Luego de cuatro años, regresa el Correcaminos

Alberto Olivera y fliaCanalizando el dolor por la pérdida del dirigente del atletismo y su amigo, Néstor Horacio Prieto, y con la ayuda de su familia, Alberto Olivera regresa a los entrenamientos. “Quiero volver a ser el de antes”, dijo.
Pasaron cuatro largos años. Un ‘pequeño descanso’ tal vez para él. Hoy el empujón que necesitaba para volver a calzarse las zapatillas volvió por esos ‘clicks’ de la vida. La reciente partida de uno de los impulsores del atletismo en la provincia, Néstor Prieto, hizo que uno de los mejores atletas de la tierra roja volviera al ruedo.
Con 30 años recién cumplidos, Alberto Olivera encontró en su memoria y en su corazón que la pasión no se puede tapar fácilmente y su amigo Prieto se lo recordó.

“Había hablado con Néstor (Prieto) por teléfono cinco días antes de que falleciera. Me dijo ‘tenés que volver, poca gente tiene las condiciones tuyas’ y a los días me entero que ya no estaba y fue el motivo que me faltaba para tomar la decisión de regresar a las pistas”, explicó el Correcaminos, como se lo bautizó en sus inicios con sus largas y flacas piernas que potenciaban su velocidad.
Su voz transmite alegría por hacer lo que más le gusta: correr. Una actividad que también lo llevó a conocer en una competencia a su compañera de la vida, Natalia; hoy ambos disfrutan de su hija Jazmín, de 4 años, justamente el tiempo que Alberto puso un ‘stop’ a su carrera.
“Mi hija no me vio competir, la mamá le mostró fotos pero nunca me vio en esa etapa, así que va a ser algo lindo también”, reconoce el posadeño.
Parado de otra manera ante la vida, Alberto, que reside en Quilmes, provincia de Buenos Aires, recuerda que en estos cuatro años trabajó muchas horas en una droguería, de sol a sol, “pensando en la familia siempre”, pero con esas ganas latentes de sentirse libre al ritmo de los trotes.
“Dejé de correr porque un día, trabajando en mi casa, se me rompió el disco de la amoladora y casi me ‘saqué una pierna’, me lastimé muy feo los músculos y fue un golpe grande. Me llevó casi un año volver a tener la movilidad de antes y me dio mucha desilusión; me dije ‘ya está, no corro más’”, recordó.Alberto Olivera
Desde ese momento, uno de los mejores atletas que dio la provincia se abocó a trabajar entre cajas y medicamentos hasta hace unas semanas. “Ya venía analizando la situación y llegó la noticia de Prieto como un baldazo de agua fría, me junté con mi mujer, lo charlamos, me dio su apoyo, me motivó y un día después, el 23 de enero, fecha de mi cumpleaños número 30, comencé a entrenar”.
Como dice la frase, “el cuerpo tiene memoria”, y así lo siente Alberto, que va progresando paso a paso para regresar a las competencias. “Hice un grupo de trabajo con Alexis Abot, entrenador de la selección argentina de fondo de atletismo, y con José Martínez, mi entrenador de Posadas, de la Agrupación Araucaria; y con ambos armamos un programa que voy llevando adelante todos los días”.
La actividad la lleva adelante en la costa del Río de La Plata, en Quilmes, y espera que “si todo va como lo esperado, en tres meses podría ya estar corriendo en alguna prueba, pero tranquilo, sin la mente puesta en ganar sino en empezar de a poco y sin lesionarme”.

Un trofeo en manos de un amigo
A los 11 años, Alberto sólo pensaba en la redonda, su vida pasaba por el potrero jugando con amigos. “Jugaba al fútbol con un equipo que se armó en el barrio, el que corría era mi hermano Esteban, y andaba muy bien. Un día se va a competir y me lleva, fue justo una prueba que organizaba Prieto, en el barrio Rocamora, y salí tercero. Me acuerdo que cuando Prieto me dio el trofeo fue algo distinto, por primera vez tenía un premio, que todavía conservo, y fue un motor para todo lo que siguió; nuestra amistad con Néstor fue una consecuencia de eso”, se acordó el misionero.Néstor Prieto largada
Con 17 hermanos criados en un barrio humilde de Fátima, Alberto sabe de sacrificios. Desde los 11 años en adelante se ganó un lugar en la historia del atletismo en la provincia a base de esfuerzo, acompañado siempre por su entrenador Martínez.
“El atletismo me dio tantas cosas. Recuerdo ese primer oro nacional, después ganar el premio Rosamonte al mejor deportista, fueron etapas de entrenar mucho pero de llenarme con el aplauso. Acordarme de eso también me estimula”, reflexionó.
Para Alberto sus expectativas están puestas en “volver a ser el de antes y estar en contacto con la gente, con el mundo de los atletas”.
Y agregó que “cuando voy a Posadas, la gente me dice ‘volvé, fuiste el ejemplo para los más chicos’. Mi hermano Esteban también me da ese empuje que necesito porque desde que dejé de correr me alejé de todo. Y sé que fue mi decisión, también trabajaba muchas horas y quiero recuperar eso”.
Alberto formó parte de una etapa dorada para el atletismo de la tierra roja junto a Vanesa Karg, Argentino Demetrio, Micaela Barrios, Georgina Hahn, Valeria Barón, Yenny y Luis Ortiz, entre otros.
“Ojalá Misiones vuelta a tener ese grupo de atletas que llevaba la bandera a todos lados, esa es la idea también, de motivar a otros a sumarse al deporte y que seamos también acompañados porque solos se hace muy difícil”, sentenció Alberto.
Para finalizar redondeó la idea que tiene para su vuelta y lo que sigue: “Este parate tiene cosas buenas como malas, una de ellas es que justamente perdí cuatro años de carrera y otra es que descansé cuatro años (risas). Me lo tomo así porque tal vez si seguía en ese ritmo hoy podría estar lesionado de tanta actividad y más descansado mi cuerpo puede dar al máximo hasta los 38 años tal vez y eso es positivo”.
Así, con mente ganadora y un cuerpo que conoce de adrenalina, Alberto volvió a comprar un pasaje de ida para comenzar a recorrer otra vez ese camino que lo hace a trote. Pero ahora acompañado por la familia que construyó en estos años, que le dieron respiro a sus piernas.

Fuente: El Territorio.

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