A 20 años de una noche negra del fútbol correntino

Roberto Bonano fue el arquero agredido y recibió cuatro puntos de sutura. En vestuarios lo curaron entre el cuerpo médico de River y especialistas correntino (Foto Época)

Roberto Bonano fue el arquero agredido y recibió cuatro puntos de sutura. En vestuarios lo curaron entre el cuerpo médico de River y especialistas correntino (Foto Época)

Existen recuerdos que marcan la historia. Más que algún recuerdo exitoso o alguna tarde de gloria deportiva. Pero quizás, aquel 13 de noviembre de 1996 quedará en las retinas de propios y extraños porque otra vez la violencia permitía que el fútbol eclipse un duelo nacional y muy esperado.
Pongamos en órbita. Huracán Corrientes transitaba su primer semestre en la máxima categoría del fútbol argentino y, en una noche de jueves, como adelanto de la decimocuarta fecha del torneo Apertura, enfrentaba a River Plate que buscaba anticipar partidos y tenía la cabeza mucho más en la Copa Intercontinental que en un juego para completar agenda en el interior del país.
Pero esa noche hubo un proyectil que ocasionó el escándalo. Otra vez las sombras de la violencia eclipsaron al fútbol y una agresión al arquero Roberto Bonano derivó en la suspensión del partido en el minuto 25 del primer tiempo.
Desde un principio y viendo la agresión al arquero internacional se habló de “algo contundente”, esa cuestión reglamentaria pasó de ser un “cubito de hielo”, “una pila” y hasta algunos aventureros sostuvieron que fue “una bujía” lo que lastimó al arquero de River. Instantes después se suspendió el partido y pasó a ser la mancha más negra del fútbol nacional en una cancha correntina.

El agresor, estúpido, esa víctima social dueña de un segundo catastrófico, nunca apareció. Quizás hoy sepa entre sus íntimos que fue el que obligó a poner la lupa al fútbol correntino y su historia. Si no fuera por un descenso histórico de River Plate y su visita años después a Boca Unidos, aquella noche de noviembre de los ’90 hubiese sido la última vez que el elenco de Núñez visitaba Corrientes en un juego por la máxima categoría.

Aquella noche, el árbitro fue Javier Castrilli y determinó la suspensión del partido tras esta agresión a los 25’. Reuniones mediante, el mismo Julio Grondona había indicado que debía actualizarse el reglamento en esta aspecto y establecerse la mayor pena posible para los equipos cuyos hinchas generen situaciones de violencia. “El Tribunal debe actuar con mayor severidad y no ser tan bondadoso como lo fue con Huracán Corrientes”, dijo Don Julio, tras la resolución de aquella noche cuando el club correntino recibió una multa de 8.000 pesos por la agresión a Bonano y una irresponsabilidad que hoy se sigue cuestionando el fútbol correntino.
Fue una noche insólita, vergonzosa. Un arquero semidesvanecido en el instante en que Sorín batía su propia valla para dejar el match 2 a 1 en favor de los correntinos. Antes había marcado Alsina para Huracán y Escudero para River.
El Tribunal de Disciplina de la AFA, en un fallo que contó con 8 votos a favor, 3 en contra y una abstención, confirmó que el árbitro Castrilli había cambiado su informe y anulado el gol convertido en contra de Juan Pablo Sorín en el mismo momento en el que Bonano fue agredido desde fuera de la cancha con un proyectil. El fallo contempló también una sanción económica para el club correntino (esa multa fue de 200 entradas de 10 pesos durante cuatro fechas), pero nunca señaló una quita de puntos.

Esta  cobarde agresión a Bonano abrió muchos debates. River debía viajar el lunes siguiente a Japón y adelantaba fechas, A los 25 minutos se terminó todo. “Yo no vi a Bonano caído porque me tapaban Lujambio y Sorín. Por eso di el gol a los 25 minutos y quedó suspendido el partido por agresión a los 26″, dijo esa noche Castrilli. Alfredo Davicce, presidente “millonario”, había expresado: “Este es un problema por el que venimos luchando desde hace mucho. El Presidente de Huracán Corrientes se preocupó porque todo funcionase bien, pero él no puede estar metido en el cerebro y en el alma de cada personaje que accede a la tribuna”. 

