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Momentos inolvidables del deporte en Misiones

Momentos inolvidables del deporte en Misiones

Diego Maradona, en 1992, en la cancha de Guaraní Antonio Franco, donde marcó tres goles, uno de ellos desde media cancha (Foto: Archivo diario El Territorio)

Valorar la relevancia de un acontecimiento deportivo depende de varios factores. En este sentido, Misiones vivió incontables momentos gloriosos a lo largo de su historia que quedaron registrados y grabados en la memoria colectiva.
Cómo olvidar aquel gol del correntino Palito Arce para Guaraní a Independiente en 1985, que significó el triunfo futbolístico más resonante de un equipo misionero a nivel nacional.
Cómo no traer a la memoria lo que dejó la llegada de Diego Maradona a la tierra colorada en 1992 y todas las repercusiones de sus ‘andadas’. El arribo por primera vez del Turismo Carretera a Posadas hizo vibrar a más de 40.000 personas, y desde entonces el deporte tuerca comenzó a marcar agenda. Cómo no valorar lo que significaron los hermanos Barney y el enorme Finito Gehrmann para el atletismo y el básquetol de la tierra roja.
En las siguientes páginas, algunas historias que seguramente harán revivir emociones.

Momentos inolvidables del deporte en Misiones

El 9 de mayo de 1992, el estadio Clemente Argentino Fernández de Oliveira, en el corazón del barrio Villa Sarita, fue escenario de una cita futbolística sin precedentes.
Unas 12.000 personas fueron testigos de una tarde a la que los memoriosos comparaban, quizás, con el enfrentamiento entre uno de los mejores equipos franjeados de la historia ante el reciente campeón de la Copa Intercontinental, Independiente, allá por el año 1985 (ver páginas 5 y 6).
Ese 9 de mayo pisó la cancha Diego Armando Maradona con el Campeonato del Mundo de México y el subcampeonato mundial en Italia demasiados recientes en la retina de todos. Y el presente plagado de situaciones extrafutbolísticas del ex jugador de Argentinos, Boca, Barcelona y Napoli, sólo condimentaron más las horas que el ídolo vivió por Misiones.
“Yo lo venía buscando desde hace mucho tiempo al gol desde la mitad de la cancha. Hoy lo intenté porque sabía que el tiempo se terminaba. Le había preguntado al referí y me había dicho que faltaban 4 minutos. Entonces me animé, cuando sacamos del medio, la levanté y no me quedaba cómo pegarle. Sabía que si tardaba más le daba la posibilidad al arquero de que llegue. Pero gracias a Dios le pude pegar fuerte, le pude pegar bien, con todo el pie y tuve la suerte de que entrara…”.
El comentario del propio Maradona sobre el gol de media cancha a los 44 minutos del segundo tiempo lo hizo en la camilla, en el vestuario en el que había tanta gente como fuera de la cancha, tanto así, que la desaforada gente por ver a Diego, hasta reventó una o dos ventanillas que dan a la calle.
La pelota entró en el arco que da a la tribuna César Napoleón Ayrault. Estaba en el arco Ayala, que había entrado en reemplazo del gran Jorge Maslowski, el arquero de Tigre de Santo Pipó.

Días y horas maradonianas
El partido enfrentó a los equipos denominados Liga del Interior y Selección de Posadas. La presencia de Maradona respondía a una propuesta hecha por el gobierno de Misiones para ayudar a la cooperadora del Pabellón de Niños del hospital Madariaga, bajo la organización de la Secretaría de Estado de Turismo.
El partido se jugó un sábado y el horario de las 15.30 respondía a que el frío iba a condicionar a la gente si se organizaba más tarde y especialmente porque el estadio no tenía una buena iluminación.
Maradona había llegado a Posadas el viernes 8 de mayo a las 20.25 al aeropuerto General  San Martín, en compañía de su representante Marcos Franchi sin ser de ningún club y cumpliendo aún la sanción impuesta por la Fifa, que terminaba el 30 de junio. Faltaba poco, sí.
Los jugadores y dirigentes de Posadas y otras localidades misioneras debieron darle forma al partido, a la convocatoria, al armado de los equipos y a la logística para los 90 minutos en la cancha.
Y así, se sumaron por entonces tres figuras del fútbol brasileño como Edú, Serginho y Chicao, que serían parte del equipo posadeño.
Los seleccionados para el conjunto del interior, con el técnico Edén Fernández al mando, fueron César Zalazar, Hugo Cáceres, Mariano Grillo y Juan Borgo, de Candelaria; Dante Pigerl, Emilio Kakubur, Guido González y Jorge Maslowski, de Tigre de Santo Pipó; Juan Kondraski y Juan Carlos Ferreyra de Oberá; Blas Maidana, de Eldorado; Raúl Toledo, Omar Escalada, Leandro Castelli, Ricardo López, Raúl Toledo y Roberto Molina, de Apóstoles.
El técnico para el conjunto posadeño fue Oscar Bongiovani  y estuvo conformado exclusivamente por jugadores de Huracán del barrio Rocamora y Guaraní: Giménez, Orlando Castillo, Benítez, Sorghe, Talavera, Gómez y Antúnez, por Huracán; Montes, Hugo y Sergio Castillo, La Fatta, Vega, Garay, Silvero, Labaroni y Molinas, por Guaraní.
A las 15.30, Diego, sólo él, abandonó el vestuario para ingresar al campo de juego y ser parte del espectáculo, previo al que se venía, a cargo de un grupo de teatro.  Varios le dijeron que no se “enchinchara” porque el grupo lo pintará para una parodia sobre el cólera y “quizás los chicos te gasten”… Maradona simplemente respondió: “Por qué me enojaría, si vine a eso”.
El ex capitán del seleccionado argentino totalizó 43 pases, sólo cuatro no tuvieron destino a sus compañeros de equipo, siete fueron de lujo, un pase gol, una chilena, cuatro tacos, dos tiros libres y dos autopases fallidos.
Claro que a esos números se deben sumar sus tres goles. Uno de penal, otro de tiro libre y el restante desde la mitad del campo de juego, a los 44 minutos del segundo tiempo, el del 6-3 final para el seleccionado posadeño. El que marcó el final del partido y la invasión de la cancha, el comienzo del otro revuelo.

