
Miguel Seró. Entrenador de la selección argentina femenina de rugby (Foto: César Lasso, El Territorio)
Feliz por el momento que atraviesa el elenco albiceleste que conduce y muy apasionado en cada palabra, el profe nacido en Oberá, destaca el espacio ganado por la mujer en un deporte históricamente centrado en hombres, pero que se fue acomodando a los tiempos que corren y ya no es una novedad sentir perfume bajo los palos H.
“La mujer de pronto se siente parte de un proyecto, trabaja en conjunto para lograr objetivos, con una integración social muy grande y tiene la posibilidad de compartir un tercer tiempo con uniones de otros clubes y hasta de otros países. Entonces, descubre valores internos que la ayudan como persona principalmente. Si después juega bien al rugby o no, es anecdótico prácticamente”, sostiene Seró.
El proceso que vivió el rugby para las damas en Argentina fue muy acelerado en los últimos años y de pasar a tener en el 2009 unas 150 rugbiers hoy el país cuenta con más de tres mil atletas que entrenan y sudan la camiseta en cada partido.
“Aumentamos mucho la cantidad de mujeres en poco tiempo y ni hablar cuando se vaya acercando la posibilidad de jugar un Juego Olímpico”, reconoce el misionero.
Justamente las palabras Juegos Olímpicos resuenan seguido en la charla, ya que con la cercanía de Río 2016, el rugby, en su modalidad de seven, vuelve a la mayor cita del deporte mundial tras un siglo de ausencia y Seró se aboca a la clasificación del seleccionado argentino que comanda. “Sería el máximo sueño”, acentuó.
¿Cuáles son las diferencias al trabajar con grupo de mujeres?
Fuimos aprendiendo en cuanto hacíamos las cosas. Yo tenía un poco de experiencia porque antes había trabajado en grupos de rugby femenino en Brasil, así que cuando me ofrecieron el desafío lo acepté y hoy siento que lo estamos haciendo muy bien.
El deporte es el mismo, siempre digo que cuando comienza el partido, el reglamento es el mismo para todos, se juega igual que el masculino. La diferencia se da en todo lo que es la previa, la enseñanza, la motivación, la comunicación y sobre todo en entendimiento de la historia deportiva de una mujer para poder interpretar el rugby.
Es un deporte que tiene un bagaje motriz muy grande. Si uno se pone a mirar un partido de rugby se da cuenta de que es mucho más completo que otros deportes. Se juega con las manos, con los pies, cambiás de dirección, saltás, corrés, recibís en el aire y tacleás. Hay un montón de componentes que por ahí en otros deportes son un poquito más limitados.
En Argentina el tema que estamos teniendo es que la mayoría comienza a jugar a los 14-15 años y empiezan, no de grande, pero con cierto desarrollo motriz. Y hoy a lo que apuntamos es que la nena empiece a jugar al rugby junto con los varones.
Por ahí se estigmatiza al rugby por tener un juego rudo para la mujer…
Sí, pero esa etapa está empezando a pasar. La gente que entiende de rugby sabe que se puede golpear como en cualquier otro deporte y los varones también se pueden lastimar. Justamente hay que trabajar en los procesos de enseñanza para que esa persona aprenda a taclear, a caerse, a no lesionarse; es parte del entrenamiento y del desafío como entrenador; es lo rico de esto.
Considero que la mujer a través del rugby descubrió una posibilidad de deporte lleno de valores que quizás en otros deportes no lo supieron brindar o ellas no lo supieron descubrir y por eso es que se está desarrollando tanto.
La mujer de pronto se siente parte de un proyecto, trabaja en conjunto para lograr objetivos, hay una integración social muy grande y tiene la posibilidad de compartir un tercer tiempo de otras uniones, de otros clubes hasta de otros países, entonces descubre valores internos que le van a ayudar a la mujer como persona principalmente. Si después juega bien al rugby o no, es anecdótico.
¿Cualquier mujer puede empezar a jugar al rubgy?
Sí, totalmente. Por ahí, como pasa en todos los deportes, una gimnasta, una nadadora, una jugadora de básquet, de fútbol, etcétera, se le crea el mito o el miedo de decir que va a ir tomando características masculinas y eso no es así. Lo que puedo decir es que en el altísimo rendimiento obviamente se van a ver deportistas de nivel mundial que tienen un cuerpo atlético con componentes diferentes a las que tiene una persona normal en la calle, pero porque entrena cinco horas al día, con una dieta balanceada, el descanso justo, pero no se masculiniza.
