La paleta como filosofía de vida

La paleta como filosofía de vida

Ramírez Aranda (primero izquierda) comparte con su grupo de amigos la pasión por el pádel casi todos los días de la semana (Foto El Territorio)

Gustavo Ramírez Aranda (48) -o ‘Apepú’ para los amigos- cuenta con orgullo que él y sus familiares fueron unos de los primeros en practicar pádel en Posadas. Corría el año 1986 y Gustavo, con 16 años, comenzó a jugar este deporte en el Tacurú Social Club, cuando todavía se la realizaba como una actividad privada.
En poco tiempo, el deporte de la paleta fue tomando impulso y para principios de los 90 se produjo un boom, como él mismo lo explicó en una pausa que se hizo en la cancha del Club Mangá, un lugar que se inauguró a principios de este año y que día a día alberga a grupos de amigos que se juntan a practicar este deporte pero, además, a compartir ese ritual tan particular que se genera después del partido.
“Empecé a jugar en el Tacurú en el año 1986 cuando el pádel era un deporte privado. A los dos años pasamos a jugar en el Royal Pádel, que estaba en Bolivar y General Paz. Esa fue la primera cancha que se alquiló al público en general. A partir de ahí comenzó el boom del pádel. Se jugaban torneos y se fueron creando distintas asociaciones”, recordó Apepú, quien luego agregó que “para el año 1990 Misiones tenía un gran despliegue en cuanto a este deporte y los más chicos nos fuimos a jugar a Corrientes en Primera. Algunos iban por el objetivo deportivo, porque querían vivir del pádel. Ganábamos dinero jugando, nos pagaban en dólares, hacíamos canchas. Eso fue algo que se mantuvo hasta el año 1995 y a partir de ahí fue decreciendo. En el 2005 empezamos a repuntar y ahora la verdad que es increíble, tremendo el auge”, aseguró.

Gustavo se fue a Corrientes a estudiar la carrera de abogacía y además continuaba ligado al deporte que lo apasiona. Sin embargo, después de la caída en 1995 se terminó alejando y pasó más de 20 años sin jugar activamente. Pero hace seis años y gracias a un grupo de amigos retomó y hoy, con 48 años, continúa jugando casi todos los días y reconoce que el auge del pádel a nivel país es muy grande. Al respecto, Apepú tiene una teoría particular acerca de por qué se generó este nuevo despegue.
“Tengo una idea un poco particular. Creo que el auge del pádel se da por un impulso que viene desde España. Es un país que invirtió mucho dinero en este deporte pero llevan jugadores argentinos. Entonces eso atrae a los nuevos jugadores y vuelve a surgir este deporte en la Argentina. Al darse esta situación, lo que hace falta es que respondan los distintos clubes y eso es lo que está pasando. Se están volviendo a hacer canchas. Hoy no hay turnos para jugar”, destacó Ramírez Aranda.
El experimentado jugador también considera que en la provincia y el país hay una muy buena materia prima en cuanto a jugadores y que se debería enseñar desde niños, porque generalmente los padelistas comienzan a jugar de grandes.
“Creo que alguien se debe ocupar de que los niños empiecen a jugar al pádel. Hoy la edad de los jugadores es avanzada. Si los agarrás más de chicos podés formar un gran jugador porque acá hay muy buena materia prima. Lo que hay que transmitir a los chicos son los principios del deporte. Tener una buena conducta, ser responsable dentro y fuera de la cancha. Y después enseñarle al chico que todo se logra con disciplina y esfuerzo, como en cualquier deporte”, explicó.
Para finalizar, contó de qué se trata ese ritual que se produce después de los partidos en el cual luego de la actividad física llega el momento de compartir con los amigos: “La idiosincrasia del pádel es muy parecida a la del tercer tiempo del rugby en el hecho de compartir. Sí o sí después de un pádel tiene que salir un asadito. Para mí el pádel es algo que permite pasar mis días rodeado de amigos y eso se vuelve un modo de vida. Vengo acá a hacer una actividad física con amigos y esa es mi filosofía de vida”, completó.

“La recreación es siempre una buena inversión”
Manuel Beltrami comenzó a jugar al pádel hace tres años casi de casualidad y a principios de 2018 montó la cancha del Club Mangá, que se ubica al costado de la ruta 12 en la continuación de la avenida Tomás Guido de Posadas. “Empezamos con este proyecto en febrero de 2018. Tuvimos un inversión de aproximadamente 1 millón de pesos y ahora este es mi medio de vida. Por suerte el pádel está muy fuerte, cuesta mucho conseguir horarios, es mucha la gente que está jugando”, comentó Beltrami. “La recreación siempre es una buena inversión. La gente busca desahogarse en algún lugar y muchos lo hacen con el pádel. Hace tres años me inscribí en un torneo casi de casualidad y de ahí no paré”. & titulo &

Fuente: El Territorio.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.