Autógrafos y salida de Villa Sarita
Inmediatamente terminado el partido, absolutamente todos corrieron hacia Diego. La Policía nuevamente lo rodeó, pero no pudo impedir que los periodistas lograran hablar con quien estaba en pleno proceso judicial con Cristina Sinagra por el otorgamiento de la paternidad del hijo y un pago de una mensualidad, por entonces, de 4.245 dólares.
Desde arriba del estadio, en el sector de la techada, uno gritó: “Salió por acá (por la cancha), está firmando autógrafos”. Y todos corrieron hacia ese lugar. Pero no fue tan así. En realidad fue una estrategia para zafar de semejante cantidad de público que lo esperaba afuera.
Tras superada la marea fanática, Diego Maradona dejó Villa Sarita a las 18.30 y fue trasladado al hotel de Entre Ríos, entre San Lorenzo y Colón.  En el hotel estuvo hora y media y afuera, naturalmente, había más gente esperando por la estampa de su firma.
Tras su salida, el ‘10’ dijo que se iría a la residencia del gobernador y de allí partiría en avión a Capital Federal, en lugar de ir a la ciudad de Apóstoles.
Pero no fue así. Diego había cambiado los planes otra vez y su destino sería Puerto Iguazú.

Palabras de Diego
“Correr, corren los burros”, le respondió Maradona a un hincha que le pidió que corriera más durante el primer tiempo. Luego, pidió agua y naranjas porque le sacaban la sed.
“Vení Horacio (por Bongiovani, ex técnico de Guaraní y convocado para la fiesta) que tenemos que volver a Boca para que sea campeón…”.
“Yo creo que se siente una gran tristeza cuando ves a un chico en terapia intensiva, pero lo que luchan los doctores te deja bien, porque no es que estén en terapia intensiva y ya estén terminados. Al contrario, los médicos luchan por devolverles la vida y eso es lindo. Eso te dan ganas de seguir”.
“No, ya no vuelvo al fútbol profesional. Me ha dada muchísimas cosas, pero también a través del fútbol , me tuve que enfrentar con un poder estúpido, pero ya está. Fueron quince años de jugar, de divertirme, de luchar. Ahora quiero descansar”.
“El que tengo que agradecer soy yo, a toda la gente de Misiones, a los muchachos que se prestaron, a la que gente que hizo posible que esto fuera un éxito. Porque uno piensa en hacer una beneficiencia y por ahí te sale mal. Esto salió redondo, salió muy bien”, dijo antes de abandonar la tierra roja.

Por Mauro Parrotta

miparrotta@hotmail.com.ar

Guaraní hizo historia ante el campeón del mundo

Momentos inolvidables del deporte en Misiones

Palito Arce define para el gol. El momento justo que pasó al recuerdo. | Foto: Archivo