Lo que pasa es que hay que entender que las mujeres no solamente están en el rugby como jugadoras, sino de referí, como dirigentes, entrenadoras de rugby infantil y mayores, como preparadoras físicas y hay un montón de roles que cumple la mujer dentro del rugby que ya es normal.
¿Cómo es tener a Noelia Billerbeck como capitana?
La Cuchu descubre el rugby en el Profesorado de Educación Física, donde tuve la suerte de ser su profesor, y cada vez que teníamos rugby una vez por semana dos horitas yo le decía: ‘Billerbeck, usted tiene que hacer rugby’ y ella contestaba: ‘No, yo juego al básquet’. No quería saber nada y de golpe empezó ella a enseñar rugby, se fue entusiasmando con el deporte y prácticamente en dos años yo puedo asegurar que hoy es una de las jugadoras más completas de toda Sudamérica.
Y cuando digo completa me refiero ser humano y en su condición de capitana de Las Pumas. Y sin dudas su condición física y técnica hoy la hacen una jugadora que podría estar jugando en cualquier parte del mundo, pero por suerte se queda con nosotros (risas).
Por ahí todavía no se le da la magnitud de lo que significa ser la capitana de un seleccionado nacional que está reconocido por el Comité Olimpico Argentino, y que puede ser, si Dios quiere, una representante olímpica.
¿Todavía cuesta que los padres manden a las niñas a practicar rugby?
El reglamento nuevo es que las niñas pueden jugar mixto hasta los 12 años. Es más, está comprobado que las mujeres entre los 6 y 12 años maduran física y psicológicamente más rápido que el varón. Entonces que no tengan miedo las personas que quieran mandar a sus hijas a practicar el deporte.
Inclusive físicamente la nena está dos años por delante que el varón. Eso sí, después de los 12 años el chico hace su explosión hormonal, crece rápidamente, se desarrolla muy fuerte la capacidad en cuanto a fuerza y la nena de los 12 a los 16 que ya va cerrando su crecimiento, es mucho más lento.
Entonces sí, a partir de los 12 ya es conveniente separarlos.
En cuanto a la selección, ¿cómo vivís el momento actual de Las Pumas?
Estamos atravesando un muy buen momento con el equipo. En julio van a ser cuatro años desde que comenzamos a trabajar con la selección femenina.
Antes pertenecíamos al área de desarrollo y ahora van a hacer dos años que estamos dependiendo del área de alto rendimiento, que es la estructura en la que se encuentran los seleccionados masculinos y fue ahí que dimos un gran paso.
¿Cuáles son los próximo objetivos del equipo?
Desde junio se hacen las concentraciones nacionales, una por mes, hasta que empiecen las competencias en noviembre y en esas concentraciones, que las hacemos en el Cenard en Buenos Aires, tenemos dos objetivos; y obviamente es tratar de arrimarnos a Brasil, que es el campeón sudamericano de todas las fechas que se hicieron y también trabajar fuertemente pensando en los Juegos de Río de Janeiro.
Para esto, tenemos que llegar de la mejor manera al Sudamericano del 2015 y tratar de repetir lo mismo para clasificar a los JJ.OO. del 2016, que es nuestro sueño máximo.
¿Cómo fue tomar las riendas de un seleccionado?
En Argentina no teníamos nada armado en el rugby femenino cuando comenzamos. El trabajo fue iniciar desde cero, y hasta en el punto de vista institucional, porque antes era un grupo de chicas que querían jugar al rugby e iban golpeando puertas en los clubes para que les den un espacio y a partir de que la Unión Argentina de Rugby puso dentro de su programa de desarrollo al rugby femenino como un área importante de crecimiento, empezó a tener más apoyo de clubes de todo el país.
Inicialmente en el 2009 había 150 jugadoras, eran muy pocas. Y hoy podemos decir que en Argentina hay más de tres mil jugadoras, aumentamos mucho en poco tiempo y ni hablar cuando se vaya acercando la posibilidad de estar en un Juego Olímpico. Va a haber más difusión. Hoy vienen los medios a buscarnos para hablar del rugby femenino y antes íbamos nosotros para poder difundir; eso es un paso grande.
En lo local, Misiones logró el ascenso ¿cómo lo viviste?
Estamos muy contentos por cómo se ha iniciado este año. Se logró la clasificación con el (seleccionado) mayor gracias a un trabajo muy serio y planificado realmente. Se logró juntar el apoyo de todos los clubes de Misiones.
