Martín Benítez: “Cambié murmullos por aplausos”

Martín Benítez gol a RacingEl dorsal 29 ya no pasa desapercibido para la gente roja cada vez que juega Independiente.
Ahora ya no se escuchan murmullos cuando la pelota pasa por sus pies. Cada quiebre de cintura, cada enganche y cada pique levanta aplausos en las gradas.
Al misionero Martín Benítez la vida le cambió casi radicalmente. A sus 21 años, el delantero está atravesando su mejor momento deportivo en el Rojo de Avellaneda.
Con la llegada del técnico Mauricio Pellegrino, «Tincho» encontró su lugar en el equipo, explotó como jugador y hoy sin dudas es una de las principales figuras y pieza clave en el andamiaje ofensivo.
Aquellos que hasta no hace más de seis meses murmullaban y se quejaban cada vez que Martín tocaba la pelota, hoy no se cansan de aplaudir cada intervención suya. Sus gambetas generan expectativa, su decisión contagia optimismo y sus goles originan ilusiones.
El jugador surgido de las inferiores de La Picada, y que desde muy chico inició su carrera profesional en Avellaneda, tuvo que sobreponerse a los malos momentos del Rojo y hoy, con la confianza que le brinda el ex DT de Estudiantes, reconoce que “estoy viviendo un sueño”.

El último sábado, el posadeño abrió el camino del 3-0 ante Racing en el clásico y fue, junto a Jesús Méndez, una de las figuras del partido.
Los festejos posteriores encontraron a Martín compartiendo un asado familiar en Caballito con su hermano Cristian, su padre Alfredo, sus tíos Chumpi Benítez y Sergio Sosa y demás integrantes del círculo íntimo. En medio de charlas, anécdotas y brindis, el posadeño atendió el llamado de El Territorio y dejó sus sensaciones post clásico.
“Desde muy chico soñaba con hacerle un gol a Racing y por suerte se me dio; estos partidos quedan en la memoria”, señaló el delantero que en la previa ya había pronosticado un 3-0 a favor del Rojo.
“Ahora tengo la confianza que tal vez antes no tenía”, reconoció el misionero, y señaló que “todo tiene que ver con el trabajo, con la madurez y con las ganas de superase”.
“Yo trato de crecer día a día y creo que aprendí mucho de cosas que me tocaron vivir”, expresó, aunque “son cosas personales que me las guardo para mí”. “Me pasaron cosas personales que me hicieron bien y otras que me hicieron mal, y supe aprender de esas cosas”, se sinceró.
“Ya no soy más el pibe que era antes; ahora soy una realidad”, tiró con toda la confianza del mundo, aunque reconoció que “me ayudó mucho tener más partidos como titular, porque antes quería resolver algunas situaciones y me confundía; hoy aprendo a tomar mejores decisiones”.
Topo, o Misio, como también se lo conoce en Avellaneda, marcó seis goles en los doce partidos que tiene en el Rojo desde la llegada de Pellegrino y registra un promedio de un gol cada dos partidos, cifra que contrasta claramente con los tres goles que había convertido en 53 partidos previos en Independiente.
Para el futbolista, hoy insustituible en el circuito ofensivo de Independiente, sea como carrilero, enganche, media punta o delantero, “ahora estoy cambiando murmullos por aplausos, que es algo que me propuse a principios de año”.
“La familia fue un pilar importante para estar viviendo este momento, sé quiénes estuvieron en las malas y quiénes en las buenas y sé a quién hay que escuchar cuando las cosas no salen como uno quiere”, manifestó.
Más allá del apoyo psicológico que todo ser humano necesita para sobreponerse a las adversidades, Martín sabe que también le cambió la suerte: “Las pelotas que antes no entraban ahora entran”, dijo.
“Todavía soy joven y sé todo lo que te puede dar el fútbol, me encantaría seguir por este camino y dejar algo en el club”, señaló, y se ilusionó con “ganar la Copa Sudamericana”. “Cuando uno hace bien las cosas, el resto viene solo”, subrayó.
Por último, y como no se cansa de recalcar en cada entrevista, se acordó de sus orígenes en la tierra colorada. “En estos momentos quiero recordar a Beto Gallardo y Ramón Martínez, que fueron mis primeros entrenadores en La Picada. Yo nací y me crié en Posadas y ojalá que cuando tenga 40, 45 años, pueda volver a vivir en Misiones”.

Fuente: El Territorio.

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