Uno llegaba con ganas de quedar en la historia. El otro la traía en la espalda. Uno llevaba la bandera de una provincia y el otro acababa de dejar la de un país en lo más alto. De un lado Guaraní, del otro Independiente y una tarde que quedó grabada en la memoria de los misioneros.
“La fiesta fue total en Posadas, en el estadio de Villa Sarita, donde el local Guaraní Antonio Franco conquistó un triunfo resonante que quedará registrado como tal en la historia deportiva de Misiones”, publicó El Territorio el 25 de febrero de 1985, un día después de la gran hazaña franjeada.
El Clemente Argentino Fernández de Oliveira y las más de 10.000 almas que lo colmaron esa calurosa tarde de verano fueron testigos de la victoria de la Franja por 1-0, nada más y nada menos que ante el Rojo campeón del mundo, ese que dos meses antes había levantado la Intercontinental en Tokio ante Liverpool.
“Ese partido fue único e irrepetible. Por todas las situaciones. Por estar en Primera, por ser el campeón del mundo. Porque no estaba en los planes de nadie. Ni el más optimista pensaba que podíamos ganar. Quedó en la retina de la gente”, recordó Darío Labaroni, capitán esa tarde de Guaraní.
El equipo que dirigía Francisco Sá había debutado una semana antes en el torneo Nacional ante Huracán con un 1-1 en Parque Patricios, pero el fixture marcaba que la 2ª fecha era contra Independiente, el equipo de Bochini y Burruchaga, de Trosero y Giusti, de Marangoni y Percudani.
La euforia en la tierra colorada por la visita del Rojo era tal que todos hablaban sólo del partido en la semana previa. Las entradas se agotaron apenas se pusieron a la venta y a medida que se acercaba el domingo la expectativa era aún mayor.
“Caminar por la calle era imposible. Para hacer una cuadra tardabas diez minutos. No podías sentarte en un bar. Era un fervor por ese Nacional”, rememoró Labaroni por la semana previa al duelo con los de Avellaneda.

Villa Sarita y su fiesta

Esa semana particular Guaraní siguió su rutina de siempre. Entrenamientos en diferentes puntos de Posadas. El jueves Pancho Sá paró el equipo y dejó todo claro para el domingo a la tarde.
Pero las charlas entre los jugadores no eran las mismas. “A Reinoso le preguntaron qué venían a hacer a Misiones y dijo ‘a golear’, y nosotros nos dijimos ‘si vienen a golear, nosotros los vamos a matar’”, contó Labaroni.
Es que los jugadores sabían que ese Guaraní de 1985 podía quedar en la historia y que ese domingo 24 de febrero podía ser una fecha única.
A las 17.30, estaba previsto el inicio del partido y más de dos horas antes ya no entraba nadie en el estadio. Afuera, la gente se quedó para escuchar el recibimiento a los jugadores, que fue único. Tanto así que los del Rojo debieron taparse los oídos por la gran cantidad de cohetes que tiró la hinchada franjeada.
“El estadio te emocionaba, era una caldera”, relató Labaroni, y recordó las palabras exactas de Pancho Sá en la charla técnica: “A Independiente se le gana de una sola manera. Hay que meter la pelota entre Trosero y Enrique. Trosero no gira más y Enrique no tiene más piernas”.
A los 4 minutos, la redonda le llegó al capitán. Levantó la cabeza y vio al correntino Julio Luis Arce meter una diagonal. Labaroni metió la pelota entre Trosero y Enrique, como le había dicho Sá, y Palito encaró solo a Goyén para mandarla al fondo de la red y desatar el delirio en Villa Sarita.
Pero para que la hazaña sea completa había que agregarle dramatismo. José Tesare fue expulsado en el primer tiempo en la Franja, que aguantó gracias a las grandes tapadas del arquero Eulalio Meaurio y los buenos rendimientos de Roque Briñóccoli, Eduardo Moulia, Juan Ferreyra y Rubén Nacimiento, entre otros héroes de esa tarde.
Pitazo final y estalló Villa Sarita. Fiesta adentro de la cancha y afuera. Locura en Posadas y en todo Misiones. Guaraní le había ganado al campeón del mundo.
“No pasábamos por la puerta de lo ancho que estábamos”, contó entre risas Labaroni y, como si fuera hoy, recordó que “nos bañábamos rápido para salir y ver qué estaba pasando. Era una locura”.
Esa tarde, Guaraní se metió en la historia grande del fútbol argentino y escribió una de sus páginas más gloriosas. Derrotó al campeón del mundo y en todo el país se hicieron eco. La Franja llegó a la tapa de todos los medios y el deporte misionero ganó un hito inmenso.

El cambio de camisetas antes de empezar
Un estadio colmado y una fiesta que se avecinaba. Los jugadores a la cancha y los cohetes al cielo. Todos pensando en el partido, pero él, sentado en el banco, ganó el primer duelo. “Darío, vení”, le gritó antes del inicio Francisco Sá, DT de Guaraní, a Labaroni, su capitán. “Decile al árbitro que no tenemos otra camiseta, somos un club humilde” le dijo al ‘5’. Guaraní había salido con su camiseta tradicional e Independiente con una alternativa blanca. Labaroni quiso saber el porqué del pedido. “Yo jugué en Independiente y vemos la camiseta de River y nos da miedo”, contestó Sá a Labaroni, que antes del pitazo inicial habló con el árbitro, que no quedó convencido.
“No tenemos otra, qué querés que haga. Vamos al vestuario y te muestro”, le espetó el capitán. “Ellos no tienen la original y nosotros sí”, apuró el ‘5’. Minutos después, Independiente salió de Independiente. Se puso la roja y arrancó el partido. Historia conocida para los misioneros.

