“Soy un hombre de tierra roja”, dijo días atrás. Gonzalo Klusener, nacido en Oberá, Misiones, se reconoce de esos campechanos materos, de los que no le sobra nada en la vida. De esos tipos que están dispuestos a ponerse los guantes para pelearle a la adversidad. Por eso se le hace un nudo en la garganta cuando le toca decir algo acerca de su novia o de su vieja, Yiya, la maestra; o de su viejo o de sus hermanos. Klusener tiene que jugar afuera de la cancha también. Porque hay otros partidos. Los más difíciles, esos donde los goles también valen doble como en la tarde de ayer. La familia está expectante, porque su novia está en La Plata, en un momento familiar complicado. Y él, en San Francisco, recién duchado, con un tajo en la frente. Le tiraron un proyectil después de anotar el tiro penal del descuento, cuando fue a buscar la pelota al arco. “Me tiraron de todo ahí, pero ya está”, comenta.
Escuchá el segundo gol
Igual, la familia es lo primero. Eso lo apichona. Piensa en cómo estarán las cosas allá. “No es un buen momento familiar, pero aquí estamos. Y la estamos peleando”. La frase puede sonar un poco lejana de ese griterío de alegría con el que se van los hinchas de la T de San Francisco, chochos con el empate agónico y también con él, con Gonzalo o con “Golazo”.
Sí, Golazo Klusener. La humorada ocurrente lo relaja. “Es buena esa,”, le dice otra vez a Día a Día. Relojea el celular: “Tengo varios mensajes, ya los quiero leer tranquilo en el colectivo”.
Sabe que mamá está poco más que feliz y que seguro le atestó su casilla con mensajitos de amor. Y los hinchas lo prolongan en persona, porque ya lo adoptan por ese camino de ilusoria idolatría. “Estoy contento, no conforme en líneas generales, pero pudimos remontar algo que se complicaba”, reconoce.
–¿La tenían muy difícil?
–Creo que es positivo más por cómo se dio el partido y el 2-0 en contra pegó duro. Si se jugaba un poquito más quizás lo dábamos vuelta.
–¿Había que hacerse fuertes y apoyar a Aguiar?
–Hablamos en el vestuario que ellos no nos crearon muchas situaciones, hubo errores pero hay que apoyarse. Uno se pone en la piel del compañero.
Suena convencido de que esto es un comienzo muy lejano de lo que será Talleres en el campeonato. Ha sido un primer paso.
Tal como lo soñó, se le cumplió el anhelo de marcar como fuera: “Vamos a mejorar. Por suerte el equipo mostró carácter. Creo que no tuve un gran partido, aunque la estadística diga dos goles. Prefiero jugar así y anotar y no hacerlo muy bien y no poder anotar”.
Los otros partidos de Klusener siguen allí, dando vueltas, con todo lo que implica ser un “desarraigado” hace rato, el de estar pendiente qué ocurre con su familia en Misiones, de sus otros afectos en La Plata. Y de este nuevo amor que puede ser Talleres, ya pisando la primavera, sabiendo que fue el mejor comienzo personal en una pelea que recién empieza con los cortos y que sigue con los largos más allá del campo de juego.
–En una ráfaga pudieron dar vuelta todo.
–En un minuto cambiamos todo, la gente se puso nerviosa pero lo sacamos adelante y creo que si jugábamos cinco minutos más y lo dábamos vuelta. Fue un desahogo el segundo gol. Si bien no jugamos bien, era un resultado injusto.
–¿Qué título te gustaría para este debut?
–Yo tengo menos imaginación… pero lo que se te ocurra, inventá algo lindo. Klusener vale doble… no está mal.
Fuente: Julio Moya, www.diaadia.com.ar




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