Fabián Galeano: “Después del rugby, vino el rugby”

Fabián Galeano, un referente del rugby misionero (Foto El Territorio)

Fabián Galeano, un referente del rugby misionero (Foto El Territorio)

Ser un referente no debe ser una tarea fácil de llevar, mucho menos cuando atrás vienen nuevas generaciones, esperanzadas en llegar a ser, o, como reza la historia, superar al maestro.
Por eso Fabián “Papa” Galeano toma con cuidado el rol que se ganó con más de 25 años dentro de canchas de rugby, ya sea en su querido “Rowing, aunque ahora es CAPRI”, o en canchas de otros continentes.
Su historia empezó hace mucho y, con la certeza de él mismo, terminó hace poco. Esa certeza se trae al presente porque Papa, como lo llaman en el club de Villa Cabello, pegó una vuelta inesperada en 2014, pero asegura que fue “sólo para darle una mano al club”.
“Para nosotros siempre va a ser Rowing, pero la realidad dice que hoy por hoy es CAPRI. Muchos de los que terminaron jugando conmigo, o los entrené o los vi nacer en este club”, contó Galeano, que se tomó unos minutos para ir al ‘patio de su casa’, la cancha de rugby en el CAPRI.

“Empecé con 15 años, tengo 43, pero ya no sigo jugando. Sigo en el club, como siempre…pero ya no está la posibilidad de volver a jugar”, afirmó en una de sus primeras frases, con angustia, pero también con recuerdos que todavía viven.

Volver una vez sí, dos no
Si volvió una vez, ¿por qué no dos?, es la pregunta que sobrevuela la charla. “Esto es como un vicio para mí. En ese momento (cuando volvió por dos partidos) se jugaba para no descender y había gente que no estaba jugando y por pedido mío volvió”.
Entonces, ya fuera de la práctica pero todavía (y por mucho) dentro del club, Fabián no dudó al responder ¿qué fue de su vida después del rugby?
“Después del rugby, vino el rugby. Aparte de trabajar, lo único que hago es venir al club y dar una mano”.
“Este año di un paso al costado en la dirección técnica de los chicos porque tienen que tener otra mano que los guíe”, continuó.
El deporte, para quien lo toma como una forma de vida, es una práctica que excede edades, que encuentra nuevos desafíos y que siempre llama. “Se hace difícil no jugar, no entrenar. Pero estoy viniendo los martes y los jueves para dar una mano. Mi vida pasa en el club. Estoy conectado, soy un poco el utilero del club. Estoy siempre, no voy a irme nunca de acá”.
“A mí me pasó que perdí las ganas de ir al gimnasio porque me sacaba tiempo de familia, pero también me cansé de viajar. Yo jugué regionales 15 años y viajaba cada quince días. Te perdés días de la madre, cumpleaños y es todo un sacrificio que cuando tenés familia ya no pasa sólo por vos”, continuó.
En sus años de carrera, a Galeano se lo vio siempre acompañado por su familia, que lo siguió en cada partido de local, así llueva, haga frío o calor.
“La familia es lo importante. Si tu familia no se banca que viajes y demás, se va a hacer muy complicado”, agradeció.
De igual manera, su rol de padre va conociendo aspectos de los niños actuales. “Este año voy a ver si lo puedo acompañar a mi hijo. Pero está con la computadora, es un niño 3.0”, bromeó con la vista fija en Sebastián, que se encuentra dando sus primeros pasos con la ovalada.
De igual manera, Fabián recuerda que el rugby apareció en su adolescencia: “Yo empecé a venir al club a los 14, 15 años y nunca más me fui”.
Esa frase ‘nunca más me fui’ tiene salvedades, como cuando fue a la lejana Australia para continuar haciendo lo que más le gusta.
Por eso su voz es autorizada a la hora de pronosticar un posible aumento de nombres misioneros en las grandes competencias del rugby mundial.
Lejos del pesimismo, se esperanza con esa posiblidad. “Es posible que los chicos se vayan, pero también deben tener suerte para que los vean. Yo tuve la suerte de tener un amigo que estaba en Australia, que era amigo de un dirigente y eso estuvo a favor mío para que llegue”.
“En Misiones el rugby está muy complicado. Hubiera sido bueno que el ascenso que se consiguió el año pasado se hubiera mantenido, ahí estaríamos hablando de otras cosas”, expresó en referencia a la pérdida del cupo de Misiones a la zona Ascenso, que se dio en el escritorio y por cuestiones burocráticas.
“Los chicos que tienen buen tamaño o buena preparación piensan en irse, sólo en eso. Nosotros soñamos con que siempre jueguen con esta camiseta”, se lamentó.

Competencias para pocos
“Para que el rugby esté bien en Misiones hay que trabajar mucho en las divisiones menores. Hay competencias en 15, 16 años, pero cuando se llega a los 17 o 18, que son las categorías que nutren a las primeras, los clubes quedan sin equipo, se desarman. Hablo por mi equipo, creo que es el único que tiene todas las divisiones menores en competencia”, explicó, al tiempo que detalló que “el año pasado me tocó dirigir las divisiones menores y de golpe nos quedamos sin rivales. No tienen competencia y eso complica mucho para seguir creciendo”.
Su vida tiene forma ovalada. Sabe Galeano que giró en torno al Rowing (o Capri), que allí pasó la mayor parte de su tiempo, que crió a sus dos hijos dentro de ese club y que, por cuestiones lógicas, resulta imposible sacarlo de ese contexto.
“Hubiera sido difícil vivir sin el rugby. Esto es un camino que uno tiene que tomar, una forma de vida que se elije y no se suelta”, contó.
Tan cerca del club pasó su vida que, entre una de sus tantas anécdotas o historias, tiene a “los hermanos Tejedor. Los vi nacer, jugamos juntos y terminé mi carrera abrazado a ellos”.

La misión de los referentes
“Hoy está difícil encontrar un referente. Están los hermanos Romero, que uno sigue jugando y otro se está recuperando de una lesión, pero es difícil ver y marcarlo como referente. Pero creo que van a surgir. Está Sebastián Falero, que es un chico que quiere jugar, pero no habla, se divierte jugando”, buscó, sin éxito, a su sucesor y al de Oso Esteche, uno de sus compañeros y con quien se retiró en el mismo partido.
Por último, quedó tiempo para que Papa resalte lo que cree más importante en su carrera, como también la deuda pendiente.
“Me quedó la espina de no haber ganado el Regional, pero como mayor logro pongo al hecho de haber jugado en un seleccionado nacional. Me llegó a los 29 años y eso hoy por hoy es casi imposible, porque se buscan valores desde chicos”, concluyó.

Fuente: Emiliano Andreoli, El Territorio.

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