
Presente y futuro. Martha y Hugo ya formaron a Daniela y Alejandro. Antonella (con el número 11) será la próxima (Foto: Marcos Otaño, El Territorio)
Mucho menos se imaginaban que ese ida y vuelta los tendría juntos afuera de la cancha, aunque la competencia lo llevó a enfrentarse en muchas oportunidades, que seguirán sumándose a medida que el tiempo pase.
Hoy ya no son aquellos jóvenes que buscaban progresar cada uno por su lado, hoy se muestran como una pareja que cuenta con tres hijos, que por supuesto son también jugadores de vóley, ese deporte que a Martha Prieto y a Hugo Cardozo los juntó y los mantiene unidos.
En el medio, Daniela (17 años) y Alejandro (16) son el presente del deporte familiar, mientras que Antonella (6) aparece como el inmediato futuro.
Para Martha, el Club Unión significó su primer encuentro con el vóley y también la primera vista con Hugo, su compañero poco tiempo después. “Comencé a entrenar justamente con Hugo, en el Club Unión. Unos meses después me vine al Hucarán y me encontré con él. De esto hace ya 24 años” cuenta y aclara la prohibición de sacar cálculos en cuanto a los años, siempre en tono de broma.
“Arranqué como jugadora del equipo de Brujas y en ese entonces era una pequeña escuela. Nos dimos cuenta rápido de que teníamos que formar jugadores”, continuó.
Hugo, por su parte, contó que “empecé ya de grande. Jugaba en Racing de Posadas al fútbol y me llamaron para jugar en Primera. Fui a la presentación, que era a las 19 y yo llegué 18.30, vi que estaban jugando al vóley y me interesó. Le pregunté al entrenador si podía probar y me dijo que sí. Nunca más jugué al fútbol”.
Como la finalidad de la nota era conocer los pormenores de una familia que vive para el deporte, el tema Martha apareció rápidamente en la charla. No sin emoción, el actual entrenador de las Brujitas afirmó: “Creo que las cosas se van dando. Sin querer encontré a una persona que me acompañó con el voley y ya vamos muchos años trabajando. Voy a seguir muchísimo más, seguramente tendré mis idas y vueltas, pero hasta que el cuerpo me lo permita voy a hacer esto”.
La señora de la familia fue la encargada de los detalles a la hora de contar su historia. No olvidó el año que vivieron en Buenos Aires, donde definitivamente comenzaron su vida juntos, con el vóley de por medio, pero con un lazo sentimental que los juntó. “La pasión por el vóley hace que uno se haga tiempo para poder seguir adelante con esto. Hace 18 años estuvimos un año en Buenos Aires y ahí comenzamos nuestra vida juntos. Fuimos entrenadores en Capital, yo entrenaba a chicas de Fuerte Apache y me trataban como una más sin ningún problema. Mientras tanto Hugo jugaba en un equipo en Morón y no dejamos nunca el vóley. Cuando regresamos había gente que nos estaba esperando para continuar con las prácticas y eso fue algo realmente muy lindo”.
“Cuando volvimos comenzamos nuevamente nuestra vida deportiva en Misiones, pero ahora con una bebé que es Daniela”, siguió. La rutina de la familia los fue obligando de a poco a ir dejando de jugar, pero nunca los empujó a dejar de ser entrenadores. Es más, el crecimiento de los hijos los alentó para darle continuidad a la Escuela de Vóley Brujas. “Al comenzar nuestros hijos a competir, a sus 8 ó 9 años, uno va dejando la parte individual para dedicarse de lleno a los hijos”, explicó la madre.
El padre no fue muy lejos y se animó a contar los pormenores de tener a su hija dentro del equipo: “Dirigir a una hija no es fácil, más con Daniela que tiene un carácter muy fuerte y se complica a veces. Como sos el papá, los chicos creen que tienen otros derechos, pero es un lindo desafío. Me enorgullece poder hacerlo, porque tengo otros amigos entrenadores que por ahí traían a sus hijos a entrenar conmigo porque no podían. En definitiva ayuda en la relación padre-hijo”.
Brujas versus Brujitas
Martha, dedicada de lleno al entrenamiento del grupo de elite del vóley misionero, por un lado. Hugo, el encargado de formar desde pequeñas a las chicas, por el otro. Hoy, la actualidad tiene a estos dos equipos en la A de la liga posadeña, por lo tanto deben verse las caras en varias oportunidades.
Con gestos, risas burlonas y nervios, cada uno vive su partido como si enfrente estuviera un extraño, pero el saludo post partido ejemplifica todo lo que pasa realmente.
“En muchas oportunidades nos tocó que él tenía que dirigir desde un lugar y yo desde otro. Hay una lucha deportiva que se vuelve muy interesante. Hay una rivalidad tremenda, yo creo que uno siempre quiere ganar y si bien ahora yo entreno a las Brujas y él a las Brujitas, mi equipo todavía tiene una ventaja física, pero no dudo en que las más chicas van a llegar a ganarle y cuando eso pase va a estar muy parejo todo”, expresó Martha.
Hugo fue más cauto. Sabe que tiene mucha materia prima como para hacerle frente a las temidas Brujas, pero va despacio con las Brujitas. Respecto de esa rivalidad, fue claro en sus conceptos: “La competencia con ella es un orgullo. Trabajamos muchas horas con las chicas y jugar contra las Brujas es un incentivo. Yo voy a buscar a las chicas cada vez más chicas para poder ganarle a las Brujas y a Brown, que son nuestras materias pendientes. Va a llegar, estoy tranquilo porque sé que ya vamos a ganar esos partidos”, se esperanzó.
En el medio de esta relación marido-mujer, los hijos tienen un rol muy importante. Alejandro, con sólo 16 años, se muestra como uno de los representantes más completos dentro del vóley posadeño.
Daniela, al igual que su hermano, es una de las piezas fundamentales en el equipo que dirige su padre y Antonella está siempre firme en el Club Huracán.
Fuente: Emiliano Andreoli, [email protected]




1 comentario
Linda nota. Ejemplo viviente de cómo el deporte puede unir a las personas, y en este caso puntual a toda una familia. Felicitaciones familia!!