Tres goles de Vidal González y goleada ante el Xeneize en casa

Ese mismo equipo de Pancho Sá que logró marcar un hito ante Independiente en Villa Sarita escribió meses después otra hazaña.
La Franja recibió el 21 de abril de 1985 a Boca en el Clemente Argentino Fernández de Oliveira para jugar un amistoso.
El partido poco tuvo de amistoso, ya que Enrique Hrabina y José Villarreal se agarraron a las piñas y se fueron a las duchas antes de tiempo.
Es que ese día Guaraní dejó en ridículo al Boca de Gatti, Pasucci, Olarticoechea y Tapia, entre otros.
Esa tarde en Villa Sarita, los misioneros golearon 6-0 al Xeneize y Antonio Vidal González se hizo conocer al mundo con sus tres goles.
Ramón Delpiano, el propio Villarreal y Pablo Ortiz completaron la victoria franjeada ante Boca.El debut del 81, ante un River de lujo con Kempes y Passarella

Después de su primera incursión por la elite del fútbol argentino, en el torneo Nacional de 1971, Guaraní volvió a la máxima categoría diez años después.
A la Franja le tocó debutar el 15 de septiembre en el Clemente Argentino Fernández de Oliveira contra el River de Daniel Alberto Passarella, Mario Kempes y el Tolo Gallego, que habían sido campeones del mundo en el 78 con la selección.
Poco le importó eso a los de Villa Sarita, que arrancaron ganando 2-0 gracias a los goles de Oscar Palavecino y Pablo Ortiz.
Pero el Millonario estaba plagado de figuras y sacó a relucir su chapa en la capital misionera.
El Tolo Gallego y el Matador Kempes se encargaron de emparejar las acciones y poner el definitivo 2-2. Unos meses después, ese equipo de River se consagró ante Ferro como campeón del Nacional.Por Diego Vain
deportes@elterritorio.com.ar

Tigre de Santo Pipó: una epopeya que trascendió fronteras

No todos tuvieron el enorme privilegio de poder vivirla en primera persona. De poder disfrutarla y sentirla como propia.
La historia deportiva de Tigre de Santo Pipó quedará inmortalizada en el tiempo. Sobre todo para aquellos que fueron testigos directos de aquel equipo que dejó una innegable huella en el pueblo en particular, pero en la provincia en general.
Llegaba a su fin el siglo XX y el Felino piposeño -cuya humilde cancha se enclava donde la selva misionera se empieza a rendir ante los avances de la civilización- comenzaba a escribir una historia que sólo Horacio Quiroga hubiera podido contar con lujo de detalles.
Ese Tigre, integrado sólo por futbolistas de la tierra colorada, más que club, era una familia. Pero una familia que semana a semana, y durante diez meses, hizo feliz a otras miles de familias misioneras.
Pero aquel equipo no nació de la noche a la mañana. Porque Tigre irrumpió en la escena deportiva en el año 1977, en la Liga de San Ignacio, en la que conquistó cinco títulos en menos de diez años.
La familia Pigerl -con Don Otto y doña Irma a la cabeza- buscó una exigencia mayor y en 1987 decidió incursionar en una más competitiva Liga Posadeña de fútbol. Jugó un año en la B y ascendió en 1988 y un año más tarde sorprendió a todos siendo campeón en la A.
A partir de ahí, germinó un equipo que iba a dejar su marca. Tigre ganó cada uno de los torneos -locales y provinciales- que se jugaron entre 1988 y 1998, y en menos de una década conquistó la impresionante cifra de 21 títulos, un enorme registro que difícilmente pueda igualarse alguna vez.
Prácticamente sin apoyo, animados más que nada por el hambre de gloria, aquellos guerreros se lanzaron a su primera experiencia nacional en 1998. Festejaron un par de triunfos en el extinto Argentino B, pero rápidamente chocaron con la realidad y volvieron al Pueblito cabizbajos. Querían revancha. Merecían revancha.
Casi desde el amateurismo ancestral, pero motivado por una familia que vivía del, para y por el fútbol, en 1999 Tigre -casi inconscientemente- hizo delirar a Misiones como pocas veces la provincia lo había hecho por una pelota.
El Felino, que en ese entonces encontró en la firma Rosamonte a su principal sustento económico, se apoyó en la misma base más un par de refuerzos locales.
Los hermanos Alan, Dante y Heno Pigerl, Roberto Geck, Carlos Gauto, Carlos ‘Semilla’ Lezcano, Miguel ‘Nandi’ Lezcano (quien en paz descansa), José Luis ‘Joselín’ Cubillas, Marcos Barrios, Fabián ‘Tupa’ Romero, Carlos ‘Lalo’ Cubillas, Fabián Ponce, Ariel Martínez, Roberto Müller, Carlos ‘Hijo del Viento’ Vicente, Luis ‘Luchi’ Quiroga, Javier Castillo y Marcos Fretes fueron algunos de los nombres de aquel Tigre que, con una clara y agresiva línea de juego, hacía de la cancha de Guaraní una verdadera fiesta cada vez que el equipo hacía de local.
“Me acuerdo que hacía alrededor de 100 milanesas para que cada uno tenga su sándwich en el viaje, Otto lustraba los botines, lavaba las camisetas y hasta les ponía suavizante; todos nos ayudábamos y realmente éramos una familia”, recuerda Doña Irma, la madre del plantel.
Ese Tigre sorteó innumerables obstáculos e instancias hasta llegar al cuadrangular final, recorrió más de 25.000 kilómetros, jugó 34 partidos (22 triunfos, cinco empates y siete derrotas) a lo largo de diez meses y quedó a sólo dos puntos del ascenso al Argentino A.
En esa época, donde era natural ganar de local y lógico perder como visitante, a Tigre se le escapó el sueño en aquel recordado 3-3 como local ante Liniers de Bahía Blanca, que a la postre ascendió junto a Chacras de Coria (Mendoza).
Dante Pigerl, goleador con 16 tantos, fue nada más que el emblema de aquel recordado Tigre forjado con sangre misionera . De ese equipo que contagió fervor y admiración y que durante casi un año estuvo al servicio de una pasión.

