Hay añoranzas en las riberas del majestuoso río. El progreso se va llevando la infancia, los recuerdos y el aroma de los barrios ya no es el mismo. Aquellos espacios donde una pelota convocaba una multitud de gurises descalzos, que se entreveraban en los potreros o en las canchas de San Lorenzo, Estero Bellaco, San Cayetano o en la Laguna de San José. El fútbol posadeño se fue nutriendo de los Yegros, Osorio, Christín, Pumpi Acuña, Núñez, Comelli, Caballero, Medina, Florentín y tantos otros que crecieron en Villa Blosset, El Chaquito o Villa Coz.
Oscar Ángel “Sapo” Piriz, comenzó a robarse los primeros aplausos en esos lugares, cuando el fulgor de su gambeta deleitaba a los presentes.
Siempre regalaba una finta o un regate más, con el quiebre de una cintura mágica en la que llevaba escondido cientos de engaños. Habilidoso y escurridizo, siguió encarando rivales en su nueva morada en el barrio Parque Adán, donde por la punta izquierda tenía bajo la manga el último esquive para dejar desairado a sus marcadores.
Sus excentricidades, locuacidad e impericia para asociarse al juego colectivo, jamás fue impedimento para ganarse la simpatía de sus colegas y amigos, que festejaban las ocurrencias de este astuto y ambidiestro jugador, que como solía decir el mismo sapo “encandilaba a sus rivales con resplandor de sus ojos verdes”. De extrema confianza en sus aptitudes no se ruborizaba cuando la mano venía fulera y alentaba a sus compañeros a viva voz ¡ustedes quieren ganar, toquen la pelota a Sapo Piriz que enciende el helicóptero y ganamos seguro!
Fue único, de otro pozo, no existen siquiera analogías con ningún jugador.
Jorge Gibson Brown, Villa Urquiza, Luz y Fuerza, Deportivo Unión, General Paz, Guaraní Antonio Franco, Atlético Candelaria, Atlético Villa Lanús, Huracán, Ex Alumnos 185 de Oberá, Atlético Alem, Atlético Oberá lo vieron defender sus colores.
Fuera de la provincia tuvo pasos fugaces por River, Atlanta, Huracán de Corrientes y Atlético Concepción del Uruguay de la provincia de Entre Ríos.
En la cancha, como en la pista
Fue un eximio bailarín, muy conocido en las noches posadeñas, donde se movía con la misma gracia con que lo hacía en el campo de juego.
Sus anécdotas futboleras, repletas de intrigas, levantan las humoradas de un jugador de fútbol que difícilmente haya dejado escapar un fin de semana sin correr detrás de la redonda para engañar algún adversario y enrojecer las palmas de ocasionales espectadores.
Tres semanas atrás se consagró campeón en el torneo de los Master con San Miguel. Está llegando a los 60 años, pero uno o dos partidos por fin de semana lo sigue teniendo de protagonista, para sacar chapa y … pintura, hacer un retoque y darle brillo al equipo que lo necesite e inventar alguna de sus acostumbradas diabluras.
Fuente: Edén Fernández, en diario El Territorio.




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