El sueño americano de Manuel Belda

El sueño americano de Manuel BeldaEl deporte abre puertas, a veces impensadas, que pueden llevar a cumplir esos sueños que sólo los vivimos al tocar la cabeza con la almohada. Para el posadeño Manuel Belda, una raqueta de tenis, una mentalidad ganadora y una familia de hierro lo llevaron a estar hoy en los Estados Unidos proyectando un futuro mejor.
“Sé que es el camino correcto; di todo, tengo el placer y soy afortunado de hacer lo que me gusta”, reflexiona un Manu tranquilo, sentado en un sillón, en un impasse en el que vino a llenarse de cariño con su familia para retornar al Norte.
Pero para llegar acá, el camino no fue fácil. Como todo tenista, los viajes, los entrenamientos, estar lejos de casa y estudiar a la par fueron su rutina diaria, algo difícil de soportar sobre todo en la adolescencia, pero Manu se mantuvo firme en sus metas y salió adelante.
Hoy, con 20 años y después de aquellos gritos de niño al costado de la cancha del Itapúa que tanto “cansaron” a Rubén “Pilín” Blanchard y que lo dejó jugar, la vida lo llevó a la Universidad de Alabama, donde se desempeña como jugador y estudiante de la carrera de Empresas.
“El tenis no me gustaba, hacía fútbol y básquetbol, pero después iba al club y veía jugar a los chicos y quería entrar, entonces gritaba desde el costado de la cancha o me colgaba de la red, me ‘comía’ un par de pelotazos, también”, recuerda entre risas Belda, que de tanto insistir, logró que el entrenador Blanchard le diera una chance si pasaba un “test”.
“La prueba consistía en ganarle a Jésica Brys, que era más grande que yo, ¡y lo hice!. Recién ahí me dejó jugar, comencé a entrenar y no paré más”, señala el posadeño.
Desde ese momento, la carrera de Manu fue en ascenso. A los 10 años ya comenzó a viajar y jugar torneos, a los 14 hizo su primera gira afuera del país y a los 16 se fue solo a vivir a Buenos Aires y Chaco para entrenar.
“Nada fácil es estar solo, pero en ese momento ya sabía lo que quería. Me iba a jugar, todos los fines de semana afuera, volvía, armábamos otra vez la gira, según como me iba ya tenía otra viaje, y a todo esto entresemana estudiaba; era mucho, pero era lo que quería, si se puede dejar como ejemplo es que se puede”, rescata Manu, un joven con los pies sobre la tierra que no pierde la humildad.
Producto de mucho esfuerzo, se considera talentoso pero sobre todo trabajador, ya que a los 16 años logró estar entre los mejores del país y fue 180º del mundo del ranking ITF Junior, puesto nada despreciable teniendo en cuenta que todos los mejores tuvieron que pasar este proceso de juveniles para estar hoy en la cima del ATP.

Una lesión y un impulso
Ante la pregunta de si alguna vez pensó en dejar el tenis, no lo duda: “Sí, el 2009 fue un punto de inflexión, con una lesión por hernia de disco tuve que parar un tiempo y no sabía cuál era mi futuro. Después fui al doctor y le pregunté si podía, y ni él sabía exactamente”, destacó, pero la rehabilitación dio en “la tecla” y Manu volvió con todo al tenis.
“Para mí fue un antes y un después, si no me reponía de esa lesión mentalmente ahí terminaba todo, pero fue al contrario, me motivó, busqué otros rumbos, me moví y logré la beca en los Estados Unidos”, reflexionó Manu, que en Argentina trabaja con Fernando Damus como entrenador.

¿Cómo nació la propuesta de irte a Estados Unidos?
La idea de irme empezó a principios del 2011. Y la propuesta de una beca fue en febrero de ese mismo año, de parte del coach del equipo de tenis de la Universidad de Carolina del Norte de Wilmington (UNCW). Me ofrecieron todo, una beca completa, y entonces acepté. La universidad estaba entre las mejores 40 del país en tenis. Era una muy buena propuesta ahora, en mi segundo año estuve en Alabama, otra universidad de las mejores.