En la madrugada después de esta fatídica noche en el estadio del barrio Berón de Astrada, se interpretó un artículo 80 del Reglamento de Transgresiones y Penas de la AFA, que especificaba: “Si la agresión, el desorden, los proyectiles o la invasión del público en el campo de juego impiden la iniciación de un partido o su prosecución, o determina la suspensión definitiva del encuentro podrá declararse perdido el partido al club responsable o a los dos equipos si concurre culpa de ambos clubes, cualquiera sea el tiempo jugado y la cantidad de goles señalados”.

 

Roberto Bonano fue el arquero agredido y recibió cuatro puntos de sutura. En vestuarios lo curaron entre el cuerpo médico de River y especialistas correntinos. A varios metros del lugar, desde donde hablaba el presidente de River, se encontraba Juan Romero Brisco, el titular del club correntino. Alterado por todo lo que le tocó vivir en pocos minutos, dijo: “El perjuicio que nos causará este hecho repudiable será enorme. Nadie tiene idea del mal que le han hecho a Huracán. Yo, únicamente puedo pedir disculpas a Bonano, a River y a los hinchas genuinos que no pudieron disfrutar del espectáculo que vinieron a ver”.

Tiempo después, el Tribunal de Disciplina resolvió que el partido tenía que continuar con el resultado parcial de 1-1 (anulándose el 2-1 de los correntinos tras el pase atrás de Sorín y un Bonano agredido). Así fue que el 21 de diciembre de ese mismo año, luego de regresar de jugar contra la Juventus en Japón, River completó aquel partido. El equipo de Ramón Díaz ya era campeón argentino.
En este ente disciplinario y el Comité Ejecutivo de la AFA resolvieron jugarlo en el mismo escenario y tras comprobar que las garantías de seguridad estaban disponibles. Se completó el partido en dos tiempos de 32 minutos cada uno y gol de Sergio Berti en el segundo tiempo de esos dos períodos reducidos.
Los miembros del Tribunal que votaron en disidencia: Jorge Antelo, Luis Crisetti y Luis Galelli sólo adujeron que pesaron los buenos antecedentes de Huracán Corrientes. Los tres directivos que pensaban lo contrario -representantes, respectivamente, de Newell´s, Vélez y Ferro, rival de los correntinos en la lucha por el descenso- hicieron hincapié en que el propio informe de Castrilli se hablaba de anormalidades en el estadio y de un jugador herido y graves problemas en el desarrollo normal del torneo, además de los serios perjuicios.
Todo manchó al fútbol correntino.

 Eran semanas muy cargadas del multicampeón River Plate, que venía de ganar el semestre argentino y la Copa Libertadores. Esos 64 minutos pendientes se jugaron tras varias chances. Huracán Corrientes debía volver a jugar en su cancha contra Racing tres días más tarde y River ante San Lorenzo, cuatro días después y antes de viajar a Japón. A los de Núñez le faltaban Francescoli,  Salas, entre otros convocados por sus seleccionados. Fue lamentable. Por el fútbol y la gente que solo se dedica a consumir y a sostener el espectáculo. 

River no vino completo porque tenía varios convocados a la “fecha FIFA” y el propio Ramón Díaz se hacía oír al respecto de esta noche violenta: “No se puede soportar este tipo de situaciones. River vino a dar un buen espectáculo, a jugar lealmente para respetar su estilo y para el beneficio de todos aquellos que se esfuerzan para abonar una entrada. De pronto, todo se arruinó por la intervención de alguien que no tiene nada que hacer en un estadio de fútbol. Es triste, muy triste que a través de tanto tiempo no se haya logrado una solución para el vandalismo”.
Fue un triste episodio, una cobarde agresión que recuerda uno de los tantos capítulos del fútbol correntino. Dos décadas y una misma sensación que no busca repetirse.

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