Es lunes, el reloj marca las 23.10 y el termómetro, unos 10 grados. Entre el frío y un comienzo de semana que no se presta para más, el fantasma del sueño se materializa en un manto de neblina. La ciudad duerme. O al menos lo intenta, porque en Villa Urquiza no la dejan descansar.
Son casi ochenta, quizá cien, los “responsables” de ese insomnio. En las tribunas del club Brown, ellos celebran. Hoy les tocó ganar, así que el festejo se multiplica. Es doble. Por un lado, la satisfacción de la victoria y los tres puntos. Pero por el otro, un triunfo mucho más grande, más importante, que excede los límites de un simple y efímero resultado deportivo. Es el triunfo sobre las adicciones. Y ese es un partido que la muerte ya no podrá dar vuelta.
Por eso, en Centro Reto sobran las razones para festejar. Y por eso, una sonrisa se dibuja en el rostro de Adrián Mancuello, uno de los referentes del equipo de la fundación en los torneos de futsal de nuestra ciudad, cuando relata su historia a DE PRIMERA. Un testimonio que se repite en muchos de los chicos de la organización, que tienen al deporte como principal bandera para decirle adiós a las drogas.
¿Cuándo empezaste a drogarte?
Comencé a los quince años, por distintas situaciones familiares, pero también por el entorno en el que vivía, en Florencio Varela (Buenos Aires), porque en el barrio las drogas parecen algo normal. A los diez u once años ya tomaba alcohol y eso me fue llevando de una cosa a la otra, hasta que llegué a la marihuana, la cocaína, pastillas, etc.Todo eso me alejó de mi familia y fue entonces cuando me fui a vivir a la casa de una amiga, y eso fue lo peor, porque era drogarme todos los días. Así fue hasta los 18 años…
¿Qué pasó después?
Y bueno, en un momento dado tuve una convulsión a causa del pegamento, porque de a poco se me comenzaron a cerrar los pulmones. Y ahí empecé a gritar, a pedir ayuda, y vino un hermano que vivía a un par de cuadras, me llevó a su casa y me dio leche caliente, porque eso te abre los pulmones.Ahí zafé, me fui a vivir de nuevo a la casa de mis padres y comencé a trabajar. Todo eso me alejó un poco de las adicciones. Pero era difícil, porque me invitaban a jugar al fútbol y yo iba, pero apenas llegaba a la cancha, porque ya comenzábamos a tomar alcohol y empezaba todo de vuelta. Y al final yo me quedaba afuera de la cancha, y otra vez con la cocaína. Y esa es una droga que te aparta, te aísla de las personas y de la sociedad…
Y fue ahí que decidiste tratarte…
Sí, pero no fue para nada fácil. A los 19 años me interné en el Centro Nacional de Rehabilitación Social. Ahí pude reiniciar mi actividad deportiva, porque siempre fui un loco por el fútbol, me venían a buscar de todos lados, pero mis complejos y la adicción no me dejaban. En ese lugar viví dos años y hasta fui secretario de Deportes, porque siempre busqué la motivación en el deporte.A los veinte años salí del Centro prácticamente rehabilitado y comencé a trabajar en la construcción, pero de a poquito comencé nuevamente con las adicciones y, cuando me di cuenta, estaba metido otra vez “hasta las manos”…
Entonces llegaste a Misiones…
Fue en 2001, con 22 años, que tomé la decisión de venir acá, porque yo tenía un hermano que también tuvo los mismos problemas y ya estaba internado acá. No era fácil, pero no aguantaba más, iba “pegándome un palo tras otro” y ya nadie me podía ayudar.Me acuerdo que llegué a la terminal un martes, a las 4 de la mañana. Me buscaron de Reto y me llevaron al hogar. Al principio era muy duro, porque tenía que dejar el cigarrillo, todos los hábitos, que son los que después te llevan de nuevo. Era una disciplina terrible, que yo no había visto nunca en ningún lado.