¿Cómo es vivir allá?
La verdad es que los atletas, a diferencia de cualquier otro estudiante, tenemos la vida organizada. Nos dan nuestros horarios de clases, de estudio, de entrenamiento, para ir a comer, etcétera. En síntesis, nos dicen qué tenemos que hacer, cómo, dónde y cuándo. Estudio por la mañana y entreno a la tarde. Nosotros tenemos que ir y rendir, nada más”.
Después está el día a día con el equipo. Hay 12 jugadores, y yo soy el único sudamericano del equipo. El resto son todos europeos y un sudafricano. Entonces somos como un combo de extranjeros hablando inglés, todos con costumbres diferentes uno del otro.

¿Qué se extraña más?
Y… la familia. Extraño los asados del domingo, la comida de mi mamá, jugar a la playstation con mi hermano.

¿Cuáles son los cambios mayores?
Creo que la cultura y las costumbres son los principales cambios. Ahora que ya me radiqué en Estados Unidos, tengo que adaptarme a muchas cosas. Lo que más me cuesta es entender a la sociedad, la manera de pensar o tendencias que tienen acerca de ellos como país o cómo son vistos por el resto del mundo. Ni siquiera el tema del inglés, el tenis o los estudios me ha costado.
Y por otro lado, también el hecho de haberme transferido de una universidad a otra. Estuve el primer semestre en UNCW (en Carolina del Norte) y ahora el segundo en USA (Alabama). La gente del Sur es diferente al resto de los Estados Unidos. Acá en Alabama se hace referencia acerca de la hospitalidad del sureño, como que la gente te recibe con las manos abiertas.

¿Cuáles son las metas deportivas y profesionales? ¿Sentís que podés jugar al tenis y llevar a la par una carrera deportiva?
Creo darle a la Universidad lo mejor de mí día a día. En lo profesional la idea es tener un título y un postgrado. Y en lo deportivo, me gustaría jugar los nacionales (NCAA), ya que están las mejores universidades y jugadores y poder llegar lo más lejos posible. Eso sería único.
Llevar el deporte y la carrera es posible; acá en la universidad hay jugadores de nivel ATP que después se insertan como profesionales, como John Isner. La universidad te brinda la posibilidad de que sigas con tu carrera deportiva y a la vez tengas un título.

¿Si no fuera por el deporte, creés que podrías estar atravesando hoy esta etapa?
Si no fuera por el tenis sería imposible obtener la beca, es muy costosa e insostenible de costear para una familia.

¿Qué te dio el deporte y qué te sacó?
Me dio disciplina en la vida, constancia y por ejemplo no tuve fiesta de graduación, pero me dio otros valores que me sirven día a día.

¿Quién fue clave en tu carrera?
Pilín Blanchard. Él tuvo a los mejores tenistas de Misiones, sacó y pulió a los mejores, si pasaste por él tenés que ser bueno.

¿Qué significó para vos la carrera de Chucho Acasuso y Diego Hartfield?
Cuando pasé por todo eso (viajes, cansancio, alegría y decepciones) supe lo difícil que era llegar a ser como ellos. Muchos lo cuestionan a Chucho por su forma de ser, pero jugó dos finales de Copa Davis, estuvo entre los mejores del ranking. ¿Qué más se le puede pedir? Y Diego jugando de igual a igual a Federer, otro gran abanderado misionero.

¿Cómo te sentís ahora en tu juego?
Yo soy confiado, sé que con trabajo se le puede ganar a todos. Por ejemplo, ahora estoy entusiasmado en dobles, me gusta, en Estados Unidos juego con un británico y nadie nos pudo ganar.

¿Qué rol cumplió tu familia en este proceso de maduración deportiva?
El más importante, me bancaron todo, me apoyaron, eso es fundamental.
Ahí aparece Pinky -su mamá-, que resalta: “Fuimos los sponsors, los nutricionistas, porque iba con el tapper para que no comiera cualquier cosa, corríamos mucho atrás y cuando se lesionaba sufríamos todos con él, pero estamos tan orgullosos…”, dice.

¿Cómo te ves en el futuro?
No pienso mucho en eso, claro que me gustaría jugar un Grand Slam, pero si no ‘hago el click’ que hacen los profesionales seguiré creciendo en mi carrera, que también va a ser importante.

Fuente: Roxana Ramírez, territoriodigital.com

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