Apostillas
Momentos incómodos
Más allá de la excepcional campaña en ese Argentino B 1999-2000, de los festejos y las alegrías que vivió el plantel misionero, los protagonistas de aquel Tigre también sortearon momentos incómodos. “Donde peor la pasamos fue en Laboulaye (Córdoba), nos trataron muy mal en todo momento”, recuerda Doña Irma. “La noche previa al partido nos tiraron cohetes frente al hotel para que no podamos dormir, y antes del partido nos mandaron a hacer los movimientos precompetitivos al lado de la barra, que nos tiraba de todo y a todos”, agrega Alan. “Nos dejaron el vestuario todo sucio, con materia fecal en todos lados y nos cortaron el agua”, suma Dante. Pero curiosamente, o no, el mejor partido de aquel Tigre fue justamente ante Sporting de Laboulaye, rival al que le ganó 7-1 en Villa Sarita para eliminarlo del torneo.No cuelgan los botines
Ya transcurrieron 18 años de aquella enorme gesta del deporte misionero. Sin embargo, no todos abandonaron la práctica del fútbol. Cuatro integrantes de aquel equipo aún continúan mostrando su magia en el verde césped. El arquero Roberto Geck, con 45 años, actualmente está jugando el torneo Federal B para Huracán de Montecarlo, dirigido por Roberto Müller.
En Tigre de Santo Pipó todavía les dura la cuerda a Dante (51 años) y Heno (49), mientras que Carlos Vicente, a sus ‘jóvenes’ 38 años, retomó la actividad en La Picada. Marquitos Barrios -y su hijo- a veces entrena con la primera de Tigre, pero ya no juega de manera oficial.
Además, Fabián Ponce es técnico de Social Madariaga de Paso de los Libres, rival del Globo en el Federal B y uno de los líderes de la zona.

Por Gustavo Hollmann
deportes@elterritorio.com.ar

El espectáculo que le dio vida al anfiteatro

Momentos inolvidables del deporte en Misiones

Finito Gehrmann vivió desde la tribuna aquel Argentino de Básquet de 1962. Hoy guarda buenos recuerdos. | Foto: Facundo Correa

El próximo 17 de febrero se cumplirán 66 años de una de las mayores muestras de unidad que tuvo el pueblo misionero: la construcción del Anfiteatro Manuel Antonio Ramírez en la capital de la provincia.
El contexto cambió rotundamente, pero esa mole de cemento sigue luciendo su belleza a orillas de un río Paraná que vio cómo lo construyeron casi en un tiempo récord para lo que sería el Campeonato Argentino de Básquet, llamado con justa razón, “el más argentino de los campeonatos”.