No fue fácil, porque a los tres meses dije “listo, me voy de acá”, pero con todo lo que te ofrece el Centro decidí quedarme. Estuve nueve meses en el hogar de Eldorado y después volví a Posadas.
¿Cuándo realmente te sentiste liberado de todo?
Me sentí libre a los cinco meses, porque tomé esa decisión. El Centro no trabaja con terapeutas ni nada por el estilo. Son personas que tienen sus vidas cambiadas por Dios. Yo al principio hasta pensaba que se drogaban y todo, porque de repente estaba durmiendo en la habitación y escuchaba que los chicos se reían y se divertían, y para mí no existía algo así sin drogas. No concebía la alegría. Y yo me empecé a reír de vuelta acá en Reto, después de dos meses. A reírme sanamente. Yo me había olvidado de lo que era reírme sin fumarme un porro o sin hacer alguna maldad.
¿Cómo empezaron con el futsal?
El equipo empezó en 2005. Nosotros siempre jugábamos contra equipos de afuera, amistosos, porque en Reto al 95% le gusta el fútbol. Y en 2004 empezamos a salir más. Íbamos a la canchita de Rademacher y Maipú, y ahí jugábamos tres o cuatro veces por semana.En 2005 todavía estaba Javier Soto (ahora en Córdoba), uno de los chicos, que había comentado algo sobre un campeonato de futsal en el Brown. Al principio el director, Miguel Ángel, le esquivaba al tema, hasta que en agosto de ese año decidimos inscribirnos. Todavía me acuerdo del debut en la C, le ganamos a Los Burkas por 8 a 3.Y justo un día después yo me iba a vivir a la comunidad de Reto en Eldorado junto con otro de los chicos, Pablo Retamar. Entonces vino Miguel Ángel y nos preguntó si estábamos dispuestos a venir a Posadas una vez por semana para jugar. Le dijimos que sí. Era una locura, porque no se hacía en ninguna comunidad, ningún centro en todo el país participaba en campeonatos. Y una vez por semana nos tomábamos el colectivo, veníamos con el bolsito. Ese campeonato salimos invictos y ascendimos a la B.
¿Cómo se vive el día del partido?
Tendrías que ver. Los pibes se preguntan “che, ¿será que vamos a ir a la cancha?”, y son las 9 y jugamos recién a las 23. Si es por ellos, quieren tirar bengalas, cohetes. Y metemos siempre ochenta o noventa personas en cada partido, y todo el día nos preguntan cómo vamos a hacer para ir… El otro día, por ejemplo, se rompió la trafic que tenemos y vinieron todos en colectivo. Al mediodía ya se está hablando del partido, porque los pibes siguen el diario, siguen por Internet. La otra vez, en el torneo de verano, me acuerdo que le ganamos a los que eran Plastimí y Miguel Ángel andaba con la notebook mostrándoles a todos la nota del partido… es un orgullo muy grande.
Los que los ven jugar notan algo distinto en el equipo ¿es difícil trasladar la disciplina a la cancha?Nosotros antes éramos de la calle. A mí, de chiquito, me enseñaban que cuando iba a cabecear tenía que bajarle el pantalón al rival, cosas así. Hoy por hoy ya no podemos hacer eso. Tenemos que jugar al fútbol limpio. Y no es difícil, es fácil, se puede. A mí me gusta mucho el deporte sano, y lo que me gusta de acá es el respeto hacia todos, hacia los referís, porque muchas veces tenés que estar en el lugar de ellos. Nos sirve para demostrar que se puede jugar con disciplina, sin insultarse ni pegar una patada malintencionada. Se puede, nosotros lo hacemos.
¿Cómo le sirvió al Centro el deporte?
El equipo fue un escape, porque también mostramos algo diferente. Nosotros somos cristianos, pero no nos basamos en una religión, profesamos una vida cambiada por Dios, y por eso muchas veces la gente nos confunde, porque no vivimos con la biblia bajo el brazo. Simplemente vivimos una vida en orden, que agrade a Dios, por agradecimiento, por todo lo que Él hizo en nuestras vidas.
Fuente: Primera Edición.




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