Desde muy pequeño logró destacarse en el tenis, pero el abrupto e impensado final cortó la posibilidad de tener potencialmente a un tenista de élite, pues contaba con condiciones naturales que lo hacía destacar del resto.
Lo hacía todo fácil y con un “toque” simplificaba cualquier situación, además llamaba poderosamente la atención el preciso juego de base y la paciencia de un veterano para saber esperar el momento preciso para atacar.
Era puro talento y tenacidad, pues jamás daba por perdido ningún punto y eso indicaba que estaba preparado para cosas mayores. Pasaron y seguramente pasarán numerosos tenistas destacados, pero el nombre de Gonzalo Boldú parece no encontrar paralelo y su figura a medida que transcurren los años se agiganta cada vez más. En su corta pero exitosa carrera Gonzalo Boldú dejó triunfos memorables para el tenis misionero.
Nació el 16 de abril de 1977 y a los siete años ya clasificó para el primer argentino.
Doblemente campeón
A los diez años, en junio de 1987, se consagró campeón nacional para menores al derrotar a Rodrigo Cerdera (San Juan) por un doble 6-4, y en dobles con Sebastián Garat (Corrientes) le ganaron a Cerdera-Matías Cornejo por 6-4 y 6-4 y consiguió un doblete nacional.
Ese año, en 1987, fue distinguido en Apóstoles, durante la cuarta edición de los recordados premios Rosamonte, como “la promesa del tenis misionero” y recibió el galardón en manos del más grande exponente de nuestro deporte: Ernesto “Finito” Gehrmann.
Ese año Gonzalo ya tenía en su haber más de 35 trofeos, producto de 38 partidos y un récord de 37 triunfos, lo que reflejaba el potencial en esa disciplina. En Resistencia (Chaco), se había coronado por novena vez campeón zonal y así se ganaba el derecho de disputar el Nacional de Córdoba, donde también logró el título, esta vez con el misionero Fabián Cardozo, ganó la final a Rosario por 2-1, en semifinales a Santa Fe 2-1 y en cuartos de final a Neuquén 3-0.
Al año siguiente el tenista Alberto Mancini, quien luego fue capitán de la Copa Davis, se llevó el “oro” de Rosamonte, y Gonzalo Boldú la estatuilla del tenista infantil más destacado de la terna.
La plaqueta del adiós para Gonzalo
El 7 de octubre de 1990 recibió el último y más emotivo aplauso, cuando en las instalaciones de su querido club, Itapúa Tennis Club, organizó el Master Nacional y en la ceremonia, estilo Copa Davis, Gonzalo Boldú recibió una plaqueta en manos del presidente de la Federación Misionera de Tenis, el contador Daniel Mengoni.
Ya por ese entonces se sentía su ausencia, pues el 25 de mayo de 1990 había viajado a Córdoba para disputar el partido más difícil de su vida, y con apenas 13 años se le detectó un tumor cerebral y debía ser atendido por especialistas.
Fue operado y luego de 75 días de internación regresó a Misiones para su recuperación junto a sus seres queridos, y por sobre todas las cosas más cerca de sus afectos, los amigos del colegio, del tenis y de los courts, donde se sentía más que feliz.
Justo en el cumple de “Gabi”
Por esas paradojas del destino falleció el 16 de mayo de 1992, justo el día del cumpleaños de su máxima ídola: Gabriela Sabatini.
Indudablemente nos dejó con la ilusión de verlo entre los grandes, por eso su diminuta figura se agiganta con el tiempo cada vez más y nos queda el recuerdo de una de las promesas más brillantes que tuvo el tenis misionero.
Fuente: Julio López, Primera Edición.



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