Nada nunca fue fácil en la vida de Fabián Romaszczuk (36). De chiquito afrontó problemas familiares que lo llevaron a escaparse de su casa y vivió en la calle, pero en el camino encontró buena gente y el atletismo fue una escuela de vida donde hizo amigos y consolidó las bases para su futuro.
En su mejor momento deportivo, cuando su nombre figuraba en la elite nacional y sudamericana, la enfermedad renal le truncó una carrera que proyectaba un destino profesional en Europa, tal como concretaron varios contemporáneos con los cuales competía de igual a igual.
Con 24 años y un enorme potencial tuvo que resignarse a dejar la competencia, un golpe anímico que para muchos hubiera sido devastador, aunque él levantó cabeza y reprogramó sus sueños. Así, volvió a Oberá para estudiar Educación Física.
“Terminé la carrera un poco a los tumbos porque ya sentía la falta de energía y concentración a causa de la enfermedad renal. Pensar que pasé de correr 28 o 30 kilómetros por día, a no poder caminar seis o siete cuadras sin descansar un poco en la época que entré en diálisis”, recordó.
Ya con el título de profesor bajo el brazo, comenzó a trabajar en escuelas y entrenaba atletismo en Los Helechos, de donde es oriundo. Hasta que llegó el momento del trasplante de riñón, un hito que cambió su vida para bien.
En diálogo con El Territorio, Romaszczuk recordó que “en agosto hizo un año del trasplante que significó un cambio rotundo, me llenó de energía y de ganas de hacer muchas cosas”.
Una vida en muchos corazones
También lo favoreció su carácter y formación atlética: “Durante el tratamiento de diálisis nunca me decaí. Además, la fortaleza y la disciplina que me dio el deporte me ayudó para manejarme en la alimentación y los horarios, por ejemplo”.
Su experiencia personal lo llevó a interesarse en la difusión de la importancia de la donación de órganos, al tiempo que reconoció que tuvo una cuota de suerte, ya que estuvo poco más de dos años en lista de espera y consiguió un donante.
“Hay gente que no consigue la compatibilidad durante años. Incluso, una vez que aparece un órgano se tienen que dar varias condiciones para estar apto al momento del trasplante”, explicó.
Si bien existen ciertas restricciones sobre la identidad del donante, Romaszczuk sabe que fue un joven misionero de 18 años, cuyos órganos sirvieron para ayudar a varias personas.
“Pasado un año se puede gestionar a través del Incucai (Instituto Nacional Central Único Coordinador de Ablación e Implante) la posibilidad de conocer a la familia, algo que quiero hacer. A los padres de mi donante les diría que su hijo vive en cada vida que salvó”, subrayó emocionado.
En tanto, siempre dispuesto a renovar desafíos, contó que le gustaría competir en los torneos para trasplantados, también una manera de honrar el recuerdo de su donante.
Agustín, el orgullo
Su experiencia como atleta de elite, su pasión por la disciplina y su título de profesor de educación física le otorgan muchas herramientas a la hora de calzarse el buzo de entrenador, una faceta donde ya comenzó a destacarse dirigiendo a Agustín Da Silva (17), quien este año se posicionó en el podio nacional de su categoría.
Y los dos tienen historias muy parecidas, provienen de hogares pobres y en su infancia padecieron todo tipo de carencias. Tal vez por eso se complementan tan bien, se entienden y estimulan mutuamente. Los dos conocen el lado triste de la vida.
“Agustín es un fenómeno como persona. Desde chico sufrió la pobreza y pasó muchas necesidades, desde nutricionales, pasando por la ropa y la vivienda. Pero su madre, con las dificultades que tiene, es una luchadora. Adora a sus hijos y los cuida muy bien. Incluso no falta a una reunión de padres, siendo que muchas otras que están muy bien no van nunca”, destacó.
Agustín trabajó desde chico y perdió un par de años de escuela, pero retomó los estudios a tiempo y va muy bien en el secundario. Sin ocultar su orgullo, el profe contó que pasó a tercer año sin llevarse ni una materia.
“Es muy bueno, respetuoso y educado. Disciplinado en el entrenamiento y tiene grandes condiciones deportivas. Llevándolo bien, estoy seguro que va a generar mucho para el deporte misionero”, agregó.
El deporte como derecho
Por sus antecedentes y capacidad, Romaszczuk estaría cerca de ocupar un cargo en el organigrama deportivo municipal, aunque él prefirió no anticiparse y que lo confirme el propio intendente Carlos Fernández, hecho que ocurriría en los próximos días cuando se oficialice la nómina de los directores de las diferentes dependencias de la comuna.
“El deporte es un derecho de todos. No tiene que tomarse como un sacrificio, sino como algo saludable que te hace bien de forma integral. El deporte permite canalizar problemas que uno tiene en la vida cotidiana, es preventivo de muchas enfermedades y sirve para el tratamiento de otras”, enfatizó.
Y dejó en claro su filosofía deportiva, desprovista de exitismo y muy cerca de la formación de las personas.
“Ser triunfalista te lleva a la mediocridad, porque al atleta que anda bien le exigís de más y al resto los discriminás, entonces por un lado te quedás sin atletas y a la vez desmotivás al que tiene condiciones. Finalmente, se termina en un deporte mediocre. Entonces lo ideal es que todos disfruten. El mayor triunfo es personal. Por ejemplo, hay gente que nunca corrió ni 500 metros y piensa que nunca podrá correr. Pero empieza de a poco, va logrando cosas y la autoestima se va a las nubes. Con el deporte todos obtienen mejoras personales”, remarcó el profesor que despierta orgullo en el Capital del Monte.
“El Gesto”, un retrato del juego limpio
Así tituló un artículo el diario La Capital de Mar del Plata, a finales del año 2002, destacando la actitud que tuvo Fabián Romaszcuzk durante una carrera en pista.
El texto dice: “El hecho sucedió en los 800 metros del Torneo Justo Román, cuando motivado por la dura lucha por las primeras colocaciones, uno de sus compañeros cayó en la pista. Fabián entonces se detuvo, observó el estado de su compañero, y al ver que estaba bien siguió su carrera para concluir, como es de suponer, alejado de sus verdaderas posibilidades, pero ratificando una vez más que lo más importante en el deporte es el juego limpio, y los resultados sólo una anécdota”.
Entre sus mayores logros deportivos se destacan el título Nacional y la medalla de Plata en el Sudamericano de Cross Country, de Asunción, Paraguay del 2003. Se impuso en innumerables carreras de calla y pista. En 2002 encabezó el ranking Argentino de 3.000 metros llanos, entre otros logros significativos.
Volver a vivir
A lo largo de su vida, Fabián Romaszczuk acumuló experiencias extremas que lo fortalecieron y obligaron a reinventar sus prioridades.
“Yo nací en Los Helechos y en mi casa siempre hubo muchos problemas, por eso a los 11 años ya me escapaba a Oberá. Acá fui lustrabotas, vivía en la calle y dormía en las plazas. Y la verdad que pasé muchas necesidades”, recordó.
En 1997 se mudó a Mar del Plata con una familia amiga y comenzó su carrera deportiva.
“Cuando fui a entrenar por primera vez no podían creer lo flaquito que era, ni músculos tenía”, contó tiempo atrás. Precisamente, por las carencias que padeció en la infancia, a los 15 años le detectaron el problema enfermedad renal que más tarde derivó en el trasplante.
“Por suerte encontré mucha gente buena. Gracias al atletismo aprendí mucho y siento que me quieren y me respetan. Pero nunca logré nada fácil, siempre me costó todo”, aseguró.
Fuente: Daniel Villamea, El Territorio.



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