Una cena clave
A mediados del año 1961, se reunieron en la casa de Pepe Bertrán, el recordado gobernador César Napoleón Ayrault, acompañado por su esposa Ana Ofelia Ruiz Reca de Ayrault, el arquitecto Cacho Pomar (autor del proyecto del anfiteatro) y el “embajador” del deporte misionero en Buenos Aires, Mario Jury.
Los motivos de aquel encuentro de amigos fueron dos: degustar una de las tradicionales paellas que elaboraba Pepe (padre) y el tratamiento del tema del estadio en el cual se realizaría el Campeonato Argentino de Básquet en Misiones, que estaba previsto para febrero de l962. Las alternativas eran realizar un estadio Municipal en el predio en el cual fue construido el colegio Martín de Moussy o ejecutar el proyecto del anfiteatro diseñado por Pomar, y fue ahí cuando Ayrault tomó la decisión histórica de construir el Manuel Antonio Ramírez.
Una de las principales características que tiene la historia del anfiteatro es que la monumental obra a orillas del Paraná fue construida en tiempo récord: tres meses. Los obreros trabajaron a doble turno y, con los recursos rudimentarios con los que se disponía en aquella época, concretaron el anfiteatro.
El 17 de febrero de 1962, en presencia de una multitud que llenó el lugar, Ayrault lo inauguró y puso en marcha el Campeonato Argentino de Básquet. Con el paso de los años el escenario se continuó utilizando para distintos tipos de eventos.
Carlos Monzón, por ejemplo, estuvo dos veces en nuestra ciudad antes de ser campeón del mundo. El 24 de abril de 1963 derrotó por abandono en el séptimo round a Mario Suárez y el 5 de mayo de ese mismo año al misionero Raúl Rivas, en el quinto asalto, despojándolo del invicto y mostrando la contundencia de sus golpes, en ambos casos en el anfiteatro Manuel Antonio Ramírez. Una cita obligada para los misioneros en el anfiteatro cada año es en el Festival del Litoral, además del show de scolas que convoca cada año a los jóvenes posadeños en la Estudiantina.

Ausente sin aviso
“En ese tiempo los campeonatos argentinos eran lo máximo que tenía el básquet. Participaban las 24 provincias y venían con todo su potencial. Yo era pibe y estaba muy entusiasmado con el básquet porque me había sacado el complejo que tenía cuando vine del interior por mi altura. Todos se reían por mi altura y el básquet fue mi refugio. Un vecino me llevó a jugar al Tokio y me quedé ahí. Todo el día estábamos jugando. Iba a la Industrial y cuando salía del colegio me quedaba jugando al básquet en el Tokio en lugar de ir a comer”. Estas palabras corresponden a Ernesto ‘Finito’ Gehrmann, que estuvo convocado para jugar aquel torneo para Misiones en lugar de Jorge Yamaguchi, quien se lesionó de la rodilla en la previa a la gran cita.
Sin embargo, el joven Fino se sintió desbordado por la situación de tener que enfrentar tamaña responsabilidad y decidió “desaparecer” un par de días en el interior de la provincia.
“Me pegué un susto porque me convocaron dos días antes. ‘No quiero jugar’, le dije a mi mamá y me fui a nuestra colonia un par de días, hasta que comenzó el Campeonato”, recordó Finito.
“El interés que causó ese Campeonato para la sociedad en general es como cuando hay un Mundial de Fútbol. Para nosotros era una cosa impresionante porque venían todos los monstruos que veíamos en la revista El Gráfico”, detalló uno de los próceres del deporte misionero a pocos metros del Manuel Antonio Ramírez.
“Este anfiteatro lo construyeron a las corridas, le metieron al hormigón como loco para que esté en tiempo y forma y realmente fue una fiesta. Todas las noches estaba lleno y el público muy entusiasmado. La definición del campeonato fue increíble porque Santiago del Estero le ganó sobre la hora a Córdoba y uno de los jugadores cordobeses se quería tirar del anfiteatro de la amargura que tenía”.
Para la época esto fue algo extraordinario. Todos los estadios eran destechados, pero éste en particular llamó mucho la atención por su vista al río. Sigue siendo una maravilla y muy útil para nuestra ciudad”, finalizó Finito, quien al año siguiente sí debutó con la selección de Misiones en el Campeonato Argentino que se realizó en Mendoza y a partir de allí realizó su exitosa carrera con la naranja.

