
Detrás del camino del sueño cumplido de Jonathan Avellaneda por los Juegos Paralímpicos de Río 2016, su mamá Felicia contó el proceso de su hijo tras la amputación de una pierna y cómo la vida le dio revancha con el deporte (Foto El Territorio)
Pasaron 18 años de aquel día en que su vida dio un vuelco de 180 grados. Jonathan Avellaneda llegó a lo más alto de lo que un deportista puede aspirar: estar en un Juego Paralímpico y esa picadura de una yarará, a sus cuatro años, en Colonia Mado, hoy la siente como una anécdota para estar viviendo un momento único.
Pero claro, ese camino no fue fácil y tal vez esa historia servirá para que a otros chicos con alguna discapacidad puedan salir adelante apoyados por un entorno empático. En el caso del atleta misionero, especialista en salto en alto, su mamá Felicia Ortiz fue un pilar muy importante.
Justamente esa madre que juntaba las monedas para que él pudiera tomarse un colectivo e ir hasta Eldorado a entrenar, fue clave para que Jony encontrara en el deporte una salida a una niñez nada fácil tras la amputación de su pierna derecha y ese veneno vertido por la yarará no consumiera su corazón.
“El atletismo lo sacó adelante. De chico sentía que todos lo miraban y sufría, no quería salir pero un día el profe Leo (Ibarra) lo vio en la clase de Educación Física, lo llevó a los Evita y desde ahí se fue motivando cada vez más”, explicó muy emocionada Felicia sentada en el Estadio Olímpico “João Havelange” viendo a su ‘bebé’, el menor de siete hijos, el orgullo de esa madre que confió en que Jony daría el salto de su vida y lo hizo al terminar noveno con la mejor marca de su carrera: 1,71 metros.
La emoción de esa mujer trabajadora de la yerba de Colonia Mado que se tomó su primer avión y recorrió más de mil kilómetros para ver cumplir el sueño de su hijo se plasmó en los nervios, seguido de un llanto cargado de sentimientos.
“Me tomé un relajante”, dijo hace un poco más una semana en la previa al debut Paralímpico de Jonathan. A Felicia se la veía nerviosa, esperando entrar al estadio y una vez en él, ese ruido mágico del público rugiendo y aplaudiendo a los atletas fue mucho para esa madre que logró visualizar de cerca a su hijo y la emoción invadió su humanidad.
Es que las lágrimas brotaron y al grito de ‘Jony, Jony’, flameando la bandera Argentina, Felicia logró transmitir ternura y a quienes la rodeaban. Esa mamá que lo vio sufrir de niño, hoy lo veía disfrutar cumplir un sueño y esa conexión fue tan fuerte que pese a las miles de personas, Jonathan casi instintivamente, hizo algo que parecería imposible, visualizó a Felicia y sonrió por un instante, saliendo de esa concentración previa a su salto.
Su entrenador de Eldorado, José “Leo” Ibarra también presente junto a su familia, abrazó a Felicia y ambos crearon un clima único, ya que también fueron hacedores del camino que llevó a Jony desde su amada tierra roja, a decir presente en Río 2016.
“Nunca quiso dar lástima”
Los minutos pasaron y Felicia se fue relajando para dar paso al disfrute y también para recordar lo que pasó su hijo para poder estar hoy codeándose con los mejores atletas paralímpicos del planeta.
Y rememoró ese día en el que su pequeño de cuatro años fue a buscar mandarinas. “Como todo chico quería ir a comer mandarinas y fueron a buscar una planta con un compañero de la escuela y una de mis hijas. Cuando iban, él cayó en una zanja y ahí estaba la víbora. La hermana lo intentó sacar y él quedó paradito sin poder moverse, fue ahí que la yarará lo picó varias veces y le dejó mucho veneno”, recordó Felicia.
Tanto fue el veneno que esa serpiente vertió en su pierna derecha, que pese a los intentos de los médicos ya no pudieron salvarla y debieron amputarla.
“Él era muy chiquito y la víbora muy grande. Me llamaron para contarme lo que había pasado y después hasta me mostraron a la yarará y era gigante, tenía más de dos metros. Fue desesperante”, recuerda Felicia que con sus manos describe con el diámetro de lo que sería un melón mediano el tamaño de la cabeza del anfibio.
Es que Jony con su inocencia repetía que sólo había sido una ‘viborita’. “No pensó que era grande; el decía me pico una viborita, pero cuando yo la vi, casi me morí. Su hermana me contó que mientras ella estiraba sus brazos para sacarlo la serpiente se le arrollaba en su pierna y seguía picándolo”.
Los años posteriores no fueron sencillos. Un niño pequeño que corría, saltaba y hacía travesuras de pronto se vio sin una de sus piernas, algo traumático y un empezar de cero.
“No fue fácil; él no quería salir mucho pero nunca quiso que nadie le tenga lástima”, describió su mamá.
