Un pescador en el área rival y en el río

Un pescador en el área rival y en el ríoFinales de los años ‘60. Época de esplendor del baby fútbol que se manifestaba en los distintos barrios posadeños, pero de manera especial en el legendario Club Atlético Posadas, donde cientos de niños daban rienda suelta a su pasión futbolera.
Perseguido a todas partes por el gol, «Mencho» Pasalagua dejó su sello.
El recordado Mandové Pedrozo dirigía a los Diablos Rojos donde un niño de cabellos ensortijados, piernas flacas como si fueran alambres que salían desde un botín gastado y se perdían dentro de un pantalón de fútbol casi siempre holgado con un moño firme, mostraba impulsivo y vehemente sus condiciones que lo llevaron a jugar después en Defensores de Junín o el Tortosa Futbol Club.
Perpetuamente el gol lo buscaba a él de todas maneras, en el fondo de su casa, en el barrio, en los potreros de su Villa Lanús o en cualquier estadio que supo después transitar, para que ambos se encontraran en algún momento del juego.
Mario Domingo “Mencho” Pasalagua fue un goleador implacable, veloz, gran cabeceador, sin sutilezas pero con un amor propio y un fuego sagrado que no le permitían resignarse jamás. Corría como un galgo desmelenado, nervioso. Cuando el tiempo expiraba y todo parecía perdido, Mencho aparecía para soltar un grito de gol anudado en las gargantas de los hinchas.
Carlos Guidek lo llevó al Jorge Gibson Brown con la ilusión juvenil de sus 17 años, debutó de inmediato y ya al segundo encuentro anotó tres goles en primera división y se afianzó en el equipo verdirrojo para conquistar goles determinantes y consagrarse campeón en 1977 en aquel inolvidable conjunto que deleitaba con su fútbol bajo la batuta del maestro brasileño Raimundo Damasceno López.
No era frío o cerebral en el área. Todo lo contrario, se mostraba exaltado y complicaba a los defensores rivales por la fe y el orgullo que poseía para encontrarse con el gol.
Una tarde en cancha del verdirrojo planificó subirse al mástil al conquistar un tanto, pero al salir corriendo para el festejo quedó enrredado en la red del arco que da a la avenida Cabred y no pudo cumplir su promesa.
En 1980 fue campeón con Bartolomé Mitre, luego con Atlético Posadas. También jugó en Racing Club y Villa Lanús y el seleccionado posadeño. En Oberá vistió la casaca de Ex Alumnos 185.
Gran compañero, alegre, divertido, bromista, con un inalterable optimismo para lograr la victoria, se supo ganar el respeto de sus colegas.
Su otra pasión es la pesca, donde se considera un eximio conocedor del río y afirma estar en su habitat, entre bagres y pacúes contando anécdotas risueñas y poco creíbles, cual si estuviese en el área adversaria encarnando una redonda, muy cerca del gol.

Fuente: territoriodigital.com

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