Un poco de historia del básquet misionero
El básquet misionero transitó su mejor época durante las décadas del 50 y el 60, de manera contemporánea con la etapa de consolidación
de Posadas como la ciudad capital. Unión, Brown, Itapúa, Tokio, Mitre, Juventud y Racing fueron los clubes deportivos y sociales en los cuales aparecieron los primeros grandes jugadores de la tierra colorada.
El primer gran logro para Misiones fue el subcampeonato conseguido en el Argentino Juvenil de 1966, que se disputó en la provincia de San Juan. Ricardo Losada, Nene Puerta, Pepe Alonso, Patudo Martin, Jorge Yamaguchi, Rodolfo Prado, Tupy Varela, Yacomín, Tarragó, Mancini, Caferata, Dalmau, Luengo, Guenin, Cholo Martínez, Celano, Yunque, Méndez, Chico Saucedo y Negro Paiz fueron algunos de los apellidos que hicieron grande este deporte en Misiones.
Más acá en el tiempo se recuerda el paso de Luz y Fuerza por la Liga Nacional del Básquet durante el año 1996. El equipo dirigido por Rubén Magnano (luego campeón olímpico con la Generación Dorada) jugó sólo una temporada en la actual máxima categoría del básquet argentino. Luego de finalizar en la 9ª posición y debido a una ruptura dirigencial, el equipo misionero terminó resignando esa plaza. Uno de los partidos más recordados de aquel paso de Luz y Fuerza por la Liga Nacional fue cuando derrotó 99-91 a Atenas de Córdoba, ante un colmado polideportivo El Zaimán.
En la actualidad el equipo que mantiene la bandera de Misiones en los primeros planos a nivel país es Oberá Tenis Club, que desde hace diez años participa en la segunda categoría del básquet nacional. El próximo 24 de octubre el Celeste obereño debutará en la Liga Argentina de Básquet (ex TNA) con la intención de poder en algún momento regresar a la Liga Nacional.

Por Facundo Alzaga

depores@elterritorio.com.ar

 

Los hermanos Barney, próceres del atletismo

 

Momentos inolvidables del deporte en Misiones

Eric Barney sostiene el cuadro con la foto de su hermano Ian, con quien marcó una época en el deporte de la tierra roja.

«La perseverancia hace que un tipo que no es dotado pueda superar al que lo es, porque muchas veces el dotado se duerme en los laureles y el que persevera lo supera. No fui ninguna excepción ni un dotado, ni en el deporte o el estudio. Pero sí fuimos muy perseverantes e intensos en nuestras acciones”, subrayó Eric Barney (76), en plural naturalmente, integrando a su hermano Ian al concepto.
La genética, los buenos entrenadores y las ganas de superarse hicieron que los mellizos Barney fueran atletas de nivel internacional, con títulos y récords que llevaron la bandera de Misiones bien alto.
Nacieron en Oberá el 10 de mayo de 1941 y cursaron la secundaria en un colegio inglés de Buenos Aires, dato imprescindible para entender su formación en la disciplina.
En 1965, Ian y Eric escribieron una de las mejores páginas de la historia del deporte de la provincia al consagrarse campeones de salto con garrocha y lanzamiento de la jabalina, respectivamente, en el Sudamericano de Río de Janeiro, Brasil.
A lo largo de su trayectoria, entre ambos ganaron seis títulos sudamericanos. Además, se recibieron de ingenieros.
Pero el destino los separó pronto, ya que Ian falleció en un accidente automovilístico en el año 1969. En su homenaje, el polideportivo Municipal de Oberá lleva su nombre.
“Ian era más inteligente. En los deportes no sé si alguna vez le gané, y si hice mejores marcas fue porque entrené más. Él nunca quiso hacer pesas, pero tenía un brazo excepcional. Podía tirar una naranja a cien metros, cuando yo la tiraba a sesenta”, graficó con afecto.

Sueño olímpico 
En 1968, Eric integró el equipo argentino que participó en los Juegos Olímpicos de México. Claro está, compatibilizó como pocos la alta competencia deportiva con el estudio, ya que cursó ingeniería en la Universidad de Berkeley, en los Estados Unidos.
“Me recibí el 18 de septiembre, y el 21 viajé a los Juegos Olímpicos. Quiere decir que nunca dejé el deporte por el estudio y hacía las dos cosas con la misma intensidad. Yo me recibí de ingeniero en seis años y medio porque hacía deporte. Por eso siempre les digo a los chicos que el deporte brinda un descanso mental que no se logra con ninguna otra actividad”
Y otra vez surgió la admiración al hermano: “En los últimos años de universidad ya no teníamos guita porque acá la yerba no andaba. Entonces mi hermano empezó a trabajar en Eveready y me daba la mitad del sueldo. ‘Vos entrenate’, me decía. Faltaba poco para la Olimpíada de México y yo tenía que entrenar mucho, por eso él trabajaba y yo entrenaba”.

Donó un tesoro
En un gesto más de su grandeza, años atrás Eric donó a la comuna las zapatillas con las que en 1965 su hermano y él compitieron y se consagraron campeones en Río.
Así, ofrendó a la comunidad uno de los mayores tesoros personales que poseía, ya que las zapatillas fueron un regalo personal que le hizo Adi Dassler, fundador de la marca Adidas.
“Recuerdo que el 9 de mayo (de 1965) lanzó Ian y salió campeón. Al otro día era nuestro cumpleaños y llovió, por eso le pedí las zapatillas porque la pista era de ceniza y estaba muy húmeda, y también gané”, rememoró.
Y contó algo que pocos saben: “En los años 60 fui promotor de la marca Adidas porque hablaba inglés y Adi Dassler se contactó conmigo para que represente a la marca en Sudamérica”.
Pero eran años de amateurismo total y la recompensa por el trabajo era algunos pares de zapatillas. “Dassler me regaló las botitas y se las di a Ian porque tenían clavos más largos, pero al final yo también las usé y los dos salimos campeones”, agregó emocionado.