Tal vez esa entereza y sus condiciones natas para el deporte hicieron que ese niño reconstruyera su vida.
“Al principio él me decía ‘mami hoy no voy a ir a entrenar’ pero yo le decía andá porque veía que lo ayudaba. Y un día fue a los Juegos Evita, cuando estaba en la secundaria, y le cambió la vida. Hacía natación, jabalina, saltaba y en todos tuvo medalla”, rememoró.
Y agregó que “es nuestro orgullo. Yo luché mucho por él cuando nadie tenia fe. Mucha gente me decía que yo gastaba plata de ‘‘balde’ pero yo guardaba platita y le decía ‘papi andá a entrenar’ y él me respondía pero no tengo para mi pasaje y yo sacaba esa platita que escondía y le daba; yo tenia fe en él”, comentó mientras miraba a Jony saltar nada menos que en el Paralímpico y su ‘inversión’ ya estaba saldada. Hoy su hijo es un hombre de 22 años, sano, trabajador y representante argentino del atletismo adaptado.
Además, Jonathan hoy trabaja, es empleado de la empresa Familia Bercomat, en Eldorado, vive con un primo, entrena con la selección nacional y se desvive por retribuir a esa mamá que creyó en él. “Estamos haciendo nuestra casita y él nos ayuda con los materiales, es un chico bueno Jony”, sentenció esa madre aún con rastros en su rostro de las lágrimas de emoción que le generó ver a su hijo hacer lo que más le gusta.
La sorpresa
La prueba de salto siguió, Jonathan no logró saltar los 1,74 metros en los tres intentos, se llevó los aplausos y se fue para la zona de atletas tras quedar entre los mejores diez de los Paralímpicos.
La actividad en el Estadio Olímpico continuaba con emocionantes pruebas hasta que de pronto alguien tocó el hombro de Felicia. Fue su Jony, que vino hasta donde estaba ‘su hinchada’ y le dio un gran abrazo a su mamá a quién llama su “gran amor”.
El misionero no quiso dejar pasar el momento de compartir su felicidad con Felicia y su entrenador quienes retribuyeron el gesto con besos y abrazos. Claro, que su presencia no pasó desapercibida y la gente también pidió sacarse fotos con el representante argentino de salto en alto.
Humildad y sacrificio
Tras ese paso único por los Juegos Paralímpicos, Jony resaltó que “con humildad y sacrificio se llegan a muchas cosas. Representar a la Argentina en mi primer Juego y mejorar la marca es algo que no tiene precio. Ése era uno de los objetivos y si bien no se dio poder meterme entre los ocho mejores, estoy contento igual”.
Luego agregó que “en el primer salto estaba nervioso pero después es como que ya me liberé y por suerte logré disfrutar de toda la gente, del estadio y hay que estar ahí dentro para sentirlo, es algo que no tiene precio”.
Pero lejos de conformarse, Jonathan ya se visualiza lejos y señaló que “ahora vamos a mirar al mundial en Inglaterra el año próximo y ya ver más cerca a Tokio 2020, planear para estar en la final ahí o entre los tres primeros”.
Y para rematar y dando palabras de aliento para algún niño que esté atravesando un camino difícil como le tocó a él, resaltó que “la discapacidad no está en lo que lo físico sino en lo que uno puede creer; si crees que podés, lo vas a lograr”.
El perfil
22 años
Es oriundo de Colonia Mado. Entrena en Eldorado junto a José “Leo” Ibarra. Fue campeón nacional de los Juegos Evita y campeón Argentino T42, en salto en alto. En el 2015 fue 8º en los Juegos Panamericanos de Toronto y 9º en el Mundial de Qatar.
El 2016
En mayo de este año, fue medalla de plata en el Campeonato Abierto Caixa Loterías 2016 en el 7º Grand Prix IPC en el Estadio Olímpico de Río de Janeiro. En julio fue quinto en el Grand Prix de Berlín, Alemania, ante las potencias y el 9 de septiembre fue 9° en los Juegos Paralímpicos de Río 2016.
“Guardaba plata para que entrenara”
“Es nuestro orgullo. Yo luché mucho por él cuando nadie tenía fe. Mucha gente me decía que yo gastaba plata de balde pero yo guardaba platita y le decía ‘papi andá a entrenar’ y él me respondía ‘pero no tengo para mi pasaje’ y yo sacaba esa platita que escondía y le daba; yo tenia mucha fe en él”
Felicia Ortiz
Mamá de Jony Avellaneda
“El héroe es el equipo”
“Con humildad y sacrificio se llegan a muchas cosas. Representar a la Argentina en mi primer Juego Paralímpico y mejorar la marca es algo que no tiene precio. La discapacidad no está en lo lo físico sino en lo que uno puede creer; si creés que podés, lo vas a lograr”
Jonathan Avellaneda
Atleta Paralímpico
Fuente: Roxana Ramírez, enviada de El Territorio.



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