“Para todos mis alumnos esto es el Mundial, es lo máximo, lo están esperando los 365 días y el chico que viene este año ya el año próximo arranca la temporada y empieza a entrenar, a transpirar la camiseta y a enfocarse, porque dicen ‘este año quiero volver a Mar del Plata’, y todo el año se trabaja para clasificar a los Juegos Evita”, rescató Monzón.
Hoy Monzón comanda tres equipos, dos de Cerro Azul -el Escolar sub 14 varones y comunitario sub 16- y uno de San Javier -de la Escuela de Vóley Yarará, de sub 14 comunitario-.
Hasta ahora, los que marchan mejor son los sub 16 de Cerro Azul, que el martes vencieron a Entre Ríos por 2 a 0 y ayer a Tierra del Fuego, también en sets corridos, y se metieron entre los mejores ocho clasificados del país. Hoy su próximo rival será Formosa.
Crea líderes positivos
“Al que no pudo venir, los compañeros que regresan le comentan, y quiere estar y se entrena para llegar el año que viene; los Evita son un estímulo”, destacó Monzón.
La fase escolar también tiene un plus, ya que el equipo campeón en la final nacional de los Evita se gana el boleto al Sudamericano, en el que están los mejores diez equipos de la región.
“Tenemos ese sueño desde el 2012, que fue el año en que más nos preparamos, pero después nos tocó un mal día con un equipo de Capital Federal y se terminó la ilusión, pero eso tiene la parte escolar, que permite soñar e ir un poco más allá de los Evita”, destacó el entrenador, que dicta clases además de en las escuelas primarias y secundarias, en los polideportivos municipales tanto de Cerro Azul como de San Javier.
Esa es una ilusión más para los chicos y por eso “tengo casos de alumnos que vienen de Alem a entrenar a Cerro Azul”, agregó.
En cuanto a las vivencias en La Feliz, Monzón contó que están “enloquecidos, los que nunca vinieron, llegan y le abre la cabeza. Hay un montón de chicos que son de escasos recursos, que en su vida pensaban venir a Mar del Plata, y tienen esta semana entera. Hay niños que no se alimentan bien y acá tienen desayuno que incluye café con leche, medialunas… Eso nunca en la vida lo vieron, y repiten lo que quieran; después almuerzo en la parrilla, es tenedor libre, lo mismo en la cena. Son las vacaciones de sus vidas y es muy emocionante verlos”.
Agregó que “también hay gente con recursos que adora venir acá, porque esta campera (la de Misiones) no se compra en las tiendas, hay que salir campeón provincial para hacerte acreedor de esta campera”.
El regreso también tiene su parte muy positiva: “Cuando llegan a Misiones inflan el pecho y dicen ‘yo estuve en Mar del Plata’, y la autoestima está en el techo, se sienten los mejores del mundo”.
Fuente: El Territorio.




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