Por Daniel Villamea
deportes@elterritorio.com.ar

El TC fue el evento deportivo más convocante de Misiones

Hace poco más de diez años la revolución tuerca llegó para quedarse. El Turismo Carretera, la categoría nacional más importante, desembarcó por primera vez en el autódromo de Posadas marcando un hito y estableciendo un punto de inflexión en la línea de tiempo.
El 24 de junio de 2007, en plena siesta misionera, Guillermo Ortelli se subió al podio y levantó la copa bajo el manto Chevy, cortando una sequía de un año y cuatro meses sin festejos. La oleada de fanáticos coreó su nombre en la recta principal y más de 40.000 personas fueron testigos en lo que sin dudas fue un éxito. Pero, ¿quién iba a imaginar que hace poco tiempo atrás el escenario en cuestión estaba en estado de abandono?.
El evento más taquillero de la historia en nuestra provincia comenzó tan sólo un año antes del fin de semana señalado. La nueva comisión directiva del autódromo, en ese momento, tomó el difícil compromiso de refaccionar la pista y los alrededores.
El actual titular del Automóvil Club Misiones, Carlos Malarczuk, fue el cabecilla de un grupo inexperto en la materia, pero con la firme decisión de cumplir los objetivos trazados, y así lo hizo saber en diálogo con El Territorio.
“Juan Jambrina me dijo para hacerme cargo del autódromo…era un desafío y le dije que sí, pero que íbamos a apuntar alto. De inmediato elaboré un plan para refaccionar el lugar, recuerdo que hasta a los baños les faltaba el techo. Me reuní con Oscar Aventín, en ese momento el presidente de la ACTC, y le comenté del proyecto. Por supuesto que conseguí la aprobación y a la semana vino Hugo Mazzacane (vicepresidente y hoy titular) con el hijo y me dio instrucciones”, dijo.
“Cuando pusimos el club al día presenté el proyecto a Gobernación y me dijeron que estaba loco, pero al tratarse del TC el ‘ok’ no tardó en aparecer”.
La ampliación del autódromo abarcó un trazado importante de la pista, gracias a una empresa yerbatera que cedió parte de su terreno para lograr el cometido. Una vez licitado el proyecto públicamente, la remodelación se puso en marcha.
Meses antes de la hora señalada todavía muchos se mostraron incrédulos con la llegada del TC.  “Recuerdo que había un clima de incertidumbre en la previa, hasta decían que no compren la entrada porque era imposible”, señaló Malarczuk.
“También hubo problemas con la seguridad externa porque faltaba construir un muro lindante de 2,40 metros de altura y de 600 metros de ancho que divida la pista del barrio. Los de la ACTC se jugaron la vida. Estábamos atrasados en cuanto a la seguridad externa, la carrera no tenía que haber salido”.
Una semana antes el autódromo comenzó a recibir gente del interior de la provincia, Corrientes, Resistencia, Reconquista, Santa Fe, Buenos Aires y Paraguay. El predio no mostró la conclusión de sus obras por completo, pero la expectativa del TC en la tierra colorada pudo más.
“Fue la carrera que más gente llevó, colapsamos por todos lados. Faltaba gente en los ingresos para cobrar…fue una locura. Sin dudas estábamos en la presencia del evento que más convocó; la demanda hotelera fue enorme durante cinco días y se convirtió en un motor para la economía del momento”.
“Esta carrera fue como romper la inercia, hacer que el público se acerque al autódromo, darle continuidad”, cerró Malarczuk.
Lo cierto es que desde ese momento la plaza posadeña no se movió del calendario de la categoría más importante de la Argentina. Fue un punto de partida.

Primera vez, en la década del 50
El Turismo Carretera pasó por primera vez en Misiones en noviembre de 1954, bajo la modalidad “etapas”, al mejor estilo Dakar. La “Primera Vuelta de Misiones”, como se denominó al gran premio, se corrió en tres etapas y en días sucesivos: Posadas-Eldorado, Iguazú-Oberá y Oberá-Posadas.
Fueron 16 pilotos los que formaron parte del desafío con la victoria del binomio chaqueño Eleuterio Schwemler-Nicolás Arce (Chevrolet). Las crónicas de
El Territorio relatan en sus líneas: “Un enorme entusiasmo se vivió en las avenidas Perón y Cabred con la largada oficial, cuando los autos ganaron los rojos caminos de la provincia”.

Por Cristian Avellaneda
deportes@elterritorio.com.ar

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