A la gente del interior todavía le cuesta mandar a un jugador de, por ejemplo, Iguazú, que debe viajar 300 kilómetros dos o tres veces por semana y eso deberíamos terminar de ordenar para los próximos seleccionados.
Pero muy contentos por el ascenso que estaba muy buscado. Misiones con la cantidad de jugadores que tiene no podíamos estar en ese nivel de juego. Nos merecíamos estar un pasito más arriba. Y esto se consiguió porque la gente logró abrir la cabeza y se hizo un trabajo en conjunto con todos los clubes, que se juntaron, dijeron ‘vamos a poner al rugby de Misiones donde tiene que estar’ y en el primer intento se logró.
El perfil
Miguel Seró
Nació en Oberá el 08/09/1961.
Se desempeña como entrenador del seleccionado argentino de rugby «Las Pumas». Se recibió en 1981 como Profesor de Educación Física en el Instituto Montoya. Fue entrenador del Liceo Naval Storni y de Capri y también dentro de la Unión Argentina de Rugby es Oficial Nacional de Desarrollo y Entrenador Nacional.
“Tengo miedo que el Cepard termine como el Polideportivo El Zaimán”
Un entendido en el tema, Miguel Seró, habló acerca del deporte de alto rendimiento y tuvo párrafos para el proyecto -que espera que no se desvanezca- que tuvo su hermano León Seró, fallecido en el 2010 en la Tragedia del Paraná, en lo que es el Centro Provincial de Alto Rendimiento Deportivo (Cepard).
«Hay que entender que un Centro de Alto Rendimiento tiene que tener una estructura y los recursos humanos especializados para trabajar en esa área. Si no se transforma en un polideportivo, y son cosas totalmente diferentes. Hasta ahora del proyecto original, que lo conozco bien porque es de mi hermano, no veo nada».
¿Qué está faltando para que funcione como estaba el proyecto?
Esperemos que empiecen a aparecer el gabinete médico, nutricional, químico, el gimnasio multidisciplinar. Además, no hay que hacer instalaciones para deportes. Hay que hacer instalaciones para que el atleta venga, sea evaluado y que después vaya a práctica a su club, no hay que hacer canchas ese es el primer grave error para mi criterio.
Si después de toda la infraestructura de un Cepard se pueden agregar canchas… espectacular pero hay que priorizar. El tema es ver la forma de recibir a un atleta de Dos de Mayo que hace atletismo con 14 años, lo evalúo, me siento con el entrenador y le digo ‘mirá, hacé esto durante 30 días y volvelo a traer’ pero que vaya y entrene en su club. Nadie va a entrenar a un centro de alto rendimiento.
Yo, por ejemplo, concentro en el Cenard con el seleccionado y no tiene cancha de rugby. Entonces para qué me sirve… Justamente, para concentrar al equipo, evaluarlo en el departamento médico-fisiológico donde analizan a las chicas, hablar con ellas y eso es para que las jugadoras puedan mejorar su rendimiento, pero ¿dónde entrenan?… en el club.
Ojalá esto empiece a funcionar como debe ser porque tengo miedo que esto empiece a funcionar como un polideportivo como en su momento fue El Zaimán y que hoy está casi sin uso. Ese es mi temor.
Además, los entrenadores en Misiones deben estar ansiosos que eso funcione y puedan traer a sus talentos, que sean evaluados, luego el Cepard conecte a este atleta con el Cenard y pueda tener acceso a la elite. Esa es la función. Lo local, lo provincial y lo nacional.
Para finalizar, ¿cómo ves al deporte en Misiones?
Sería imprudente hablar de otros deportes porque tendría que interiorizarme más. Lo que sí veo es que hay pocas competencias en general para el semillero y eso me preocupa. Se le da más importancia a otros niveles de categoría. Se ve poco trabajo en lo que realmente tenemos que atacar, que es al niño a través del deporte para educar.
Nos estamos olvidando de usar el deporte en los chicos como un medio de educación. Un chico que va a jugar a lo que sea a un club es como que vaya a una escuela, porque el profesor estoy seguro que emplea un deporte no para que vaya a ser un campeón del mundo y sea un millonario, sino para poder educar a través de una disciplina.
La escuelita de vida se hace desde los infantiles y después si puede crecer más que vaya hasta donde pueda, pero se le mete mucha energía a traslado, a torneos nacionales, y de niveles que por ahí son más recreativos, y no en tener un trabajo fuerte en las bases. Eso está pasando en muchos deportes.
Fuente: Roxana Ramírez
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