Trincheras de San José y López Torres, calles de piedras, de toscas con subidas y bajadas, con canchas donde el cuero picaba para cualquier parte, para hacer aún más sinuoso el camino al gol. La vieja canchita de 1º de Mayo llena de gurises descalzos desafiando al terreno agreste, rígido, compacto, allí frente al Madariaga.
La estampa, de un zaguero fuerte, duro, inflexible aparecía mezclado entre cascotes y surcos que dejaba la erosión tras la lluvia torrencial.
Carlos Antonio Núñez, el «Cuervo» para muchos, que no se alimentaba de carroña, sino de los rivales, para comerlos vivos, comenzó su carrera futbolística en el “Club de la Cantera”, Racing Club llevado por los hermanos Juan José y Pedro Pablo Chávez y debutó rápidamente en primera frente a Magallanes, su tradicional clásico de barrio en cancha de Jorge Gibson Brown.
No era un zaguero sutil, refinado, pero se distinguía por su tenacidad, su aplicación, su capacidad para el salto y colocación.
Junto a Fabián Benítez, Papi Recalde y Ricardo Kaczuk, llegaron a Buenos Aires para vestir los colores de la Academia, donde el Cuervo jugó en reserva frente a Boca en la Bombonera en 1967, año en que los de Avellaneda se consagraran campeones mundiales frente al Celtic de Escocia.
El servicio militar lo hizo volver a su tierra donde después jugó en el Decano, Atlético Posadas y más tarde de la mano de Ernesto Bernardo Cucchiaroni, pasó por Guaraní Antonio Franco, participando con la Franja de torneo Nacional en 1971.
Jugó para los de Villa Sarita hasta 1973 y al año siguiente volvió al Racing de sus inicios para integrar aquel equipo que, piloteado primero por Campuzano y luego por Juan José Chávez, jugaba un fútbol de alto vuelo, con nombres como Héctor, Luis, Ramón Humberto y Rodolfo Delpiano, Matilde Paredes, Gerardo Ledesma, Rompefoco Rivero, Flecha Duarte, Pata y Juan Medina, Quintana, Gerardo Rodríguez, Papaí Adorno, Teddy Duarte y otros.
En 1976 regresó al Decano para coronarse campeón con un equipo dirigido por Baldomero Amarilla de muy buenos jugadores donde se destacaban Pablo López, Rolín, Melgarejo, Zalazar, Florentín y Solís, además de férreos zagueros como Giménez Díaz, Villalba y Pombo.
Pasó a Huracán, y en el Globo jugó dos temporadas, en dupla con el Gato Galeano, los delanteros se ponían doble canillera para enfrentarlos, por la rudeza y determinación con que salían a cortar lo ataques adversarios.
En 1979 defendió los colores de San Juan en Encarnación, Paraguay, para volver nuevamente al Decano y retirarse definitivamente del fútbol en el Deportivo Unión, después de casi 20 años de interceptar paredes, diagonales y despejar balones que andaban rondando peligrosamente por el área, de la que fue fiel cancerbero con cualquier camiseta que tenía puesta.
Por Edén Fernández, en diario El Territorio.




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