La máxima prueba ciclística

El ciclismo misionero tuvo en su larga trayectoria numerosas pruebas que hicieron historia y de esa manera se fortaleció la actividad que nunca perdió vigencia, pues mantienen en alto ese espíritu que dejaron los grandes del pedal en su rica historia deportiva.
En ese rico historial del pedal misionero han pasado muchas figuras, como Luis Sereni y Exadio Olmedo, para llegar a otro grupo integrado por Jorge Alderete, Julio Urquiza, Adolfo Agazzani, Adolfo Klekailo, Teófilo Zurdel, Rubén Infrán, los hermanos Ibáñez y tantos otros que en una etapa más contemporánea se sumaron al historial del pedal misionero.

Difícil en todo sentido
En la década del 40 se organizaba una de las pruebas más difíciles: La Vuelta de Misiones, que se desarrollaba en una distancia superior a los 420 kilómetros y en su paso recibían el asombrado, pero caluroso afecto de sus habitantes cuando llegaban por las distintas localidades, muchos de ellos por primera vez observaban una prueba de esa naturaleza.
En esa competencia, además del esfuerzo propio de la carrera, ponía a prueba el tesón, la garra y la inteligencia para manejar el ritmo en los sinuosos caminos, donde -es digno señalar- no existía el asfalto y había que trepar largos y empinados cerros, sectores que al correr el velo del tiempo parece algo irreal para deportistas de estas épocas.
Eran nueve días de pedaleo en las etapas Posadas-Oberá, luego Oberá-Puerto Rico, con etapas Puerto Rico-Eldorado e Iguazú, regresando por la ruta nacional 12, hasta completar el tramo Puerto Rico-San Ignacio y San Ignacio-Posadas, dejando atrás 381 kilómetros de esfuerzo y esa titánica lucha de demostración de entereza y perseverancia.
En 1947, el posadeño Gregorio Juañuk ganó una de las pruebas más difíciles de las tantas que hubo en las recordadas Vueltas de Misiones. Su despedida y llegada fue a lo grande en la histórica plaza 9 de Julio, sobre la mismísima casa de Gobierno, como anualmente sucedía.

Espejo de futuras generaciones
Estas recordadas carreras quedaron en la historia viviente del pedal misionero y son todavía espejo de muchas generaciones, que siguiendo esas huellas -ya grabadas en el mejor de los recuerdos- le han permitido al ciclismo misionero este sostenido crecimiento.

“El flaco” Alderete, un verdadero pilar
No caben dudas de que las páginas del ciclismo misionero fueron escritas con el sacrificio, el entusiasmo y el tesón de muchos esforzados ciclistas.
Uno de ellos es el posadeño Jorge “El flaco” Alderete, quien se hizo más grande con tan sólo recordar que fue uno de esos hombres del pedal que hizo historia en las populares “Vuelta de Misiones”, en la década del 40 y 50, que era entonces uno de los principales acontecimientos del deporte provincial.
Pasaron 23 años de la trágica desaparición física de “El flaco”, ocurrida un 5 de febrero de 1989, a doce kilómetros de Ituzaingó (Corrientes).
Fue uno de los que más se destacó en la historia del ciclismo misionero, primero como protagonista vital en cada competencia y luego como uno de los más luchadores directivos e impulsor del velódromo asfaltado que se inauguró el 14 de septiembre de 1986.
Estuvo casi 40 años arriba de la bicicleta, pues apenas con 14 años, en 1950, participó de las pruebas ciclísticas en el circuito de la calle Córdoba, casi Ayacucho (casi en el mismo lugar donde ahora está emplazado un supermercado), de las memorables vueltas a la paza 9 de Julio, de las carreras del circuito en la avenida Roque Sáenz Peña, impulsada entonces por Luis Sereni, un italiano que se radicó en Misiones, entre otras grandes pruebas.

Fuente: Julio López, Primera Edición.

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