
Fruto de su esfuerzo. Hace once años, Rosa despertó en el gimnasio una pasión que la llevó a ser hoy campeona mundial y su hija Adriana dio la sorpresa al emular a su madre en la categoría Junior (Foto El Territorio)
La fuerza en Rosa Floriano no sólo va de la mano de sus músculos trabajados sino acompañada de su entereza para afrontar los objetivos que se pone en frente; estos que hoy le sacan una sonrisa y sus ojos brillan con una emoción desbordada al desplegar sus pergaminos de campeona en el Mundial de Powerlifting (levantamiento de pesas), realizado días atrás en Puerto Iguazú.
Esta madraza deportista se encarga de las tareas del hogar, se pone al frente del gimnasio Sparta Gym, en Garupá, junto a su esposo Walter Plaza, y entrena arduamente para conseguir lo que ella considera como “el placer de encontrarle un sentido a la vida misma, cumpliendo las metas y hoy siendo campeona mundial”, algo que no estaba en sus planes hace 11 años, cuando sentía el peso, y el placer, de levantar kilos por primera vez en sus hombros.
Sacrificio grande, premio mayor
Hace dos años que Rosa obtuvo la clasificación para participar en los mundiales de la especialidad pero los altos costos del viaje (que en general se realizan en países europeos) dejaban en el camino sus ilusiones de competir ante las atletas más fuertes del planeta.
Pero la gran noticia un día llegó y, desde que se otorgó a Misiones la plaza para realizar el certamen, la posadeña puso literalmente en juego toda su fuerza para llegar lo más lejos posible ya que también tuvo que ahorrar peso por peso para solventar su estadía, que pese a hacerse en la provincia, tuvo que costear el alojamiento, la comida específica para el óptimo rendimiento y pagar cuatro mil pesos solamente de inscripción.
Y…“valió la pena”, dijeron al mismo tiempo Rosa y su orgulloso esposo Walter, mostrando los premios y medallas sobre la mesa con los cuatro oros en fuerza de banco plano, en raw sin equipo y con equipo y en despegue; en tanto, en powerlifting terminó con el tercer mejor coeficiente mundial.
Todo ese trabajo previo le dio un premio extra a la atleta de la tierra roja, ya que logró récords mundiales en levantamiento de banco plano, sin equipo, en la categoría hasta 82,500 kilos, al lograr levantar 115 kilos y también se quedó con la mejor marca, esta vez con equipo, al alzar 140 y en powerlifting, sin equipo, levantó nada menos que 160,500 kilos en sentadillas.
“La adrenalina cumplió un rol importante para poder hacer los récords; yo sabía que podía superar las marcas pero una vez ahí tenía que demostrarlo”, explicó Rosa, la única representante misionera entre los 22 que participaron, en competir en cuatro de las cinco modalidades que acaparaba la importante cita.
“La emoción de estar en el podio fue muy grande, pero lo mejor estuvo al volver. Llegamos al gimnasio, que queda frente a nuestra casa, y nos estaban esperando los chicos que van a entrenar, todos muy felices y entusiasmados”, relató Rosa.
Y agregó: “Nosotros no ganamos nada económico; es más, la inversión de estar en el Mundial fue de alrededor de 50 mil pesos, pero no nos importó destinar en eso porque hoy, por ejemplo, los chicos del gimnasio ven que el esfuerzo tiene su premio, que se puede llegar a ser bueno y tener prestigio en lo que a uno le gusta”.
Potencia en la sangre
Rosa contagia calma. Su potencia, evidente, la transmite sólo levantando peso sobre su cuerpo, pero esa pasión por llegar un poco más allá tuvo un efecto en sus hijas. En el Mundial, Adriana, de 22 años, dio también la nota al consagrarse campeona en Junior, en la divisional hasta 75 kilos, en powerlifting, y en tan sólo su cuarta competencia en su corta carrera.
“Fue una sorpresa muy linda para nosotros”, dijeron sus padres que también ya ven el entusiasmo de su hija menor Agustina, que con sus 13 años también va tomando la rutina diaria de entrenar en el gimnasio.
Es que para ellas el estigma de ‘la mujer con músculos o masculinizada’ es sólo un mito y sienten el deporte como hábito saludable. “En el Mundial se vio a mujeres de más de 60 años con cuerpos estilizados, saludables y muy femeninos, romper con el mito cuesta pero es un deporte igual que cualquiera”, destacó Plaza.
Con sus 41 años, hoy Rosa lleva en su haber récords nacionales y mundiales que muestra orgullosa pero sin dudas compartir estos momentos con su familia son su mayor premio.
Fuente: El Territorio.



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