones.
A lo que Oppenheimer amplió: “Muchos de los problemas fueron eclipsados por las competencias deportivas y las imágenes de los cariocas bailando samba en las calles, el balance económico de estas Olimpíadas podría costarles mucho a los brasileños por muchos años. Así me lo aseguró el economista deportivo Andrew Zimbalist, autor de Circo Máximo: la apuesta económica por la sede de las Olimpiadas y la Copa Mundial, un libro que refuta la creencia generalizada entre gobiernos y compañías interesadas del sector privado de que estos súper eventos deportivos son positivos para sus países sedes. El resultado neto de los juegos de Rio es que habrán costado una inversión de US$20.000 millones, recibirán US$4.500 millones en ingresos, y acabarán con un déficit de US$15.000 millones, me dijo Zimbalist en una entrevista telefónica”.
Los números siempre asustan, si hay pérdidas alarman aún más. Pero sobre los hechos habrá que remitirse a otros problemas que surgieron en esta primera semana de competencias. ¿Todos vieron el color del agua en los saltos ornamentales? ¿Supieron que algunas canchas de vela fueron cambiadas de sector en la bahía de Guanabara por la contaminación? … y qué decir de lo que nos tocó más de cerca sobre las incompletas instalaciones de la Villa Olímpica y que perjudicó a unas centenas de deportistas (argentinos y australianos los más afectados).

En su totalidad, la Villa Olímpica de Río 2016 cuenta con 31 torres de 17 pisos, divididas en siete bloques bautizados con nombres de íconos cariocas (Corcovado, Pão de Açúcar, Dois Irmãos, Pedra da Gávea, Arcos da Lapa, Cidade do Samba y Apoteose). Allí hay 3.604 departamentos para 17.950 atletas y miembros de las comisiones técnicas. Irán rotando según la agenda de las distintas disciplinas y eliminaciones de los competidores. Pero donde estuvo un argentino, llegará días después otro argentino.
La delegación de Argentina ocupa en exclusividad el edificio 24 de esa mini ciudad de atletas, en el bloque denominado Dois Irmãos, donde también están los atletas de Cuba, Uruguay, Puerto Rico y Guam.
Para mucho, Rio de Janeiro está mal preparada y que estos juegos sólo dejarán promesas incumplidas y, como único legado, una línea de subte que va desde el centro de la ciudad, las playas de Copacabana e Ipanema y con destino final el Parque Olímpico, situado en el sector de Barra de Tijuca.
Estos problemas siempre pasan, con algunos imprevistos y los ojos del mundo experto en críticas que siempre están expectantes por cada error. Hace dos años ocurrió con los Juegos Olímpicos de Invierno deSochi 2014 (hubo poca nieve en una temporada calurosa y muy distinta a todas), vidriera inicial para Rusia que en menos de 24 meses albergará un nuevo Mundial de Fútbol.

Los Juegos Olímpicos de Invierno Sochi 2014 fueron llamados “Los Juegos de los problemas” y, hasta ahora, son recordados como la competencia deportiva más cara en la historia mundial: su presupuesto de US$51.000 millones fue más que el costo de todos los Juegos Olímpicos de Invierno juntos. Entre los tantos inconvenientes fueron las amenazas terroristas (lanzaron una alerta del posible uso de material explosivo oculto en tubos de pasta dental) y el espionaje en la red de Internet que fue la queja de turistas, deportistas y reporteros durante toda la competencia. Los próximos Juegos Olímpicos de Invierno serán Pyeongchang 2018 (Corea del Sur) y Pekín 2022 (China).
De algo estoy seguro y en los tiempos que corren, la próxima vez que un país pida ser sede de los Juegos Olímpicos y de la Copa del Mundo de Fútbol en ediciones consecutivas, buscará evaluar mejor las ventajas económicas y sostener a sus habitantes.
Fuente: Mariano Blanco, diario Época.



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